
La primera vez que Sharon Ho y Moisés Reis Santos se vieron no imaginaron que aquel encuentro iba a cambiarles la vida. Ella estaba de vacaciones en Isla Grande, Brasil, en el verano de 2022, en un viaje de despedida con su mejor amiga antes de que ella se mudara a Australia. Él vivía allí, trabajaba como marinero y jamás pensó que una pregunta casual en medio de la noche —“¿ustedes van a salir de fiesta?”— sería el comienzo de una historia que los llevaría a construir una vida entre dos países.
Lo que parecía un amor de verano se transformó en una relación que desafió la distancia. Llegaron las videollamadas diarias, los viajes de Sharon a Brasil y el darse cuenta de que aquel vínculo era mucho más que una aventura pasajera. Con el tiempo, ella dejó Buenos Aires para compartir su vida con Moisés en la isla paradisíaca donde se habían conocido, aunque siguió conservando un fuerte vínculo con la Argentina, país que terminó convirtiéndose también en un hogar para él.
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Pero hay algo más: la historia de Sharon tiene otro cruce de fronteras como punto de partida. Es hija de un inmigrante coreano que llegó a la Argentina siendo un adolescente y sin hablar español, y de una chaqueña que se enamoró de él en una época en la que las parejas entre culturas distintas no eran tan habituales. Esa experiencia familiar marcó su manera de entender la identidad y fue justamente lo que la llevó a contar su historia en redes sociales cuando comenzó a instalarse la idea de que Argentina era un país racista. El video en el que mostró a su familia —su mamá argentina, su papá coreano, ella como hija de esa mezcla y Moisés, un brasileño que eligió a la Argentina como uno de sus lugares en el mundo— se volvió viral.
“¿Cómo pueden decir que Argentina es racista si esta es mi familia?”, fue la idea que quiso transmitir Sharon. Para Moisés, que terminó enamorándose también del país, la sorpresa fue otra: no entiende por qué tantas personas hablan mal de Argentina cuando él descubrió una sociedad que lo recibió con los brazos abiertos. “Yo vivo en una playa, trabajo con turismo, pero si pudiera me quedaría en Argentina para toda la vida”, dice.
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La familia de Sharon Ho, el verdadero "crisol de razas": el videoque se hizo viral (Instagram / ilhagrande.paravos)
La noche que una vacaciones cambiaron todo
La historia de Sharon y Moisés empezó como empiezan muchas historias inesperadas: sin planes y lejos de casa. La pandemia de covid-19 ya daba aire y en 2022 el viaje por unos días a Brasil era un escape ideal tras meses de incertidumbre y encierro. Las playas fueron el lugar elegido para que las amigas pasaran los últimos días juntas. Sharon nunca imaginó que ese viaje iba a cambiar el rumbo de su vida.
Después de pasar unos días en Río de Janeiro, ambas decidieron conocer esa pequeña isla ubicada frente a la costa de la ciudad, un lugar que Sharon describe como “otro mundo”: más tranquilo, con otra energía y rodeado de naturaleza.
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La noche del sábado en la que la pareja se conoció no comenzó de la mejor manera. Las amigas habían planeado salir a bailar, pero la cena previa se demoró más de la cuenta y eso hizo que llegaran tarde al lugar al que querían ir. Ya estaban resignadas a hacer una larga fila cuando, en medio de la caminata, apareció Moisés.
“Aparece de la nada y nos pregunta: ‘Chicas, ¿ustedes se van de fiesta?’. Y yo medio que me asusté porque estaba oscuro, me sorprendió”, recuerda Sharon entre risas, aunque admite que en ese momento estaba molesta por la demora que había cambiado sus planes. Para Moisés, en cambio, la escena fue diferente. Caminaba con un amigo cuando vio pasar a las dos chicas. Sharon llamó su atención y decidió acercarse. “Mi amigo me dijo: ‘Mirá qué chicas hermosas’. Yo miré a Sharon y pensé que sí y que tenía que intentar conocerla”, cuenta. Ese primer intento no salió como esperaba y Moisés siguió su camino.
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La casualidad hizo el resto. Minutos más tarde volvieron a cruzarse en el ingreso del boliche. Moisés entró porque no tenía que hacer fila, mientras Sharon y su amiga quedaron afuera. Ella incluso intentó seguirlo —porque aunque él no se diera cuenta, ellas estaba justo detrás— pero no pudieron pasar y siguieron a otro lugar de la isla, donde más tarde volvieron a encontrarse. Esta vez sí hablaron. Sharon se disculpó por el trato anterior y explicó el motivo de su molestias. “Ahí empezamos a hablar y nunca más terminó”, cuenta Sharon.
Durante los días siguientes, Moisés se convirtió en el guía de aquellas vacaciones. Como trabajaba con turistas y conocía cada rincón de Isla Grande, empezó a llevarlas a recorrer playas y lugares escondidos de la isla.
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Para Sharon, todavía podía tratarse de un romance de verano, y llegó el momento de regresar a Buenos Aires. Entonces, algo cambió: Moisés siguió escribiéndole por redes sociales y, de a poco, esas conversaciones se transformaron en videollamadas diarias. Casi sin darse cuenta, ambos pasaron a formar parte de la rutina del otro. “Yo nunca pensé: ‘Esto va a definir mi vida’. Me dejé llevar”, explica Sharon.
La distancia entre Argentina y Brasil parecía un obstáculo, pero terminó convirtiéndose en una prueba de cuánto querían seguir conociéndose. A los pocos meses, Sharon volvió a Isla Grande. Durante el primer año viajó tres veces mientras continuaba trabajando junto a su amiga desde Argentina. Luego, las estadías comenzaron a extenderse hasta llegar a los dos meses. Para Moisés, hubo un momento en el que entendió que la relación iba en serio. “Cuando ella empezó a ir a la isla tres veces en un año, ahí pensé: ‘Esto va a seguir’”, dice.
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Finalmente, Sharon tomó una decisión que cambiaría su vida: quedarse en Brasil junto a él. Comenzó a trabajar en turismo y a compartir con Moisés no solo una relación, sino también un proyecto en común. La isla que había sido escenario de un encuentro inesperado terminó convirtiéndose en el lugar donde ambos empezaron a construir un futuro juntos.

Una familia que los recibió con los brazos abiertos
Después de consolidar su relación en Brasil, llegó uno de los momentos más importantes: el encuentro de Moisés con la familia de Sharon en Argentina. Ella sabía que su llegada podía generar sorpresa. No por ningún tipo de rechazo, sino por la historia de su propia familia: una historia marcada por el cruce de culturas y por un amor que décadas atrás también había desafiado las distancias.
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Cuando decidió invitarlo a Buenos Aires, no hizo un anuncio formal. Simplemente le contó a sus padres que volvería a visitarlos y que no viajaría sola. “Yo nunca le dije a mi papá ‘tengo novio’. Le dije: ‘Voy a ir a casa’ y cuando me preguntó si iba sola, le dije que no”, cuenta entre risas.
El encuentro se dio apenas Moisés llegó al aeropuerto. Allí conoció a Aldo Ho y Graciela Escalante, los padres de Sharon. Aunque la sorpresa existió, duró poco. La conexión entre suegro y yerno fue inmediata. “Yo nunca tuve miedo de que mi familia lo discriminara o lo viera diferente”, asegura Sharon. Con el tiempo, Moisés pasó a ocupar un lugar dentro de la familia. Tanto que hoy bromean con que sus suegros lo quieren más que a ella.
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La integración también se construyó alrededor de algo muy argentino: la mesa familiar. En su casa conviven sabores y tradiciones de distintos lugares. “Tenemos asado con arroz, con kimchi y con feijão”, cuenta Sharon. Moisés aprendió a hacer las comidas típicas argentinas y reconoce que la primera vez no fue sencilla: “La primera vez que hice asado lo quemé... Era totalmente distinto al que se come en Brasil”, recuerda entre risas. Hoy es uno de los encargados de cocinar cuando se juntan.
Del otro lado también hubo un encuentro cultural. Sharon viajó a Bahía para conocer la familia de Moisés y quedó sorprendida por la cantidad de personas que forman parte de su mundo. “Se quedó loca porque no paraba de conocer gente: muchos primos, tíos, hermanos”, cuenta él.
Con el tiempo, las diferencias dejaron de ser una pregunta y pasaron a ser parte de la riqueza de la pareja. Brasil y Argentina, dos idiomas y varias tradiciones conviven en una misma historia. Actualmente dividen su vida entre ambos países.
Durante la temporada turística regresan a Isla Grande, donde tienen su agencia de excursiones, Ilha Grande Para Vos, orientada principalmente a turistas de habla hispana. Allí reciben visitantes y recorren las playas que alguna vez fueron el escenario de su propio comienzo.
La historia de amor que empezó antes: Aldo y Graciela

Mucho antes de que Sharon cruzara una frontera por amor, su propia familia ya había protagonizado una historia parecida. En 1978, Aldo Ho llegó a Argentina desde Corea cuando tenía apenas 17 años. Viajó junto a sus padres y sus hermanos buscando un futuro diferente en un país del que no conocían nada más que su nombre.
El desafío fue enorme. No hablaba español, no conocía las costumbres y tenía que empezar una nueva vida lejos de su lugar de origen. “Imaginate que en ese momento no había redes sociales ni manera de conocerlo por Internet. Venían a un lugar nuevo sin saber con qué se iban a encontrar”, explica Sharon.
Pese a las primeras dificultades, su padre aprendió el idioma con la práctica diaria, trabajando y escuchando a quienes lo rodeaban. No fue a través de un curso ni de una enseñanza formal: fue la necesidad de comunicarse la que lo llevó a incorporar una nueva lengua. Después de pasar un tiempo en Buenos Aires, Aldo llegó al Chaco, donde encontró una oportunidad laboral en la industria textil y comenzó una nueva etapa. Allí conoció a Graciela Escalante, una chaqueña rubia que trabajaba para un familiar suyo. Ese encuentro terminó formando una familia que, años después, sería el ejemplo que Sharon llevaría como bandera.

Desde chica convivió con dos mundos: las tradiciones coreanas de su padre y las costumbres argentinas de su madre. Nunca sintió que esas identidades fueran opuestas. Para ella, la historia de sus padres explica mucho de su manera de ver los vínculos.
“Hay cosas que la gente que no conoce Argentina no lo ve y una es que nosotros estamos acostumbrados a que todos tengamos los mismos derechos. Eso para nosotros es lo lógico”, sostiene y dice que no entiende la campaña anti Argentina instalada desde el inicio del último mundial. “Debido a todo eso, le pregunté a mi papá si alguna vez se había sentido discriminado y me dijo que no”, cuenta.
Sharon reconoce que quizás alguna vez alguien pudo haber confundido gentilicios por sus rasgos asiáticos (como preguntar si era chino), pero considera que la verdadera integración pasa por otro lugar. “La discriminación no es solamente que se confundan rasgos, pasa por si te dan un espacio o no para estar en un lugar”, reflexiona. Esa enseñanza familiar fue la que años después la llevó a contar su historia públicamente. “A mi, a los cinco años, en el jardín de infantes, me dieron la bandera argentina y a nadie le pareció que no debía llevarla por mis rasgos. Nadie lo pensó”, sentencia.
Argentina, un amor que une
La historia de Sharon y Moisés también empezó a contarse hacia afuera cuando Sharon decidió responder a aquellas acusaciones infundadas con el mejor ejemplo: su propia familia. La idea nació después de ver cómo en redes sociales se repetía una discusión sobre Argentina y las acusaciones de racismo que algunas personas hacían contra el país. En lugar de responder con una opinión, eligió mostrar su propia experiencia.

“Yo pensaba: ¿cómo podés decir que Argentina es racista viendo mi familia?”, explica Sharon. Para ella, la imagen de los cuatro juntos era suficiente para plantear una pregunta: cómo podía definirse a un país entero desde el prejuicio cuando su propia historia estaba atravesada por la integración de culturas diferentes.
Pero la repercusión del video también estuvo ligada a la mirada de Moisés a quien algunos amigos en Brasil le cuestionaron que alentara a la Selección argentina durante el Mundial y que hasta le dijeron que no entendían cómo podía ponerse esa camiseta.
Moisés experimentar qué es ser argentino en Buenos Aires
“Me preguntaban: ‘¿Cómo vas a hinchar por Argentina si ellos son racistas?’”, contó Moisés. Su respuesta fue mostrarles una realidad que ellos no conocían: la familia que había formado, la manera en que había sido recibido y la vida que estaba construyendo del otro lado de la frontera.
Con el tiempo, incluso llegó a discutir esas ideas con personas cercanas que nunca habían vivido en Argentina. “Yo estoy acá y veo cómo es la gente. No entiendo por qué hablan mal de Argentina”, dice y lamenta no haber podido festejar a la Selección como se la festejó en 2022. “Pero fuimos a festejar ganarle a Inglaterra”, cuenta. Para él, muchas de esas críticas nacen de una imagen construida desde lejos y no de la experiencia cotidiana.

Hoy, mientras siguen repartiendo su vida entre Buenos Aires e Isla Grande, Sharon y Moisés aseguran que su historia es una prueba de que las diferencias culturales pueden convertirse en un punto de encuentro. Una pareja que nació en una isla brasileña, pero que terminó uniendo dos países a través del amor, la familia y una misma manera de mirar el mundo.
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