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La realidad de la adicción en Colombia, historias de pérdida, recuperación y esperanza: “Una vida que valga la pena ser vivida”

Miles de personas en el país han probado el alcohol y otras sustancias piscoactivas. Otras miles han tenido un consumo abusivo o problemático de drogas y algunas han experimentado la adicción y cargado con las consecuencias. En diálogo con Infobae Colombia, dos adictos recuperados y un experto en piscología clínica dieron luces sobre la problemática y claves para abordarla

Manos intercambiando billetes y pastillas, una persona fumando, y un grupo de personas sentadas en círculo en una sala iluminada.
La atención psicológica de los consumidores de sustancias es clave para su recuperación. Reciben herramientas para enfrentar la adicción y recuperar el control de su vida - crédito Imagen Ilustrativa Infobae/VisualesIA ScribNews
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“Un día me desperté y no tenía qué consumir y vi mi realidad en pleno. Me vi ahí tirado, sucio, con un costalado de basura. Pensé en mi familia, ya tenía dos hijos, y pensé en quitarme la vida. Entonces, me fui a la Caracas a tirármele a un carro, pero no fui capaz”, confesó John Páez.

John es un adicto recuperado que duró 20 años de su vida consumiendo todo tipo de sustancias. Empezó muy joven, siendo apenas un adolescente de 14 años, y a los 33 años, logró abandonarlo por completo.

En su peor momento, la adicción lo llevó a vivir ocho meses en el Cartucho de Bogotá, una zona de tolerancia, muy peligrosa y temida, ubicada en el antiguo barrio Santa Inés, en el centro de la ciudad.

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Ese largo recorrido de consumo inició con el bazuco. Tenía un referente: su hermano mayor, que era consumidor de esa sustancia. “Quedé matriculado con el bazuco desde ese entonces. Logré funcionar un tiempo”, dijo John, que, además de haber vivido las consecuencias de la adicción en carne propia, ahora ayuda a personas con consumo problemático y dependiente a través de la Fundación Aprender a Vivir, la cual fundó hace más de dos décadas.

Pese a que por un tiempo pudo mantener el control de su vida, terminó perdiéndolo. Entró a la Policía Nacional y allí trabajó tres años, hasta que lo echaron. Tuvo muchos problemas, porque su adicción no le permitía respetar las normas ni a ninguna figura de autoridad. “Eso llevaba a que de todos lados me sacaran”, contó.

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Según cifras, ha disminuido el número de personas que consumen bazuco en Colombia, pero esto se debería, en gran medida, al fallecimiento de consumidores como consecuencia de afecciones adquiridas por la sustancia o por el entorno en el que se usa - crédito Jesús Aviles/Infobae
John fue adicto a la sustancias psicoactivas por varios años. Inició con el bazuco - crédito Jesús Aviles/Infobae

Su familia no salió ilesa. “Tuve tres hogares fallidos, un hijo en cada hogar”.

Durante tres meses estuvo en proceso de rehabilitación en una fundación, el cual pagó su hermana. Él la convenció de que ya estaba bien y permitió su salida; 20 días después, recayó. “Fue cuando terminé en el Cartucho”.

Un día en el que el suicidio llegó a pasar por su cabeza, decidió buscar a la mamá de su hija. Mintió al llegar a su casa: dijo que solo quería bañarse y comer algo. “Fue a comprar un pan para darme de comer. Cuando salió a comprar el pan, yo me eché el televisor al hombro y me lo llevé. Lo vendí y me vine por la Séptima con esa plata. En la 140 había unos cajeros y había un muchacho sacando plata. Esperé que saliera y lo atraqué”, detalló.

Con el dinero que hurtó, consiguió lo que necesitaba: “Compré bazuco, marihuana, cocaína y ron. Mezclé todo”. Tuvo dos microdesmayos, pero fue mucho más que eso; los “taquilleros” pensaron que iba a morir. Lo subieron a un taxi y, John, como pudo, pidió al conductor que lo llevara a la fundación en la que alguna vez intentó rehabilitarse.

En ese momento, tenía el rostro dormido y su condición de salud era delicada, además de que apenas pesaba 38 kilogramos. El director del lugar contactó a su hermana que vive en España, le informó que si no hacían algo, John probablemente moriría. “Mi hermana, ya cansada, le dijo: ‘Mire, cuando ese señor se muera, me llaman y yo mando para el entierro’. Y colgó”.

Las dos víctima serían miembros de una misma familia, según lo que informaron las autoridades que atendieron la diligencia en la zona de invasión de la localidad de San Cristóbal - crédito archivo Colprensa
La adicción pone a tambalear el sentido de responsabilidad y de cuidado de los consumidores, que llegan a cometer delitos en medio de su ansiedad por conseguir sustancias - crédito archivo Colprensa

“Ese fue mi fondo real, pienso yo, porque yo siempre la he querido mucho. Me puse a llorar, ahí sí me sentí solo”. En medio de su llanto, el director le dio una segunda oportunidad, esa que finalmente cambió su vida y le permitió recuperarse.

Alcohol, medicamentos y sustancias piscoactivas

El punto de partida de John fue el bazuco, una sustancia distinta a la que llevó a L., una mujer bogotana, a experimentar la adicción. En diálogo con Infobae Colombia, L. contó que desde muy pequeña supo lo que eran las bebidas alcohólicas y entendió los efectos que causaban porque tenía allegados con problemas de alcoholismo. “La adicción tiene un poco de parte ambiental y parte genética. A mí se me combinó todo”, dijo.

Poco a poco, empezó a tener acceso a bebidas con cierto contenido de alcohol. El control sobre el consumo lo perdió cuando entró a estudiar a la universidad, una etapa en la que ganó libertad y tenía todavía más acceso a las bebidas alcohólicas.

Tomaba todos los días, desde las 9: 00 a. m. o 10:00 a. m. empezaba a tomar. Tan pronto tuviera algún break entre clases”, detalló L. a este medio. El abuso en el consumo de alcohol empezó a afectar su vida diaria: dejó de asistir a algunas clases y de quedarse a dormir en su casa. Además, la relación con sus padres empezó a deteriorarse.

“Empecé a alejarme de mi familia, de mis amigos, de todo el mundo. Empecé como a aislarme y a involucrarme en relaciones tóxicas”, detalló.

Posteriormente, fue diagnosticada con depresión y bipolaridad y, como consecuencia, le suscribieron medicamentos psiquiátricos, pero generó una adicción a los fármacos que le fueron recetados, mientras su consumo de alcohol persistía. “Me volví adicta a esos medicamentos. Entonces, empecé a consumir más de la dosis que tenía que consumir. Era realmente muy difícil estar sobria”, dijo.

Licores Colombia
Desde pequeña, L. tuvo acceso al consumo de licor y generó una depedencia - crédito EFE

La relación con su familia se quebró completamente en ese punto y, en varias oportunidades, intentó quitarse la vida. Uno de esos intentos consistió en una sobredosis de medicamentos combinados con alcohol.

Solo recuerdo que cuando desperté estaba en un hospital y estaba intubada. Me estaban desintoxicando, estaban tratando de salvarme la vida. Y cuando vuelvo a despertar, estoy llegando a un centro psiquiátrico”, precisó.

En ese lugar permaneció entre uno y dos meses, “poco tiempo”. Luego, pasó a otro centro en el que estuvo interna durante varios meses. Por un tiempo, la mantuvieron en la zona de urgencias de la institución, bajo vigilancia y sin tener acceso a otros espacios. Posteriormente, le permitieron moverse más libremente por el lugar.

Fue entonces cuando se involucró con un paciente del centro psiquiátrico y juntos decidieron solicitar el alta. “Él sale primero, después salgo yo. Me voy a vivir con este muchacho y allí tengo contacto con otras drogas y también se convierte en una relación terrible. Él era bastante adicto a la cocaína. Fue una relación tóxica, abusiva”, contó.

Permaneció con él durante seis meses, aproximadamente. En ese tiempo, según relató, sentía que no era ella y que “no podía sobrellevar el día a día”. Sin embargo, en ciertas ocasiones ambos tenían momentos de lucidez. En uno de ellos, su pareja le propuso mudarse a La Dorada, Caldas. Así lo hicieron.

En agosto, el Invima informó un desabastecimiento significativo que alcanzó a 15 medicamentos esenciales - crédito Colprensa
Las personas también pueden generar adicción a los medicamentos formulados por el médico tratante - crédito Colprensa

Terminamos acabando con todos los ahorros que teníamos. Nos consumimos todo”, dijo. Entonces, decidieron regresar a Bogotá, pero ya no tenían nada para sobrevivir. Fue entonces cuando, por primera vez, tuvo que pasar varias noches en la calle. “Yo decía: ‘No entiendo qué estoy haciendo con mi vida, si yo tengo todo. Tengo una familia que me ama, que me quiere, que me da todo’”, confesó.

Un día, su pareja decidió poner fin a esa situación y le pidió que volviera a su casa. Así lo hizo y nunca más volvió a saber de él. Al llegar a su hogar, su hermano atendió a su llamado, pero no le permitió el ingreso hasta consultar con sus papás si podía dejarla pasar o no. Ellos se encontraban en Santander debido al fallecimiento del abuelo.

Mis papás estaban sufriendo muchísimo y ya había llegado a un punto en el que ellos dijeron: ‘No más’”, precisó. Sin embargo, decidieron darle una última oportunidad. Para entonces, L. tenía 19 años y había suspendido sus estudios y su vida por el consumo, por lo que sus padres optaron por ayudarla. Permaneció un tiempo en casa.

Recuerdo que fueron varios días de silencio, de estar simplemente sentada observando a los demás y sintiéndome como lo peor, como que todo el mundo me estaba mirando o me estaba juzgando”, expresó.

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L., adicta en recuperación, probó las sustancias piscoactivas tras irse a vivir con una persona con adicción activa - crédito Colprensa

Después, sus padres la llevaron a un centro para el tratamiento de adicciones: Aprender a Vivir. Allí, estuvo internada durante un año, periodo en el que no tuvo ningún contacto con su familia. En ese tiempo descubrió que su adicción no se supeditaba al alcohol, a los medicamentos o a las sustancias piscoactivas.

Yo era adicta, tenía una personalidad que tenía todos los ingredientes para ello (...). El adicto no es adicto porque sea adicto a las drogas. El adicto es adicto porque su personalidad le hace construir esa adicción a cualquier cosa (...). Son patrones de comportamiento adictivos”, precisó.

El tratamiento por el que pasó, que implicó la puesta en práctica de “12 pasos”, le ha permitido llegar a 17 años limpia. A través de esos 12 pasos, que suelen ser utilizados en grupos de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, “tú logras comprender tu enfermedad, ir escarbando, ir sanando”, detalló.

Las realidades de John y L. no son aisladas. En Colombia, es común que el consumo de alcohol y otras sustancias se inicie desde edades muy tempranas. Según datos revelados en 2022 por el entonces director de Política de Drogas y Actividades Relacionadas del Ministerio de Justicia y del Derecho, Alexánder Rivera Álvarez, en el rango de edad de 12 a 65 años, ocho de cada 10 personas habían consumido bebidas alcohólicas en el país y otras 8.000 habían probado drogas ilícitas.

Por otro lado, según el Observatorio de Salud de Bogotá (SaluData), en lo corrido de 2026 se han documentado 3.906 casos de consumo abusivo o problemático de sustancias psicoactivas en la ciudad. De la totalidad, 1.451 casos corresponden a adolescentes y 2.001 a adultos.

El abordaje del consumo

El experto evalúa a los pacientes con adicción activa según el estado sus áreas de ajuste - crédito Infobae Colombia

En el caso de John, su propia experiencia de vida le sirvió de inspiración para crear la Fundación Aprender a Vivir, que opera en Bogotá. Allí, atienden a las personas con consumo problemático o dependiente desde diferentes modalidades: clínica de día o clínica de noche, ambulatorio e internado. “Normalmente, cuando el consumo es demasiado problemático, lo más conveniente es el internado”, precisó.

En el internado, las personas cuentan con asistencia médica, psicológica, psiquiátrica, trabajo social, nutrición, terapia ocupacional. Buscan que, además de avanzar hacia la recuperación, los pacientes hallen un proyecto de vida. Además, involucran a las familias.

Según explicó, el abordaje de la salud mental es crucial, porque los adictos desarrollan otras patologías como la esquizofrenia o la bipolaridad. “En la institución, la mayoría de pacientes que llegan, sobre todo por consumo de marihuana, llegan con más patologías psiquiátricas, sobre todo con esquizofrenia”, indicó.

El psicólogo clínico Manuel Ricardo Torres, experto en el acompañamiento de personas consumidoras de sustancias, coincide en que el abordaje desde la terapia es clave. Según explicó a Infobae Colombia, no basta con que quienes tienen problemas de adicción afirmen querer recuperarse.

Por eso, lo primero que hace como profesional cuando tiene frente a él un consultante es evaluar cómo están las “áreas de ajuste” que dan soporte a su vida:

  1. Relaciones interpersonales
  2. Educación y trabajo
  3. Intereses y recreación
  4. Mente, cuerpo y espíritu
  5. Responsabilidades diarias
Fondo azul claro. Silueta de cabeza humana en perfil con espiral que conecta a un cerebro. El cerebro contiene múltiples líneas negras enredadas.
Las personas con consumo problemático de drogas o que generan alguna adicción pasan por procesos psicológicos en los que se analiza su conducta y se aborda la gestión de sus emociones - crédito Imagen Ilustrativa Infobae/VisualesIA ScribNews

El consumo problemático de sustancias inicia cuando al menos una de esas áreas de ajuste comienza a “tambalear”, mientras que la adicción aparece cuando todas esas áreas se caen y la vida gira únicamente en torno a las drogas.

Con respecto a las relaciones interpersonales, el experto explicó que, cuando el consumo de drogas es dependiente, la persona empieza a aislarse de su familia, de sus amigos y de allegados que probablemente no estén de acuerdo con el consumo. En una etapa más avanzada, abandona cualquier cercanía con otras personas, incluso aquellas que comparten esa misma dependencia a las sustancias.

“La persona empieza a tener interacciones solo con personas consumidoras (...). Luego, se empieza a aislar hasta tal punto que ya ni siquiera convive con personas que también son consumidoras, sino que llega a ese punto donde consume sola”, precisó.

Por otro lado, en un proceso adictivo, el cumplimiento de las responsabilidades diarias también se desdibuja por completo. Dejan de existir los horarios, el trabajo y las tareas cotidianas más comunes, como el aseo personal.

Ahora bien, tanto el centro de rehabilitación como cualquier proceso terapéutico brindan herramientas para que los consumidores logren la recuperación, pero no garantizan resultados 100% infalibles. Como todo, depende también de los pacientes. “La persona puede llegar muy mal, llorando, pidiendo ayuda, pero a los dos o tres días ya no quiere estar, porque no está acostumbrada al internado, a estar sin la sustancia, sin poder hacer lo que quiere”, indicó John.

El experto aseguró que las personas que generan adicción a sustancias no carecen de voluntad ni tienen falta de cárcter. Explicó de qué manera indaga sobre su conducta - crédito Infobae Colombia

El psicólogo clínico Manuel Torres confirmó esa postura. Sin embargo, aclaró que una persona consumidora no está inmersa en esa situación debido a una falta de carácter o porque no tenga voluntad.

Según detalló, el adicto vive con un comportamiento aprendido “muy rígido” y el consumo es su herramienta de afrontamiento, la cual utiliza para gestionar sus emociones. “Siempre va a haber un porqué”, indicó el experto.

Teniendo eso claro, y tras hacer un análisis funcional de su conducta, el psicólogo establece el tipo de terapia que aplicará en cada caso. Según detalló, hay mecanismos muy efectivos para guiar a los consultantes hacia su recuperación. Se trata de las terapias de tercera generación.

Se les plantea es como un comportamiento que es tratable y manejable a lo largo del proceso terapéutico (...). En la etapa de intervención, me baso en lo que sería una terapia dialéctico conductual (...). El objetivo principal es que no vayamos a volver a consumir. Sin embargo, reconocemos y aceptamos que una recaída es probable y nos preparamos”, explicó.

Adicionalmente, aplica la terapia de aceptación y compromiso, por medio de la cual los pacientes reconocen que hay una “evitación experiencial”, es decir, que, por medio del consumo, evitan ciertas emociones. “Empezamos a tener contacto con esas emociones” y con sensaciones que surgirían en una etapa de abstinencia, para que aprendan a manejar sus impulsos.

Un camino de fracasos y éxitos

Mano de adolescente sosteniendo una pequeña bolsa transparente con cogollos de cannabis secos, con una mochila verde oliva y un cuaderno desenfocados al fondo
Las personas adictas en recuperación requieren de herramientas que les permitan evitar una recaída - crédito Imagen Ilustrativa Infobae/VisualesIA

Son muchas las personas que han llegado a la Fundación Aprender a Vivir en busca de una salida. Varias han logrado su objetivo; otras no. John recuerda el caso de una niña que alcanzó a estar en la calle. Su recuperación ahora es motivo de orgullo: estudió en la Universidad de La Sabana, se graduó y vive en Estados Unidos con un hogar que logró construir. “Ella nos comparte todos los años su aniversario”, contó.

Sin embargo, su historia contrasta con otra muy dolorosa. “Un abogado muy prestigioso, fue secretario de Educación de Boyacá. Le metimos la ficha, él tenía muchas ganas. Duró varios años limpio. Tuvo una recaída y, lastimosamente, el año pasado lo encontraron en un apartamento muerto (...). Dio con una mujer adicta que lo llevó a una recaída”, dijo.

El experto Manuel Torres, por su parte, explicó que en su consultorio ha tenido a adolescentes, jóvenes y adultos de hasta 55 años. Los procesos son distintos en cada caso, pero en el de los adolescentes hay una particularidad: generalmente, los padres son los que buscan la intervención de un profesional, mientras que la mayoría de los adultos acuden a él de manera voluntaria.

Sus consultantes han logrado detener el consumo, pero, como en la fundación, se han presentado casos de recaídas. En esas situaciones, el psicólogo está disponible para atender los momentos de crisis.

El rol de la familia

Las familias, cuando están presentes, suelen recibir acompañamiento psicológico mientras la persona con consumo problemático o adicción vive su propio proceso - crédito Europa Press
Las familias, cuando están presentes, suelen recibir acompañamiento psicológico mientras la persona con consumo problemático o adicción vive su propio proceso - crédito Europa Press

En el proceso, la familia –cuando se tiene– es crucial. Según John, los allegados son necesarios para hacer un proceso de concientización y salir de la negación. Los mismos familiares deben estar abiertos a aprender al respecto porque, muchas veces, no ven la gravedad de la situación: “Dicen: ‘Mi hijo tampoco está como para estar interno, solo consume marihuana, tampoco es que esté tan grave’”.

Sin embargo, John fue claro en afirmar que esa falta de reconocimiento de la realidad dificulta el proceso. “Donde nace un adicto, muere una familia”, dijo.

En su proceso de recuperación, L. estuvo alejada de su familia por un año, pero sus padres no se alejaron permanentemente. En algún momento también pasaron por un acompañamiento profesional. “Yo creo que si ellos no hubieran hecho también el proceso conmigo, tal vez no tendríamos la relación que tenemos hoy en día”, precisó.

Sin embargo, aclaró que la persona adicta debe buscar recuperarse para garantizar su propio bienestar. “Uno se tiene que recuperar con la familia, sin la familia, incluso a veces en contra de la familia”, detalló.

La adicción: ¿una enfermedad?

Un montón de polvo rosa, con la etiqueta 'Tusi', se encuentra sobre una mesa de madera. En el fondo, hay una tarjeta de crédito Mastercard y un billete de dólar enrollado.
Hay quienes ven la adicción como una enfermedad. Algunos expertos creen que es un problema conductual - crédito Imagen Ilustrativa Infobae/VisualesIA ScribNews

Por eso, aseguró que la adicción es una enfermedad –así lo reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS)– y en esa medida debe ser tratada. De hecho, L. piensa lo mismo: “La adicción no tiene cura, precisamente porque la raíz puede ser muy diferente entre una persona y otra”, dijo.

En ese sentido, algunas personas que han tenido procesos de rehabilitación exitosos aseguran ser adictas en recuperación y no adictas activas, pero, al fin y al cabo, adictas. “Es un tema que va hasta el día que yo me muera, en el que tengo que constantemente estar orando, meditando, reevaluándome diariamente”, dijo L.

Sin embargo, el psicólogo clínico prefiere no considerar a los adictos como enfermos. Según explicó, el concepto de la enfermedad y el diagnóstico implica la aplicación de un modelo médico que, a su juicio, podría quedarse corto en algunas herramientas. Por eso, opta por las terapias conductuales que sirvan para que la persona, además de dejar el consumo, sepa manejar sus emociones.

Listo, quitamos el consumo. ¿Cómo va a gestionar la ira?, ¿cómo va a gestionar la tristeza? Se trabaja en ayudarla a llegar al punto de generar una vida que valga la pena ser vivida”, precisó.

Asimismo, indicó que, desde su perspectiva, es mejor abstenerse de considerar la adicción como una enfermedad porque tiende a generar estigma y vergüenza. “La vergüenza es, muchas veces, una de las emociones que los consultantes evitan”, detalló.

Primer plano de una persona sentada en un banco de parque, cubriendo su rostro con las manos, con el fondo borroso de transeúntes y edificios.
En algunos casos, tratar la adicción como una enfermedad puede generar vergüenza - crédito Imagen Ilustrativa Infobae/VisualesIA ScribNews

No obstante, el experto aclaró que su postura al respecto no quiere decir que el modelo no funcione. Funciona y genera “muy buenos resultados” –como es el caso de John y de L.–. Sin embargo, cree que la ciencia ha aportado actualizaciones en la psicología que valen la pena revisar e implementar

Pérdidas y recuperación

Para John, 20 años de consumo pasaron una factura muy costosa para su vida. “Perdí la dignidad, los valores, el amor de la familia, todo lo que realmente vale la pena”, confesó. No obstante, su recuperación le ha permitido ganar “todo”. “La tranquilidad, el respeto y el amor de la gente, el valor al servicio”, dijo.

Todavía trabaja en algunas cosas, como recuperar la confianza de sus seres queridos. “No es fácil” que las personas vuelvan a confiar en su capacidad de toma de decisiones y en su voluntad para continuar una vida lejos del consumo.

A mí me daban confianza y si me daban la oportunidad de robarme lo que fuera, me lo robaba para irme a consumir. Las mentiras son el 90% de lo que uno dice y hace”, detalló.

Por otro lado, John afirma que su salud no sufrió daños permanentes derivados del consumo. Sin embargo, sí tiene problemas de memoria a corto plazo.

Torso de una persona con camiseta blanca, manos cruzadas sobre el pecho, fondo claro difuminado con plantas verdes.
Las fundaciones especializadas y los expertos han contribuido a la mejora de la calidad de vida de las personas adictas o con consumo problemático - crédito Imagen Ilustrativa Infobae/VisualesIA ScribNews

Ahora, además de liderar una fundación orientada a la rehabilitación de personas con consumo problemático de drogas, logró recuperar la relación con su familia. Y, mientras diariamente se concentra en seguir construyendo su vida, toma todas las medidas necesarias para evitar que ese pasado de excesos regrese.

Aunque asiste a reuniones y no se limita si surge una invitación para ir a una fiesta, verifica si en el lugar habrá consumo de alcohol u otras sustancias. Entonces, procura no ir o quedarse poco tiempo y descarta por completo beber o consumir drogas. Además, afirma ante los demás que es un adicto, aunque lleva varios años limpio.

Lo que más hago es nunca esconder mi condición de adicto (...). Eso no se me olvida. El día que se me olvide, de pronto recaigo (...). La enfermedad está ahí, está detenida. La adicción es incurable, es detenible, como la diabetes (...). Es cuestión de acostumbrarse a que la vida se vive sin alcohol, se vive sin sustancias y se disfruta muchísimo más”, reflexionó.

Por su parte, L. aseguró que el “regalo más bonito” que le dio la recuperación fue haber reparado la relación con su familia. En algún momento de su vida pensó que ese escenario sería imposible. “Mi mamá es mi todo, mi mejor amiga, mi, mi mano derecha, mi motor, mi todo. Y mi papá también. Mi papá es un maestro, es una roca cuando lo necesito”, expresó.

¿Cómo actuar cuando se tiene a un familiar o allegado adicto?

El experto Manuel Torres explicó que, con el fin de aportar a la recuperación de un adicto, es necesario reconocer que hay un problema. En un ambiente familiar o de amigos, es mejor no guardar silencio bajo la excusa de no incomodar. Hay que hablar del tema.

El experto explicó la importancia de no generar señalamientos y de hacer un acompañamiento estableciendo límites - crédito Infobae Colombia

Sin embargo, eso no implica atacar o señalar al consumidor. “No hay que decirle: ‘Estás acabando con la vida de tu mamá, esto que estás haciendo no tiene perdón de Dios, estás dañando tu cuerpo’”, precisó.

Lo mejor, desde su perspectiva, es validar lo que está sintiendo esa persona y hacerle saber que se está en disposición de ayudar y acompañar, sin dejar de poner límites, sin acolitar el consumo y sin resolverle los problemas derivados de esa adicción, como el pago de deudas.

Una comunicación validante con límites claros va a mostrarle esas consecuencias que va a llegar a tener en casa, pero siempre irse mucho más a las cosas positivas que puede llegar a obtener el familiar”, precisó.

L. aportó claves adicionales con base en su experiencia como adicta. Según precisó, hay personas en la familia que son codependientes del adicto, que se entristecen ante la realidad de que su ser querido deba ser internado para tratarse y, por eso, se ofrecen a cuidarlo. “Es un mal terrible, porque realmente no están ayudando”, detalló.

Además, insistió en la importancia de que se evite generar un ambiente autoritario para controlar al consumidor, puesto que eso puede terminar alejándolo.

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