
Ver un partido del Mundial durante la jornada laboral puede costarle a una empresa cerca de $10 millones por cada 500 empleados, según un análisis de Russell Bedford Colombia, un cálculo que cobra relevancia en Colombia a pocas semanas de la reducción de la jornada máxima a 42 horas semanales, prevista para el 15 de julio.
La firma calculó que, en una compañía con 500 trabajadores que ganan el salario mínimo, 2 horas dedicadas a seguir un encuentro equivalen a casi $9,9 millones en valor de tiempo comprometido, sin incluir recargos, cargas prestacionales, retrasos operativos ni pérdida del enfoque en la atención al público. El ejercicio, según el análisis, no supone una pérdida automática, sino un escenario de referencia sobre cuánto vale desplazar 2 horas de actividad en una nómina de ese tamaño.
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De acuerdo con el análisis, el salario mínimo legal mensual vigente para 2026 es de $1.750.905 y la hora ordinaria diurna ronda los $7.959 con la jornada de 44 horas semanales que sigue vigente hasta mediados de julio. Si se toma como base la hora extra diurna, que llega a $9.948, dos horas representan casi $20.000 por persona.
A escala global, una encuesta de la multinacional UKG estimó que el torneo podría generar unos US$17.000 millones en productividad perdida para los empleadores. Ese sondeo, aplicado a 8.000 trabajadores en ocho países, encontró que 37% planea modificar sus horarios para seguir la copa, 27% admitiría ausencias, llegadas tarde o salidas anticipadas, 14% vería transmisiones en secreto y 11% llegaría a trabajar con guayabo.
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“El riesgo no está en permitir una pausa, sino en permitirla sin reglas. El Mundial no tiene que ser enemigo de la productividad, pero sí exige planeación: turnos claros, hora de reinicio, responsables por área y metas que se cumplan”, explicó Olga Viviana Tapias, socia de Impuestos de Russell Bedford.

Los partidos de Colombia en primera ronda quedaron fuera del horario laboral
En territorio nacional, el impacto inicial puede ser menor de lo que sugiere la expectativa alrededor del torneo. Los partidos de la Selección Colombia en la primera ronda están programados fuera de la jornada ordinaria:
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- El debut contra Uzbekistán será el 17 de junio a las 9:00 p. m.
- El segundo encuentro frente a República Democrática del Congo el 23 de junio también en la noche.
- El cierre contra Portugal se llevará a cabo el 27 de junio a las 6:30 p. m., un sábado.
Según el análisis de Russell Bedford Colombia, el problema inmediato no está en el horario de esos partidos, sino en sus efectos posteriores: trasnochos, reuniones extendidas, consumo digital, permisos de última hora y disminución de la concentración. Aunque el riesgo aumentará si Colombia avanza a instancias que se jueguen en franjas de tarde durante días hábiles.
La presión sobre la operación también puede venir de partidos de otras selecciones con alta audiencia en la primera fase. Así, el análisis advirtió que, durante las semanas siguientes a la inauguración del evento deportivo el 11 de junio, esos encuentros competirán por la atención con ventas, producción, transporte, soporte técnico, atención comercial y servicios de call center.
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Para las actividades de operación continua, la firma reiteró que una pantalla improvisada puede resultar más costosa que una pausa organizada. Esa diferencia depende de si la empresa pacta tiempos, relevos y reinicios o deja que cada equipo resuelva por su cuenta.

La reducción a 42 horas eleva el costo de cada interrupción
El debate se dio en medio de cambios para las estructuras empresariales en Colombia porque la jornada máxima pasará a 42 horas semanales desde el 15 de julio, según la Ley 2101 de 2021. De acuerdo con el análisis, aún así se obligaría a los trabajadores a producir lo mismo, o más, con menos horas disponibles por semana: “Cada hora que se administra mal pesa más en una economía donde la productividad laboral sigue rezagada frente a los países de la Ocde y donde los costos de nómina vienen subiendo”, agregó Tapias.
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La recomendación de la firma no es prohibir las transmisiones, sino ordenar la operación, según Russell Bedford Colombia, que aseguró que una restricción total puede llevar a transmisiones escondidas, uso excesivo de datos móviles, salidas no autorizadas o ausencias difíciles de controlar.
La alternativa, según el análisis, es fijar una política previa que defina qué partidos podrán verse, cuánto durará la pausa, cómo se recuperará el tiempo, qué áreas no pueden detenerse y quién será responsable del regreso a la actividad. Ese esquema, dijo la firma, debe ajustarse al tipo de operación de cada empresa.
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“En oficinas, la fórmula puede incluir espacios comunes, horarios escalonados, bancos de horas, teletrabajo parcial, ajustes en tiempos de almuerzo y metas semanales medibles. En plantas, bodegas, salud, transporte, vigilancia o actividades con maquinaria, el manejo debe ser más estricto: recesos controlados, relevos definidos y prohibición de seguir el juego cerca de procesos que exigen atención permanente”, indicó Tapias.

El análisis también señaló que el Mundial no implica solo presión sobre la productividad, pues los restaurantes, bares, supermercados, tiendas de barrio, domicilios, tecnología, publicidad y medios pueden captar más consumo por transmisión de los partidos, ventas de alimentos, bebidas, camisetas y planes de ocio en familia o con amigos.
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Por eso, la firma plantea que el efecto económico del torneo no debe leerse únicamente como una pérdida. Para algunas compañías será una presión operativa y para otras una oportunidad comercial.
“La mejor política laboral en este momento es que combine flexibilidad con responsabilidad. Si la empresa comunica reglas antes del partido, fija una hora de regreso y mide resultados, el Mundial puede sumar integración. Si lo deja al azar, terminará pagando una factura que no estaba en el presupuesto”, concluyó la experta.
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