
La cumbia colombiana atraviesa una transformación que llevó sus sonidos tradicionales a dialogar con la electrónica, los sintetizadores, los beats y otras influencias contemporáneas. El fenómeno, impulsado por una nueva generación de artistas, abrió un debate sobre hasta dónde puede evolucionar uno de los ritmos más representativos del Caribe sin perder la esencia que lo convirtió en un símbolo de la identidad cultural del país.
Lejos de plantear una confrontación entre lo tradicional y lo moderno, músicos y gestores culturales coinciden en que el verdadero reto está en encontrar un equilibrio entre la innovación y el respeto por las raíces. La discusión cobra especial relevancia a pocos días de la edición número 42 del Festival Nacional de la Cumbia José Barros Palomino, que se realizará entre el 13 y el 16 de agosto en El Banco, Magdalena.
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Desde esa perspectiva, Veruschka Barros, directora del Festival Nacional de la Cumbia José Barros Palomino e hija del maestro José Barros, uno de los cantantes y compositores más importantes del género, considera que las nuevas fusiones no representan una amenaza para el género, sino una muestra de que la cumbia continúa evolucionando sin perder vigencia. “Lejos de verlo como una amenaza, considero que esta transformación es el reflejo de que la cumbia es un patrimonio vivo. Toda manifestación cultural que permanece en el tiempo está sujeta a la evolución, y hoy la cumbia se ha consolidado como un símbolo global de identidad y resiliencia”, afirmó.
Barros explicó que la llegada de nuevas generaciones permitió que la cumbia dialogara con sonidos urbanos y electrónicos, ampliando su alcance a los nuevos públicos. A su juicio, ese proceso no pone en riesgo las raíces del género, pues la interpretación tradicional mantiene un amplio reconocimiento dentro y fuera de Colombia y convive con las nuevas expresiones musicales.
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Para la directora del festival, el desafío no está en rechazar las fusiones, sino en conservar los elementos que le dan identidad a la cumbia. “Para que una propuesta musical siga siendo cumbia, independientemente de la tecnología, la electrónica o el género urbano que se le sume, debe preservar su célula rítmica fundamental y ese espíritu narrativo, nostálgico y festivo que la caracteriza”, señaló.

Esa visión encuentra eco en los artistas que hoy exploran nuevas formas de interpretar el género. Uno de ellos es Esparragoza, artista emergente, cantante, productor e investigador musical que incorpora nuevos sonidos a la cumbia colombiana sin desprenderse de sus raíces. Para él, la transformación del género hace parte de un proceso natural que también ha tenido referentes en el país, como Carlos Vives y Adriana Lucía. En su concepto, las propuestas actuales exploran cada vez más la electrónica a través de teclados, sintetizadores y beats, una búsqueda que no implica romper con la tradición.
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Sin embargo, el músico sostiene que la identidad de la cumbia no depende únicamente de los instrumentos que se incorporen, sino de un elemento que continúa diferenciándola de otras variantes latinoamericanas. “Yo creo que el secreto está en la percusión. En la cumbia mexicana, en la cumbia peruana y en la cumbia argentina no ha cambiado mucho la estructura. Se toca con congas allá, pero acá son los tambores los que tienen la fuerza todavía”, explicó.
Esparragoza también considera que esa identidad se construye desde los territorios. Según afirmó, cada región del Caribe colombiano conserva una forma particular de interpretar la cumbia, por lo que aún existe un amplio campo para seguir explorando esos sonidos sin perder el vínculo con las raíces. En su concepto, las nuevas propuestas no solo se alimentan de herramientas contemporáneas, sino también de los conocimientos y las sonoridades propias de las comunidades donde el género ha echado raíces.
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“Las nuevas sonoridades se están nutriendo de eso. Están explorando con los nuevos sonidos, pero también estamos teniendo en cuenta desde nuestros proyectos las sonoridades de los territorios y eso lo aporta obviamente la percusión. Ya las voces han migrado un poco hacia lo pop, hacia lo alternativo, incluso teniendo aspectos del vallenato. Pero lo que identifica que seguimos haciendo cumbia colombiana es nuestra manera de tocar la percusión”, concluyó.
La postura de ambos coincide en un punto: la cumbia puede transformarse y dialogar con nuevos lenguajes musicales siempre que conserve los elementos que le dieron origen. Mientras Veruschka Barros habla de preservar su “ADN”, Esparragoza encuentra ese vínculo en la percusión y en los sonidos propios de los territorios donde nació el género.
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Ese equilibrio entre tradición e innovación también marcará la edición número 42 del Festival Nacional de la Cumbia José Barros Palomino. Según explicó Barros, una de las principales novedades será la consolidación del Imperialato Nacional de la Cumbia como un certamen independiente, con el propósito de dar mayor protagonismo a los gestores culturales, portadores de tradición, artesanos y al componente académico.

Además, el festival abrirá espacios para las nuevas sonoridades con iniciativas como Electro Cumbia, dedicada a reunir propuestas de cumbia electrónica, y Cumbia Latin Sound, una plataforma que busca conectar las diferentes corrientes que el género desarrolla en América Latina. Entre el 7 y el 9 de agosto se realizará el Imperialato Nacional de la Cumbia y, posteriormente, del 13 al 16 de agosto, el Festival Nacional de la Cumbia ofrecerá una programación enfocada en la preservación del patrimonio y en el diálogo con las nuevas expresiones musicales.
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Así, el escenario que durante más de cuatro décadas trabajar por preservar el legado de la cumbia también se convertirá este año en un espacio para demostrar que la tradición y la innovación no tienen por qué caminar por separado. Para quienes dedican su vida a estudiar, interpretar y proteger este ritmo, el desafío no está en impedir su evolución, sino en garantizar que cada nueva propuesta mantenga vivo el espíritu de una expresión cultural que sigue encontrando nuevas formas de sonar sin dejar de reconocer el lugar donde nació.
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