
El 2024 será recordado en Colombia como uno de los más desafiantes en términos de desastres naturales. Fenómenos como el fenómeno El Niño, inundaciones, deslizamientos y heladas extremas impactaron la vida de millones de colombianos, dejando un saldo preocupante de pérdidas humanas, materiales y ambientales.
Tragedia en el Chocó: deslizamientos devastadores
En enero, el departamento del Chocó fue escenario de una tragedia cuando dos deslizamientos de tierra sepultaron vehículos en la carretera que conecta Medellín con Quibdó. El desastre, provocado por intensas lluvias, dejó un saldo de 33 personas fallecidas y causó una crisis humanitaria en la región.
La zona, caracterizada por su vulnerabilidad geográfica, enfrentó enormes dificultades para las labores de rescate debido a las condiciones del terreno y las persistentes lluvias. Este evento resaltó las falencias en las infraestructuras de transporte de zonas rurales y la urgencia de medidas preventivas frente a fenómenos similares.
Inundaciones masivas en mayo: una emergencia histórica
Durante mayo, Colombia vivió una de las temporadas de lluvias más intensas de las últimas décadas. En Antioquia y Cundinamarca, los ríos y quebradas desbordados inundaron extensas áreas, afectando a miles de familias.
Medellín y varios municipios cundinamarqueses sufrieron graves anegaciones que destruyeron viviendas, dejaron territorios aislados por deslizamientos de tierra y provocaron numerosas pérdidas humanas.

Las autoridades declararon emergencia en varias regiones, mientras las comunidades enfrentaban la falta de agua potable, alimentos y electricidad. Las inundaciones también evidenciaron la necesidad de mejorar la infraestructura de drenaje y los sistemas de alerta temprana, esenciales para mitigar futuros desastres.
Incendios forestales: el impacto del fenómeno El Niño
El fenómeno El Niño, presente durante los primeros meses del año, agravó las condiciones de sequía en todo el país, generando incendios forestales que devastaron regiones como Cundinamarca, Santander y Boyacá.

Miles de hectáreas de bosques fueron consumidas por el fuego, afectando la biodiversidad y desplazando a comunidades rurales. De hecho, en redes sociales fue el acontecimiento natural que más impactó a la ciudadanía en general, pues dejó imágenes apocalípticas.
Ante la magnitud del desastre, el Gobierno declaró el estado de emergencia nacional y solicitó apoyo internacional para controlar los incendios. Sin embargo, los daños ecológicos y económicos fueron incalculables, resaltando la necesidad de fortalecer los sistemas de prevención y respuesta rápida.
Sequías prolongadas: un golpe al agro colombiano
Las mismas condiciones climáticas derivadas de El Niño ocasionaron una sequía severa en diversas regiones del país. En la zona cafetera, una de las más afectadas, la disminución de lluvias y el aumento de temperaturas redujeron drásticamente la producción de café, dejando pérdidas millonarias y afectando a miles de familias.

El acceso al agua también se convirtió en un desafío crítico en regiones como el Caribe y los Llanos Orientales, donde los embalses y fuentes hídricas alcanzaron niveles mínimos históricos. La falta de agua exacerbó las dificultades agrícolas y generó tensiones sociales en algunas comunidades.
Tormentas tropicales en el Caribe colombiano
Aunque de menor intensidad que en años anteriores, las tormentas tropicales en el Caribe generaron lluvias torrenciales y vientos fuertes que afectaron la infraestructura en zonas costeras.
Municipios de Bolívar, Atlántico y Magdalena reportaron desbordamientos de ríos y daños en viviendas, dejando a cientos de familias damnificadas.
Irónicamente, los incendios, sequías e inundaciones ocurrieron, al menos en Bogotá, durante los recortes por localidad del agua potable en Bogotá, provocado por la disminución de los embalses que brindan dicho servicio en los hogares capitalinos.
Heladas en zonas altas: la crisis agrícola de las alturas
En regiones de altitud como Cundinamarca, las heladas se intensificaron durante el primer trimestre de 2024, afectando gravemente los cultivos y los animales de las áreas agrícolas de páramo.

Las bajas temperaturas, combinadas con los efectos del fenómeno El Niño, generaron pérdidas significativas en la producción de alimentos básicos como papa, hortalizas y leche, lo que incrementó los costos para los consumidores.
Desafíos en las zonas rurales
Las áreas rurales del país enfrentaron un panorama especialmente crítico. Las lluvias constantes colapsaron puentes y carreteras, aislando comunidades vulnerables y dificultando la llegada de ayuda humanitaria. Los deslizamientos en zonas montañosas incrementaron la crisis de movilidad, impidiendo el acceso a servicios básicos y mercados.
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