Ni colágeno ni suplementos: estos hábitos sí ayudan a aliviar los dolores de rodilla, según la evidencia científica

Aunque el cartílago no puede regenerarse una vez se desgasta, especialistas advierten que el ejercicio, el fortalecimiento muscular y el control del peso pueden reducir el dolor, mejorar la movilidad y retrasar el avance de la artrosis de rodilla

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La artrosis de rodilla no pide reposo total: el ejercicio suave sí ayuda a frenar el dolor - Imagen Ilustrativa Infobae
La artrosis de rodilla no pide reposo total: el ejercicio suave sí ayuda a frenar el dolor - Imagen Ilustrativa Infobae (Imagen Ilustrativa Infobae)

La artrosis de rodilla es una de las enfermedades articulares más frecuentes, especialmente en personas mayores de 50 años.

Aunque se trata de una condición crónica que no tiene cura definitiva, diversos estudios científicos han demostrado que ciertos hábitos diarios y una rutina adecuada de ejercicios pueden disminuir el dolor, mejorar la movilidad y retrasar el avance del desgaste del cartílago.

Durante años han circulado numerosos mitos sobre esta enfermedad, desde supuestos alimentos capaces de regenerar el cartílago hasta suplementos que prometen reconstruir la articulación. Sin embargo, la evidencia médica señala que, una vez el cartílago se deteriora, no logra regenerarse de forma significativa.

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Por ello, el objetivo del tratamiento consiste en conservar el tejido restante, disminuir la carga sobre la rodilla y fortalecer las estructuras que la rodean.

Los especialistas recomiendan el ejercicio para aliviar la artrosis de rodilla - crédito Imagen Ilustrativa Infobae
Los especialistas recomiendan el ejercicio para aliviar la artrosis de rodilla - crédito Imagen Ilustrativa Infobae (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cartílago cumple una función esencial dentro de la articulación, ya que recubre los extremos de los huesos y actúa como un amortiguador que facilita el movimiento sin fricción.

Con el paso del tiempo, este tejido puede desgastarse progresivamente, provocando que los huesos entren en mayor contacto entre sí, lo que genera dolor, inflamación, rigidez y limitación para caminar o realizar actividades cotidianas.

Frente a este panorama, los especialistas coinciden en que el movimiento controlado representa una de las herramientas más eficaces para enfrentar la enfermedad y lejos de lo que muchas personas creen, mantener reposo absoluto durante largos periodos no protege la rodilla; por el contrario, favorece la pérdida de fuerza muscular y aumenta la rigidez de la articulación.

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Una revisión publicada en la revista científica British Journal of Sports Medicine concluyó que el ejercicio físico disminuye significativamente el dolor y mejora la función de la rodilla en pacientes con artrosis, beneficios que pueden mantenerse durante varios meses cuando la actividad física se realiza de manera constante.

Ilustración que muestra a un anciano con dolor de rodilla en casa y a una joven corriendo en una cinta de gimnasio, divididas por un rayo.
La artrosis de rodilla mejora más con movimiento - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Los expertos explican que la clave no está en practicar ejercicios de alto impacto, sino en combinar actividades suaves con fortalecimiento muscular. Caminar en superficies planas, montar bicicleta estática, nadar o realizar ejercicios en el agua son alternativas recomendadas porque reducen la carga sobre la articulación mientras favorecen la movilidad.

De igual forma, los ejercicios destinados a fortalecer los músculos del muslo, especialmente el cuádriceps, cumplen un papel fundamental.

La investigación indica que al desarrollar mayor fuerza en esta zona, la musculatura absorbe parte del esfuerzo que normalmente recaería sobre la rodilla, disminuyendo así el desgaste articular y mejorando la estabilidad.

Además del ejercicio, existen hábitos cotidianos que pueden marcar una diferencia importante en la evolución de la enfermedad. Uno de los principales factores es mantener un peso saludable, ya que cada kilogramo adicional incrementa considerablemente la presión que soportan las rodillas durante actividades tan simples como caminar o subir escaleras.

Una mujer mayor de cabello gris se sienta en un sillón junto a una ventana con gotas de lluvia, agarrándose la rodilla con una expresión de dolor.
Caminar en plano, usar bicicleta estática, nadar, cuidar el peso y elegir calzado cómodo son medidas respaldadas por la ciencia para reducir molestias, proteger la articulación y mantener mejor la capacidad funcional - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

También resulta aconsejable evitar permanecer demasiado tiempo sentado o inmóvil, alternar periodos de actividad con descanso y utilizar un calzado cómodo que amortigüe el impacto al caminar. Estas medidas, aunque parecen sencillas, contribuyen a disminuir la sobrecarga mecánica de la articulación.

Otro aspecto que suele generar dudas entre los pacientes es el papel de la alimentación y los suplementos. A pesar de la popularidad de productos como la glucosamina y la condroitina, la evidencia científica disponible continúa siendo limitada y no demuestra que estos compuestos sean capaces de regenerar el cartílago perdido o detener la progresión de la enfermedad.

Por esta razón, los especialistas recomiendan desconfiar de las promesas de tratamientos milagrosos y centrar los esfuerzos en intervenciones respaldadas por la ciencia, como la actividad física supervisada, el fortalecimiento muscular y el control del peso corporal.

Los profesionales de la salud también recuerdan que, si el dolor aumenta de forma importante, aparece inflamación persistente, la rodilla se bloquea o la movilidad disminuye de manera significativa, es fundamental consultar con un médico o fisioterapeuta antes de iniciar cualquier rutina de ejercicios.

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