
En medio de las crecientes fricciones diplomáticas entre Colombia y Estados Unidos, una reunión no anunciada se llevó a cabo este miércoles 7 de mayo en la Casa de Nariño.
El encuentro, que no figuraba en la agenda oficial distribuida por la Presidencia, reunió al presidente Gustavo Petro, la canciller Laura Sarabia y al encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, John McNamara.
La cita de alto nivel tuvo lugar a puerta cerrada y ocurre en un momento delicado para las relaciones entre ambos países, marcadas por desacuerdos sobre política comercial y señales de un posible giro estratégico del Gobierno colombiano hacia nuevas alianzas con China.
Esta situación ha generado preocupación en Washington, particularmente por las repercusiones que ello podría tener sobre el flujo comercial tradicional entre ambas naciones.
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La tensión se ha acentuado tras recientes comentarios del presidente Petro sobre sus intenciones de ampliar los lazos económicos con el país asiático.
Voces oficiales del gobierno estadounidense han manifestado su inquietud por este posible acercamiento, advirtiendo sobre consecuencias económicas adversas para Colombia si se altera el equilibrio actual de sus relaciones comerciales.
Mauricio Claver-Carone, enviado especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para América Latina, se refirió públicamente a los riesgos de este cambio de rumbo, sugiriendo que otros países de la región podrían beneficiarse si se deteriora el vínculo comercial entre Colombia y Estados Unidos.
En su intervención, señaló que sectores agrícolas como las exportaciones de flores en Ecuador o el café en Centroamérica podrían ocupar el lugar que hoy tiene Colombia en el mercado norteamericano.
Los cuestionamientos también han sido reiterados por John McNamara, quien advirtió recientemente, en el marco de un encuentro organizado por la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham), sobre las implicaciones estratégicas de una mayor cercanía con China.

En ese escenario, el diplomático norteamericano llamó a considerar los posibles impactos en la seguridad nacional, el bienestar económico y el futuro del país.
A estos desacuerdos económicos se suma un nuevo elemento de fricción de carácter político.
En los últimos días, el presidente Petro se pronunció duramente en contra del congresista estadounidense Mario Díaz-Balart, a quien acusó de participar en un supuesto complot para desestabilizar su gobierno.
En sus declaraciones, el mandatario vinculó al legislador con una presunta campaña desde sectores de la derecha estadounidense que, según él, buscarían derrocarlo a través del Congreso.
Estas tensiones se producen en un momento crucial para la política exterior de Colombia, cuyo Gobierno ha expresado en múltiples escenarios su interés por diversificar sus relaciones internacionales.

Sin embargo, los recientes acontecimientos reflejan que cualquier cambio en la balanza geopolítica tendrá impactos inmediatos en sus vínculos históricos, especialmente con su principal socio comercial.
Aunque no se han revelado detalles sobre el contenido específico de la reunión entre Petro, Sarabia y McNamara, la presencia del alto funcionario diplomático en la Casa de Nariño sugiere un intento por encauzar el diálogo y reducir el nivel de confrontación pública.
A la espera de nuevos pronunciamientos oficiales, la relación entre Bogotá y Washington atraviesa uno de sus momentos más tensos en lo que va del actual mandato presidencial.
Lo que dice la oposición
Sobre este acercamiento con el régimen chino, diferentes analistas recomiendan al Gobierno Nacional actuar con prudencia, pues señalan que, con la guerra comercial que sostienen Washington y Pekín, el contexto internacional se torna especialmente sensible, sobre todo cuando ya Gustavo Petro ha tenido fisuras diplomáticas con Donald Trump.
Juan Espinal, representante por Antioquia del Centro Democrático, señaló que si bien hacer visitas de Estado a países como China hace parte de la agenda de casi todos los gobiernos (no es la primera vez que Colombia lo hace), la prudencia debe ser la brújula del Gobierno, pues “con más del 35% de las exportaciones totales de Colombia las que están en juego; eso es lo que enviamos a los Estados Unidos”.

Para Espinal es fundamental que la visita de Petro a China no vaya a ser la excusa para hacer alusiones negativas a Estados Unidos o al propio presidente Trump, pues esto sólo intensificaría las ya complejas relaciones entre ambos páises.
En ese punto coincide Michael Ortegón, economista y docente colombiano, que el balance de las relaciones internacionales de Colombia es la clave.
“Es fundamental reconocer que esta reconfiguración debe gestionarse con cautela. Un acercamiento excesivo a China podría generar tensiones con Estados Unidos, un actor clave en la estructura económica global. Las consecuencias de no balancear adecuadamente esta relación podrían incluir no solo represalias comerciales, sino también la reconfiguración de alianzas estratégicas que impactarían la estabilidad económica y geopolítica del país”.
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