
Alexander Díaz Mendoza. también conocido como Calarcá Córdoba, uno de los principales comandantes de las disidencias de las Farc, manifestó que ve complicado llegar a un acuerdo de paz con el gobierno de Gustavo Petro en los dos años que restan de su mandato. En un hotel localizado en un céntrico barrio de Bogotá, Córdoba habló con Semana, mientras se llevaba a cabo el quinto ciclo de negociaciones con el gobierno.
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Córdoba sostuvo que “es muy difícil firmar un acuerdo de paz en dos años”. Argumentó que el conflicto en Colombia no se puede solucionar en un periodo tan corto, teniendo en cuenta que lleva más de 60 años activo. “El problema en Colombia no surgió hace tres o cuatro años, llevamos 60 años y no lo solucionamos en uno o dos”, señaló.
Según Córdoba, la desfavorabilidad del Gobierno de Petro afecta directamente la mesa de negociación. Comentó que muchas de las reformas presentadas por Petro al Congreso no han tenido éxito, lo cual genera dudas sobre la viabilidad de los acuerdos. “Si no pasan las reformas de Petro, ¿qué van a pasar los acuerdos que estamos haciendo? Es muy difícil”, aseveró.
A pesar de lo anterior, Córdoba afirmó que continúan sentados en la mesa de negociación porque creen que es posible avanzar en varios puntos.
No obstante, Córdoba dejó en claro que no se ve entregando las armas como parte del proceso de paz. Recordó que ya en 2016, durante el proceso de paz que llevó a la desmovilización de las Farc, decidió no entregar las armas. Indicó que, en las conversaciones iniciales con el entonces comisionado de Paz, Danilo Rueda, esta postura fue comunicada claramente. “Le dejamos claro que íbamos a apostar por la paz, pero no arrodillados ni entregando las armas”, afirmó.
Córdoba expresó desconfianza en la capacidad de Petro para lograr la paz, mencionando que el presidente Petro “se quedó solo”, refiriéndose a la falta de apoyo que percibe en el ámbito político. “Todo parece que está trancado. Estamos en un momento difícil”, manifestó, sugiriendo que el panorama político no es favorable.
Ante la posibilidad de que un nuevo gobierno en 2026 decida suspender los diálogos de paz, Córdoba comentó que las disidencias no temen enfrentamientos. “Hemos enfrentado la guerra durante estos años, no nos asusta. Si llega un gobierno que levante la mesa, no nos preocupa. Estamos demostrando que queremos la paz”, indicó.
En términos económicos, Córdoba reveló que el internado para el proceso de paz ha tenido un costo de 3.000 millones de pesos.

Recalcó que las condiciones actuales no son las adecuadas para que los acuerdos avanzados se finalicen en el corto plazo. “Tal vez el presidente Petro tenga en su imaginación que se puede hacer, pero no lo acompaña el gobierno que tiene”, declaró. Además, subrayó que gestionar cambios estructurales y resolver problemas endémicos como el hambre, la pobreza y la desigualdad es un proceso complejo que no se puede resolver en un corto plazo.
Las disidencias de las Farc, que tuvieron un importante auge después del proceso de paz firmado en 2016 por Juan Manuel Santos, están enfrentando una nueva ola de tensiones internas que podría llevar a enfrentamientos armados. Según cifras recientes, actualmente casi el 70% de los combatientes desmovilizados en 2016 se han unido a distintos grupos disidentes. Calarcá Córdoba, uno de los líderes polémicos en estos grupos, señaló que “las amenazas son serias” y que es probable que las diferencias se resuelvan a tiros.
Hoy en día, el Gobierno de Gustavo Petro negocia solo con el 47% de estas disidencias, conocidas como el Estado Mayor, que incluye a los bloques Jorge Suárez Briceño, Magdalena Medio Gentil Duarte, y el Frente Comandante Raúl Reyes, entre otros. El restante 53% está bajo el mando de Iván Lozada, también conocido como Iván Mordisco.
Calarcá, que opera en regiones como Caquetá, Huila, Putumayo, Meta y Guaviare, reveló que Mordisco –líder conocido por su crueldad en ataques recientes en Cauca– prefiere resolver las controversias con violencia. “Nosotros no estamos encaminados en la guerra, pero el camarada Iván nos va a llevar a una confrontación en los territorios”, afirmó. “La equivocación más grande que puede cometer el camarada es creer que nos va a someter o exterminar a tiros”.

Las tensiones entre Calarcá y Iván Mordisco no son nuevas. Desde que el segundo decidió abandonar el proceso de paz de Santos, ambos grupos han mantenido una relación de desconfianza y rivalidad. Según Calarcá, esa desconfianza se intensificó cuando Gentil Duarte fue enviado a someter a Mordisco y éste lo vio como una amenaza a su mando.
Otro punto crítico en las actuales diferencias se debe al manejo de las negociaciones de paz. Calarcá, que tiene bajo su mando a más de 2.000 combatientes, expresó su desacuerdo con la propuesta de una constituyente que ha estado promoviendo el Gobierno de Petro. En sus palabras, “nosotros no le apostamos a eso. Si Petro se puede reelegir, que lo haga, pero el tema de la constituyente, no; hay mucho problema.”
Financieramente, Calarcá detalló que sus disidencias se sostienen con fondos provenientes de extorsiones y del “impuesto” a compradores de coca. “Nosotros les cobramos a las contrataciones estatales. A algunos contratistas les decimos que les corresponde pagarnos el 5 o el 1%, eso se socializa.” Este financiamiento es clave para su operación y el presupuesto mensual por guerrillero asciende a 900.000 pesos.

En cuanto a infraestructura, Calarcá reconoció que financiaron la construcción de un internado en Yarí, Gentil Duarte, aunque no está avalado por el Ministerio de Educación debido a su origen ilegal. Según él, “el internado valió unos 3.000 millones de pesos”.
Las relaciones con otros líderes disidentes también son complicadas. De Rodrigo Londoño, Timochenko, Calarcá afirma que le falló el “motor ideológico”. Sobre Iván Márquez y la Segunda Marquetalia, expresó: “cometió una embarrada en la firma de los acuerdos de 2016″. Márquez no logró mantener la cohesión en el grupo después del proceso de paz.
La muerte de Gentil Duarte aumentó las tensiones. Calarcá indicó que, tras varios desacuerdos, llegaron a la conclusión de que no podían seguir hablando de una dirección conjunta cuando “dos o tres determinaban lo de una dirección de 15 personas”. Esto derivó en una ruptura interna que ahora amenaza con desencadenar en acciones armadas.
Finalmente, sobre su relación con Juan Manuel Santos, Calarcá es contundente al afirmar que “se robó” el Premio Nobel de Paz, argumentando que el expresidente sólo tuvo éxito en la desmovilización, pero no en la verdadera pacificación del país.
“Entre balas van y balas vienen, cualquier cosa pasa,” afirmó Calarcá sobre su posible enfrentamiento con Iván Márquez.
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