La vida de Harold Aroca, un joven de apenas 16 años, se truncó de forma abrupta en agosto de 2025, cuando su cadáver fue hallado en un bosque próximo a los cerros orientales de Bogotá. Su muerte dejó sueños inconclusos y un dolor persistente en su familia, que continúa luchando por alcanzar justicia en torno a su homicidio.
Diana Carolina Clavijo revivió aquel episodio marcado por la preocupación, incertidumbre, miedo y dolor que implicó su búsqueda y posterior hallazgo, en entrevista con Juan José Castro, del pódcast Vamos Pa’ Eso.
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Un adolescente amante del fútbol y amoroso con sus hermanos
De acuerdo con el relato de Clavijo, Harold era un joven soñador, apasionado por los animales y el fútbol, hincha del América, y con deseos de estudiar barbería y, en el futuro, ingresar a la Marina. “Era muy responsable, muy pendiente de sus hermanos, respetuoso, y querido por mi círculo social”, recordó Clavijo.
La mujer, que dejó su profesión como peluquera canina en Bogotá para irse a vivir a Cali por el trabajo de su esposo, afirmó que Aroca era trabajador y frecuentemente ayudaba durante las vacaciones escolares en un negocio de repuestos para bicicletas para enviar dinero a sus hermanitos para el mecato. “Les mandó $20.000 pesos para helados, de su sudor”, relató Clavijo.
La familia se trasladó a Cali año y medio antes del crimen. Sin embargo, Harold decidió regresar a Bogotá para vivir con su padre, Hermes, tras llevar un año sin verlo. “Quiso quedarse porque el papá estaba triste”, explicó Clavijo, que permitió la decisión confiando en la buena relación entre ambos.
En Bogotá, Harold se matriculó en el colegio Los Pinos y continuó jugando fútbol en la cancha de Los Laches, un sector próximo al bosque donde fue hallado, que guardaría complejidades sociales por el actuar criminal de una estructura delictiva.
Días antes de la desaparición, Clavijo notó cambios en la actitud de su hijo a través de las llamadas que a menudo tenían; por ello, le insistió en volver a Cali, preocupada por su bienestar y por aparentes conflictos en el colegio y con la esposa de su padre. “Sentía que no estaba bien, ya no me hablaba como antes, y había tenido problemas en la cancha donde entrenaba”, relató.
El 5 de agosto, tras recibir una llamada de un compañero, Harold salió rumbo a la cancha y no regresó. Horas más tarde, un mensaje desde su WhatsApp aseguró que se quedaría fuera de casa, algo inusual en él. La familia, preocupada, acudió a la policía y comenzó la incansable búsqueda.

Hermes, el padre, ingresó con su esposa al bosque junto a un policía, pero la búsqueda se vio limitada cuando el agente se retiró por cambio de turno. Al día siguiente, la madre, ya en Bogotá, activó redes de apoyo, incluyendo a la Corporación Mujer Sigue Mis Pasos, mientras la Policía comenzaba a especular que se trataba de un escenario creado para originar un conflicto entre bandas de microtráfico que operan en el sector. “Nos decían que queríamos incentivar la guerra entre bandas. Nos revictimizaron mucho”, aseguró Clavijo.
La lectura de cartas que reveló que Harold Aroca ya estaba muerto
En medio de la angustia por la desaparición, una amiga de Diana Carolina le ofreció leerle las cartas para intentar obtener alguna señal sobre el paradero de Harold. Durante la consulta, su amiga le aseguró: “El niño ya no está vivo. Lo va a encontrar en un bosque, tapado por ramas”.
Uno de los episodios que vivió Diana mientras buscaba a su hijo ocurrió mientras intentaba conciliar el sueño. Clavijo sintió que una mano le acariciaba el rostro, un gesto que solía hacerle su hijo. “Abrí los ojos y vi la mano de mi hijo frente a mi cara”, dijo, convencida de que esa experiencia pudo haber sido una despedida.
El 9 de agosto, llegó el día del lamentable hallazgo, que se dio gracias a la insistencia de la familia. “Vimos ramas recién cortadas, por lo que Hermes empezó a quitarlas y lo primero que se vio fueron los pies”, narró Clavijo sobre el momento en que encontraron el cadáver, cubierto por vegetación.

“Tenía quemaduras en el cuello, golpes en la cara, heridas de bala en las piernas y manos machacadas”, describió. La Policía llegó después, grabando la escena con celulares. “No me ayudaron… Nosotros subimos solos”, lamentó la madre.
Las investigaciones oficiales avanzaron lentamente y la familia denunció falta de acción y revictimización por parte de las autoridades. El caso cobró notoriedad tras la difusión de videos que mostraban los últimos momentos de Harold con vida, permitiendo identificar a algunos de los presuntos responsables. “Ese video fue la clave para saber a quiénes buscar”, afirmó Clavijo.
Gracias a la presión pública y la recopilación de pruebas, se lograron dos capturas: Anderson Santiago Pinzón y Haizak Karol Chará, imputados por homicidio agravado, desaparición forzada, tortura y porte ilegal de armas. El proceso sigue en curso, ahora bajo una fiscal especializada.

Una madre en busca de justicia, vulnerable a las amenazas de estructuras criminales
Durante la investigación del caso, la Policía señaló la existencia de un conflicto entre dos estructuras dedicadas al microtráfico en barrios vecinos de Bogotá, una en Los Laches y otra en El Parejo.
Las autoridades sostuvieron que la disputa entre estas estructuras delincuenciales habría sido el contexto en el que ocurrió el asesinato de Harold Aroca, sugiriendo que su muerte estaría relacionada con retaliaciones entre estos grupos armados.
Clavijo ha enfrentado amenazas reiteradas tras su búsqueda de justicia. “Me llaman guerrillera, me mandan fotos de mi hijo muerto y me advierten que si vuelvo al barrio me desaparecen”, denunció, y añadió que pese a la oferta de protección de la Fiscalía, rechaza esconderse: “¿Por qué tengo que huir yo si no he matado a nadie?”.
El caso ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de las familias de víctimas y la persistente inseguridad en sectores de Bogotá, donde, según la madre, la policía identificó los dos grupos delincuenciales, pero “no ha pasado nada”.
En la actualidad, la familia de Harold exige el cese de la revictimización y el avance de los procesos judiciales. “Me dijeron que si me estaban amenazando era por mi culpa, por no aceptar la protección”, relató Clavijo, que sigue firme en la búsqueda de justicia y de respuestas sobre la violencia que afecta a cientos de jóvenes y familias en el país.
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