
En una entrevista sin filtros y fiel a su estilo directo, el influencer Estiwar G reveló cuál ha sido el barrio más peligroso que ha visitado en Bogotá durante sus recorridos para crear contenido.
La confesión la hizo en conversación con la emisora La Kalle, donde relató con lujo de detalles una experiencia que, según dijo, lo llevó a medir hasta dónde vale la pena exponerse por un video.
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Durante la charla, el creador de contenido fue interrogado de manera directa sobre si alguna vez había sentido que su integridad corría un riesgo real mientras grababa en zonas consideradas “pesadas” y también sobre si había vivido un momento en el que pensara: “hijueputa, si yo no me abro de acá, puedo perder hasta los tenis”.
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Ante la duda, Estiwar no dudó en responder con una anécdota puntual que aún recuerda con tensión: “Un barrio que sí me pareció como medio impactante se llama El Pesebre. También es conocido como Río de Janeiro”, comenzó relatando.
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Según explicó, desde su llegada al sector la atmósfera le resultó distinta a la de otros barrios populares que ha recorrido. Incluso, el primer contacto que tuvo en la zona fue, paradójicamente, una advertencia.
Estiwar contó que al llegar vio a un hombre en una esquina y decidió saludarlo con naturalidad: “Yo le pregunto: ‘Buena, perro’, y el man me dice: ‘¿Qué dice, Estiwar?’. Pues el man había visto mis videos”, relató.
Confiado por el reconocimiento, el youtuber le preguntó cómo era subir hacia la parte alta del barrio, pero la respuesta lo puso en alerta inmediata.
“Me dice: ‘Perro, lo pueden pirañar’. Si un ñero le dice que lo pueden pirañar a otro ñero, es que el barrio es eléctrico, papi”, afirmó, dejando claro que esa advertencia no era casual.
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El creador describió la sensación que tuvo al internarse en el sector como algo casi físico: “Se sentía el ki, se sentía el ki de Majin Boo, papi”, dijo, usando una comparación que refleja el nivel de tensión que percibía en el ambiente.
A diferencia de otros barrios donde la presencia de niños jugando, tiendas abiertas o puestos de comida generan cierta sensación de normalidad, en El Pesebre ocurrió todo lo contrario.
“Uno no se siente tan en peligro cuando hay gente, cuando ve al niño corriendo, el chuzo de empanadas, la tienda abierta. Eso es un buen indicio. No, esto era un barrio resilencioso”, aseguró y, según su relato, las calles estaban dominadas por miradas hostiles y figuras que describió como “pintas así como gárgolas, mirando raro”, lo que incrementó su incomodidad mientras grababa.
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Estiwar explicó que llegó al lugar sin conocerlo a profundidad, atraído por su fama visual: “Yo ese barrio no lo conocía. Lo había visto desde afuera porque le dicen el Santorini bogotano, porque tiene las casas blanquitas”, contó.

Esa apariencia, según dijo, puede engañar fácilmente a quien no conoce la dinámica interna del sector: “Uno dice: ‘esto es turístico, llegué a donde era’”, agregó.
Sin embargo, la situación se tornó realmente delicada cuando, mientras grababa, llegó a una cuadra específica donde notó mayor movimiento.
“Yo iba grabando y llegué a una cuadra donde había más actividad, pero era la olla”, reveló. En ese momento, varios hombres se le acercaron de inmediato: “Llegaron como los sayas de esa olla y me dijeron: ‘Venga, perro, ¿qué está haciendo? Aquí no se puede grabar’”, recordó.
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Aunque el tono no fue violento, el mensaje fue claro: “Me dijeron: ‘Con usted la buena, pero perro, aquí no grabe’”, relató Estiwar, quien entendió que había cruzado un límite invisible. Fue entonces cuando tomó una decisión clave para su seguridad. “Yo ya dije: ‘Bueno, ya es hora, chicos. Ya vamos’ y me devolví”, afirmó.
Finalmente, el youtuber reflexionó sobre los riesgos que implica llevar el contenido al extremo. “Uno sabe hasta qué punto hay gente en YouTube que se va hasta lo profundo y se expone, pero yo ya dije: ‘ya tengo material, ¿qué más hago aquí?’ y me bajé muy tranquilo”, concluyó, dejando claro que, aunque su trabajo implica mostrar realidades duras, también sabe cuándo retirarse para no poner en juego su vida.
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