
Una sofisticada red de fraude financiero ha conmocionado a Bogotá tras la inesperada desaparición de Uriel Andrés Barreto Díaz, supuesto dirigente cooperativo, dejando a su paso cientos de afectados y pérdidas que podrían superar los 16.000 millones de pesos.
El caso, que se extiende a varias ciudades del país, combina engaños financieros con amenazas hacia quienes promovieron el sistema, generando temor y desconfianza entre las víctimas.
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El entramado comenzó a gestarse cuando Barreto Díaz se presentó como directivo administrativo y encargado de recursos humanos de la Cooperativa Transportadora Bogotá-Kennedy Taxis Colectivos, empresa que, según la Cámara de Comercio de Bogotá, se encuentra oficialmente liquidada desde 2023.
Aprovechando la imagen y credibilidad de la cooperativa, Barreto ideó un modelo de inversión que prometía altos retornos a quienes depositaran dinero en sus cuentas bancarias, con incentivos adicionales por la cantidad de referidos que cada inversionista lograra atraer.
De acuerdo con la investigación del medio El Tiempo, en sus primeros años, el esquema logró generar confianza entre los participantes. Los pagos se cumplían con puntualidad, y los documentos que presentaba Barreto, que incluían contratos con imágenes corporativas, números de registro y firmas de supuestos directivos, reforzaban la apariencia de legalidad. Esto permitió que la red se expandiera rápidamente entre amigos y familiares, multiplicando las víctimas.
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El colapso llegó en enero de 2026, cuando los inversionistas dejaron de recibir los pagos prometidos. Barreto Díaz desapareció, dejando mensajes en redes sociales donde argumentaba que su vida corría peligro y compartía actas de supervivencia por medios electrónicos.
La incertidumbre aumentó cuando se verificó que la supuesta cooperativa ya estaba liquidada, lo que desmoronó la confianza de las familias y generó zozobra entre los inversionistas.
Según testimonios de víctimas, el daño no ha sido únicamente económico. Muchos de quienes recomendaron el esquema aseguran haber recibido amenazas, temiendo por la seguridad de sus familiares y considerando mudanzas para protegerse.
“Desde que supe que esa cooperativa estaba liquidada, yo no he tenido vida. Me tienen amenazado a mí y a toda mi familia. La gente no entiende que yo soy una víctima más”, relató uno de los afectados el medio citado.
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Hasta ahora, se estima que más de 120 personas podrían haber sido afectadas, con un perjuicio económico aproximado de 16.000 millones de pesos, distribuido principalmente entre Bogotá y Bucaramanga, aunque también se registran víctimas en otras ciudades.

Algunas familias han formalizado denuncias ante la Fiscalía, mientras que otras temen represalias y evitan presentar querellas.
El modelo utilizado por Barreto Díaz se diferenciaba de las clásicas pirámides financieras. La mayoría de las inversiones no dependían directamente de la captación de nuevos referidos, sino del prestigio y la confianza personal entre familiares y amigos.
Para aparentar legalidad, Barreto presentaba contratos y recibos que hacían creer a los inversionistas que sus aportes estaban respaldados por una entidad legítima.
La esposa de Barreto Díaz ha sido mencionada como conocedora y participante en la administración de los fondos, lo que agrega complejidad al proceso. Además, el paradero del principal implicado sigue sin confirmarse, dificultando el esclarecimiento y la recuperación de los recursos.
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La desaparición de Uriel Andrés Barreto Díaz se registró la tarde del 19 de enero de 2026, en circunstancias que aún no han sido esclarecidas por las autoridades. Según la información entregada por su entorno cercano, ese día salió del centro comercial Titán, ubicado sobre la calle 80 en Bogotá, con destino a su vivienda en el municipio de Mosquera, Cundinamarca.

Hacia las 6:30 p. m., Barreto se comunicó con su esposa para informarle que ya se encontraba por el sector de Siberia y que estaba próximo a llegar a casa.
Ese fue el último contacto directo que tuvo con su familia. Minutos después, su teléfono celular dejó de responder llamadas y mensajes, lo que encendió las primeras alarmas.
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El empresario se movilizaba en una camioneta Ford Escape negra, de placas FZW 213, vehículo que tampoco ha sido localizado. Al notar que no llegaba a su destino y que no había forma de establecer comunicación, sus familiares iniciaron la búsqueda por cuenta propia y posteriormente interpusieron la denuncia formal ante las autoridades.
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