El mito de la “maternidad feliz”: por qué la presión emocional en el embarazo pone en riesgo a la madre y al bebé

La liberación sostenida de sustancias relacionadas con la angustia puede modificar la circulación, la frecuencia cardíaca y la respiración materna, generando alteraciones bioquímicas que influyen en el crecimiento y el bienestar del bebé

El psiquiatra Mateo Benítez, director de la División de Orientación Universitaria de la Universidad Fucs se refirió a la percepción cultural de la maternidad y la presión asociada a la búsqueda de una felicidad constante durante esta etapa - crédito Infobae Colombia
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La salud mental en el embarazo no solo afecta a la madre, sino el desarrollo del bebé, según especialistas consultados por Infobae Colombia y estudios difundidos en el territorio nacional se reportan prevalencias altas de depresión y ansiedad gestacional.

La Revista Colombiana de Psiquiatría informó que la depresión gestacional tiene un promedio de 57,22% y la ansiedad, de 46,98%, mientras la Revista Portales Médicos reportó 59% de depresión en la población evaluada.

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Según explicó a Infobae Colombia el médico psiquiatra Mateo Benítez, director de la División de Orientación Universitaria de la Universidad Fucs, esos cuadros pueden alterar el desarrollo del feto.

El especialista planteó que la atención del embarazo no puede limitarse a los cambios físicos: “Tenemos que tener presente que como seres humanos tenemos una integración biopsicosocial, lo que quiere decir que las situaciones que afectan el estado de ánimo también repercuten en el desarrollo del embarazo”.

Una mujer embarazada con camiseta marrón y jeans llora sentada en un sillón, cubriéndose la frente con la mano. Un hombre con traje escribe en un portapapeles.
La depresión y la ansiedad durante la gestación alteran el desarrollo del bebé, por lo que el acompañamiento psicológico es indispensable en esta etapa - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Cómo la ansiedad y el estrés pueden afectar al feto

El psiquiatra agregó que ese impacto es bidireccional: “Cuadros de ansiedad o cuadros de depresión o situaciones de gran estrés que se generen en el día a día también van a alterar el desarrollo del feto. Quiere decir que el peso, el crecimiento del feto se van a ver alterados también por situaciones afectivas o emocionales”.

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Al explicar ese proceso, Benítez señaló que la angustia sostenida modifica respuestas corporales: “Cuando estamos en situaciones de gran angustia, de preocupación o de estrés, se liberan una serie de sustancias en el cuerpo. Estas cambian la forma en la que se redistribuye la sangre en el cuerpo, la manera en la que el corazón responde con aumento de la frecuencia cardíaca, la respiración cambia y todo esto genera alteraciones bioquímicas que terminan afectando el desarrollo del bebé”.

El experto también vinculó esas condiciones con el neurodesarrollo y con factores sociales más amplios: “Situaciones adversas, como violencia, situaciones de angustia o estrés también impactan negativamente a través del cortisol y la adrenalina, el neurodesarrollo”.

En la entrevista, el especialista mencionó que las “Situaciones adversas como pobreza, violencia de cualquier tipo en las personas puede generar cambios en el ADN, como metilaciones, que es el nombre técnico que se utiliza, que pueden trascender hasta tres generaciones después”.

Señales de alerta para consultar

No solo existe el imaginario de que los embarazos deben ser felices, sino que hay otros mitos en torno a la gestación que generan carga emocional en las mujeres como la concepción de la familia ideal - crédito Infobae Colombia

La percepción cultural sobre una maternidad feliz en todo momento aparece, para Benítez, como otro factor que agrava el problema: “Esa utopía de la felicidad en el embarazo termina siendo un mito que en muchas de las situaciones genera una carga adicional y una presión adicional a las mujeres”.

El psiquiatra describió la gestación como un periodo atravesado por cambios físicos, emocionales y sociales, entre los que se encuentran: “Preocupación, incertidumbre, miedos, la situación económica, la situación social son cosas que pueden cargar a la mujer”.

Para Benítez, la primera observación por parte del entorno debe partir de la comunicación verbal y no verbal: “Hay que prestar mucha atención cuando surjan dudas, sensaciones de minusvalía o de inutilidad, o cuando las madres manifiesten de pronto temor al desarrollo de su embarazo, temor a la crianza del hijo”.

Entre las alarmas tempranas mencionó ideas persistentes como: “Cuando aparezcan de pronto ideas de que no va a ser una buena mamá, cuando aparezcan las ideas de que quisiera de pronto dejar de lado el embarazo o cuando también piense que es una mala idea traer una persona a este mundo, son como primeras alarmas que nos indican que habrá que consultar”.

El especialista se refirió a cambios del sueño, del apetito y la tristeza constante entre las señales que ameritan atención. También mencionó episodios de angustia o pánico como motivos para buscar ayuda profesional.

Señales de alerta como ideas de quererse morir, dificultad para salir de la cama, alteraciones en el patrón del sueño, pérdida del interés y del placer en el desarrollo de algunas actividades que previamente generaban gusto, aislamiento y llanto fácil”, son indicadores aún más graves.

El especialista también advirtió sobre otros mitos, como la idea de una “familia ideal”, que puede añadir más carga emocional a las mujeres que atraviesan el proceso sin pareja.

Sin embargo, en el diálogo con Infobae Colombia insistió en que sentir cambios afectivos no equivale por sí solo a un trastorno: “Si bien es normal estar triste uno o dos días o estar angustiado en algún momento, cuando estos síntomas se prolongan o interfieren en las actividades del día a día, hay que consultar”.

Benítez pidió además reducir el estigma frente a la atención especializada: “Quienes consultan a los médicos psiquiatras y a los psicólogos no es porque tengan un trastorno psicótico”.

Del mismo modo, recordó que entre los problemas más frecuentes figuran la ansiedad, los trastornos del sueño, el consumo de sustancias, la depresión y las dificultades cotidianas con impacto funcional.

El entorno familiar, según el especialista, tiene un papel central para amortiguar esa carga: “La compañía de la familia y un entorno saludable de la sociedad permiten que las situaciones que generan dificultades en las personas embarazadas sean atenuadas”.

Y continuó: “Un entorno en el que se permita una escucha activa, un acompañamiento, una reciprocidad en cuanto al acompañamiento y sobre todo en la relación y en los vínculos que genera la mamá con las diferentes personas de su familia y del entorno puede hacer que la carga emocional disminuya durante el embarazo”.

Esa vigilancia también debe incorporarse a los controles prenatales, de acuerdo con el especialista de la Universidad Fucs: “Nosotros como personal de salud debemos estar obligados también a indagar sobre síntomas afectivos, alteraciones en el disfrute de las actividades del día a día, alteraciones en el patrón del sueño, en la alimentación, en el relacionamiento o el aislamiento”.

Además, señaló que la propia gestante y su familia deben comunicar esos cambios al médico para facilitar una atención oportuna.

El especialista reiteró que las señales se detectan con la escucha activa de la familia, la pareja y el entorno, junto con psicoeducación y apoyo psicosocial para ayudar a reducir la carga emocional - crédito Infobae Colombia

Lamentablemente, muchas madres no consultan a tiempo o se sienten culpables por no disfrutar el embarazo. Debido a esto, la psicóloga Luisa Fernanda Torres Arévalo, coordinadora del Servicio de Psicología del Hospital Universitario Infantil San José, indicó: “Muchas retrasan la búsqueda de ayuda por temor a ser juzgadas como malas madres o a que alguien cuestione su capacidad para cuidar a su hijo. La realidad es muy distinta: es posible amar profundamente a un bebé y, al mismo tiempo, atravesar una depresión o un trastorno de ansiedad. Reconocer estas emociones no significa debilidad, significa tener la oportunidad de recibir apoyo oportuno”.

Por esta razón, su consejo radica en expresar las emociones: “Si aparecen pensamientos de hacerse daño o de lastimar al bebé, se debe buscar atención médica inmediata, ya que constituye una urgencia en salud mental. Pedir ayuda a tiempo puede evitar complicaciones y mejorar significativamente el pronóstico”.

La experta dejó claros los siguientes puntos para que las madres y sus familias busquen apoyo frente a cualquier alarma:

  • Lo primero es entender que la salud mental forma parte de la salud integral. Así como nadie siente vergüenza por consultar por hipertensión o diabetes durante el embarazo, tampoco debería sentirla por hablar de ansiedad, tristeza o depresión.
  • Necesitamos cambiar la conversación social. No todas las mujeres viven el embarazo de la misma manera, y todas las experiencias son válidas.
  • Los profesionales de la salud también tenemos la responsabilidad de crear espacios seguros donde las mujeres puedan expresar sus emociones sin sentirse juzgadas.
  • Buscar ayuda psicológica no significa que una mujer sea débil ni que vaya a ser una mala madre. Al contrario, demuestra un acto de responsabilidad, amor propio y cuidado hacia su bebé.

La maternidad no exige perfección, necesita acompañamiento. Cuidar la salud mental durante el embarazo no solo mejora la calidad de vida de la madre, sino que también fortalece el desarrollo del bebé y el bienestar de toda la familia. Hablar de las emociones, pedir ayuda y recibir apoyo no es un signo de debilidad, sino una expresión de fortaleza y de cuidado responsable. Una madre emocionalmente acompañada tiene más posibilidades de construir un inicio de vida saludable para su hijo”, puntualizó Torres Arévalo.

Proyectos locales sobre depresión y ansiedad gestacional

La Revista Portales Médicos, en un estudio publicado en 2024, reportó una prevalencia de depresión de 59% en su muestra y señaló que 34% de las participantes presentaron depresión moderada, severa o grave.

Esa investigación añadió que aproximadamente una de cada cinco mujeres desarrolla algún trastorno de salud mental durante el embarazo, según el Instituto Nacional de la Salud Mental.

Ante este panorama, la psicóloga Alejandra Rodríguez Sarmiento, de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, vocera del proyecto conjunto con la Clínica Palermo Vínculo Afectivo, situó el problema en cifras que varían según la región y las condiciones de vida. En entrevista con Infobae Colombia, recordó que la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 2010 reportó en Colombia una prevalencia de 12,9%.

Sin embargo, ese dato depende de la región, y la psicóloga atribuyó esa dispersión a factores sociales, obstétricos y personales. Entre esos citó la edad, con mayor prevalencia en adolescentes.

Rodríguez también mencionó antecedentes de depresión antes del embarazo, complicaciones obstétricas, pobreza, conflicto de pareja, violencia intrafamiliar y soledad como aspectos que los médicos deben tener en cuenta en cada caso.

La psicóloga relacionó además la forma en que el sistema de salud maneja las complicaciones obstétricas con la experiencia emocional de la mujer. A su juicio, esa atención puede influir después en el riesgo de depresión posparto.

En medio de la conversación, Rodríguez cuestionó la idea de que la felicidad deba ser constante durante la gestación: “Hay una percepción general en términos de salud mental y es que siempre debemos estar felices. Es como que la felicidad debe ser el estado permanente y la verdad es que todos los estados emocionales son importantes: la tristeza, experimentar la rabia, el miedo, la felicidad, y parece que hay este mito de que la mujer debe estar feliz en el embarazo, que es inalcanzable; porque ni siquiera ese ser humano, en condiciones óptimas, siempre está feliz”.

Del mismo modo, la psicóloga defendió la legitimidad de emociones como tristeza, rabia o miedo: “Considerar que el embarazo siempre debe ser una etapa de felicidad incluso puede empeorar las sensaciones o el malestar que se puede estar teniendo”.

En su explicación, la especialista indicó que el embarazo es un momento de mayor contacto con la propia historia emocional y con la manera en que cada mujer fue vinculada en su infancia.

Desde esa mirada, el mito de la felicidad permanente retrasa la búsqueda de ayuda: “Yo creo que empeora la sintomatología y hace que se retrase el proceso de buscar ayuda, porque si no te permites contactar la emoción, pues ¿en qué momento vas a buscar ayuda para buscar soporte en estos momentos?”.

Rodríguez distinguió entre reacciones frecuentes y señales que apuntan a psicopatología: “La mujer en los últimos meses de embarazo está mucho más sensible y esta sensibilidad se refleja en una hipervigilancia un poco mayor”.

La alarma aparece cuando la tristeza persiste o aumenta, cuando hay llanto frecuente, insomnio o hipersomnia, o cuando surge anhedonia, que es la incapacidad de sentir placer. También alertó cuando la mujer siente que no puede cumplir con cuidados prenatales básicos como alimentarse bien, hacer ejercicio o tomar agua.

Al referirse al periodo posterior al parto, Rodríguez recordó que puede aparecer una tristeza asociada a cambios hormonales en los primeros 15 días. Si esa tristeza aumenta, el insomnio se mantiene, aparecen pensamientos de muerte o se deteriora el vínculo con el bebé, es importante buscar ayuda y evitar que el problema avance.

La especialista defendió la prevención incluso antes del embarazo, aunque reconoció las limitaciones de acceso: “Muchas veces nosotros nos preparamos físicamente para estar embarazadas (...) Pero psicológicamente esto va a ser un cambio muy grande y ese ejercicio, por ejemplo, no lo hacemos”.

En ese aspecto, la experta reconoció en el diálogo con Infobae Colombia que la salud mental “es un privilegio” para muchas personas, por lo que las instituciones deben atender este requerimiento con todas las madres que así lo deseen.

Aun así, consideró que la gestación sigue siendo una oportunidad de intervención: “Si durante el embarazo puedo darle atención a este factor psicológico, es un muy buen momento”, teniendo en cuenta que permite trabajar vínculos, revisar relaciones previas y ofrecer herramientas para el posparto y la crianza.

La psicóloga Alejandra Rodríguez Sarmiento, de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, expone el proyecto Vínculo Afectivo. Esta iniciativa, en colaboración con la Clínica Palermo, busca intervenir prenatalmente para promover el bienestar materno e infantil - crédito Infobae Colombia

En ese orden de ideas, según Rodríguez, nació la iniciativa Vínculo Afectivo de la Clínica Palermo junto con la Asociación Afecto, con participación de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz en investigación, un proyecto que busca identificar factores de riesgo en las últimas semanas de gestación y ofrecer psicoeducación o apoyo psicosocial a las gestantes.

Aunque ya se llevó a cabo la primera fase del proceso, para el segundo semestre de 2026 el objetivo es continuar la investigación y acompañar a las madres no solo antes del parto, sino en la primera consulta de neonatología, con nuevos instrumentos de evaluación y sondeos sobre su estado emocional.

”La investigación reporta que las mamitas que han tenido experiencias adversas tempranas en la infancia tienen una correlación con mayores síntomas de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático”, afirmó.

Rodríguez añadió que, a mayor número de experiencias adversas tempranas en la infancia, mayor probabilidad de psicopatología durante el embarazo. También señaló que, incluso, los hijos de madres con estrés crónico pueden puntuar más bajo en habilidades cognitivas y del lenguaje, y mostrar mayor reactividad emocional.

La psicóloga advirtió además un posible circuito intergeneracional, pues al contar con un psicopatología durante el embarazo puede aumentar la probabilidad de que su hijo también viva experiencias adversas tempranas en la infancia.

Frente a esa carga, Rodríguez defendió una responsabilidad compartida: “La diada madre-bebé debe ser cuidada por todo su entorno. Eso implica desde su pareja hasta su red de apoyo, como son sus padres y demás, como las mismas instituciones de salud que también deben protegerla”.

La psicóloga pidió que la evaluación rutinaria de salud mental sea parte de los controles prenatales: “Hay que creer que esto vale la pena, es decir, que el cuidado psicológico es tan importante como el cuidado físico”.

También reiteró la importancia de la formación para médicos, enfermeras e instituciones. Su planteamiento es que la atención prenatal y posnatal incluya apoyo psicosocial y que la mujer perciba ese espacio como un lugar seguro.

La especialista reiteró la importancia de la evaluación de la salud mental en los controles prenatales y posnatales para el cuidado integral de la madre - crédito Infobae Colombia

La importancia de la red de apoyo

La psicóloga clínica Lugarda Ballestas resumió el enfoque que, a su juicio, debe orientar esta etapa: “La mirada de la embarazada debe ser integral, es decir, su desarrollo físico propio del embarazo, el entorno social, el apoyo profesional, la red de apoyo”.

La especialista señaló que durante el embarazo hay cambios cerebrales y hormonales que pueden ayudar a explicar síntomas de ansiedad y depresión. Mencionó, entre otros elementos, modificaciones en estructuras como la amígdala y el hipocampo, junto con antecedentes personales y familiares, la edad, embarazos previos, pérdidas y problemas financieros.

La especialista también sumó preocupaciones sobre la imagen corporal, dudas sobre la maternidad y alteraciones del sueño como factores que pueden afectar el estado de ánimo de las mamás. Frente a eso, resaltó como protectores la alimentación, las rutinas de autocuidado, las actividades recreativas y la posibilidad de expresar emociones y dudas con personas de confianza.

Actualmente, las mujeres embarazadas son más consientes de la importancia de este tema. Una de ellas es Natalia Valencia, que decidió priorizar su salud mental en esta etapa e indicó la importancia de identificar señales de agotamiento, necesidad de reposo, cambios de actividad y la importancia del sueño para evitar irritabilidad: “Procuro escuchar mucho mi cuerpo”.

La mujer contó que en medio de su proceso de gestación no dejó de lado una rutina de ejercicio adaptada, práctica que le ha servido para la salud mental. También mencionó la pintura como una actividad que le permite concentrarse, disfrutar el momento y apartarse por un tiempo de otras preocupaciones.

En su caso, la red cercana resultó decisiva: “Aprender a hablar y a comunicar lo que uno está viviendo y sentirse escuchada, tener una red de apoyo ha sido vital para, para mí”.

La paciente destacó el papel de su familia como soporte emocional. También valoró salir a caminar, dispersar la mente, documentarse sobre las etapas del embarazo y usar herramientas como la respiración para manejar las emociones, lo que maneja de la mano de su médico.

Una mujer embarazada y una mujer adulta con gafas sentadas frente a frente. La mujer adulta señala un tablero con texto sobre manejo de emociones.
La salud mental en el embarazo es un aspecto clave para el neurodesarrollo del bebé - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

En el momento en el que aparecen sensaciones incómodas, dijo que procura no castigarse por sentirlas: “Para mí fue primero un tema de no sentirme mal por sentirlas y más bien de darles como ese espacio que requerían para que todo se restableciera”.

Así, los expertos, estudios y madres coinciden en que cuidar la salud mental de la gestante es fundamental para proteger su bienestar, el vínculo temprano con el bebé y el desarrollo de la infancia desde el embarazo.

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