Los expertos advierten de los impactos medioambientales de los deshechos que se vierten cada año (Archivo)
Los expertos advierten de los impactos medioambientales de los deshechos que se vierten cada año (Archivo)

Al igual que pasa con los impactos del cambio climático y los malos hábitos alimenticios, los efectos del desperdicio de alimentos no se sienten de inmediato. Usted puede fijarse en la cantidad de sobras y productos en mal estado que arroja a la basura cada semana, pero no ve las montañas de desechos en descomposición en los vertederos, que generan miles de millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero y desperdician los recursos de agua dulce de la Tierra.

La Fundación James Beard, con su nuevo director ejecutivo Clare Reinchenbach al frente, quiere usar su plataforma nacional para crear conciencia y ayudar a los chefs profesionales y cocineros caseros a combatir un complejo problema de producción, suministro y consumo que anualmente produce el desperdicio de aproximadamente un tercio de toda la comida cultivada en el mundo. Como parte de su nueva campaña, la fundación ha lanzado un nuevo libro de cocina titulado Sin desperdicios, que ofrece consejos y recetas dirigidas por chefs que utilizan verduras enteras o partes. También ha lanzado una promoción semanal, Sin desperdicios los miércoles, para alentar a los consumidores a aprender cómo administrar mejor los alimentos de su hogar.

"Queremos construir un movimiento alrededor de eso", dijo Reichenbach en una entrevista telefónica.

Teóricamente, según las notas de la fundación, si los estadounidenses eliminaran el desperdicio de alimentos un día a la semana durante todo un año, el esfuerzo ahorraría 7.8 millones de toneladas de alimentos, suficiente para proporcionar 13 mil millones de comidas para los hambrientos. Pero incluso si todos los estadounidenses no se unen a la causa, especialmente la generación millennial, la generación que menos confía en sus habilidades de cocina, el chef, restaurador y activista Tom Colicchio dice que aumentar la conciencia será suficiente. Por ahora.

"Creo que la gente solo necesita entender cuánto está desperdiciando", comentó Colicchio. "No se ven los desechos. No se ve la cantidad de comida que se deposita en la basura, pero equivale a entre USD 1.500 y USD 1.800 por persona al año".

Colicchio, que renunció al grupo de Acción sobre Políticas Alimentarias que él mismo fundó, sabe que hay desechos en toda la cadena alimentaria, desde granjas hasta supermercados, restaurantes y hogares. Colicchio también está ayudando a un grupo a reducir los desechos del supermercado al convertirlo en fertilizante y alimento para animales.

"Cada persona individual puede jugar un pequeño papel, y eso definitivamente reducirá el desperdicio de comida", comenta Colicchio. "Pero si puedes conseguir algunos grandes promotores aquí, creo que eso hará mella en los residuos".

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¿Qué pueden hacer los cocineros caseros (e incluso los comensales) para ayudar a reducir los desperdicios? Colicchio, Reichenbach y los chefs que contribuyeron a Sin desperdicios tienen algunos consejos:

Hacer uso del congelador. Si está asando un pollo, por ejemplo, Colicchio aconseja que guarde los huesos sobrantes en el congelador. Cuando hay suficientes huesos almacenados, se puede hacer un caldo de pollo, que es bueno para las sopas, los risottos, los estofados… O si está cocinando una olla grande de frijoles (más de lo que posiblemente pueda comer de una sola vez), congele el resto para más tarde.

"La gente no hace un buen uso del congelador", lamenta Colicchio. "Hemos hecho un buen trabajo al decir a la gente que tienen que usar productos frescos y no usen el congelador. Y si lo usa, es una parada antes de que llegue a la basura".

Guarde esas frutas. Por ejemplo, puede colocar bananas maduras en una bandeja para pan, con las pieles intactas, y hornearlas durante 15 minutos a 175 grados Celsius hasta que las cáscaras estén negras. "Una vez que estén fríos, se pueden pelar los plátanos asados y congelarlos en una bolsa hermética", escriben los autores. "No se oscurecerán en el congelador, y son perfectos para batidos y pan de plátano". Del mismo modo, coloque bayas individuales en una bandeja o un plato para hornear y congélelas durante la noche, sin tapar. Una vez que las bayas estén congeladas, guárdelas en bolsas con cierre en el congelador.

Selección de restaurantes en función de sus políticas de residuos alimentarios. ¿El chef de su restaurante favorito usa verduras enteras? ¿Utiliza los restos de vegetales o huesos de animales? ¿Adopta una filosofía especial cuando usa animales? Estas prácticas (o la falta de ellas) pueden afectar la decisión de un comensal sobre dónde comer, pero son particularmente importantes para los millennials, que están "cada vez más motivados por el valor", dice Reichenbach.

Acérquese a la fuente de su comida. Colicchio recuerda cómo sus abuelos, que vivieron la Gran Depresión, "freían tocino por la mañana y ahorraban grasa". Formaban parte de una generación que valoraba los alimentos, en parte porque estaban cerca de las personas que cultivaban o vendían los productos. Iban al carnicero a por carne. Visitaban lugares de venta de hortalizas. Pero a media que el país se hacía más rico y creaba sistemas agrícolas y de fabricación que podían producir productos baratos y convenientes, los estadounidenses se fueron desconectando cada vez más de las personas a lo largo de la cadena alimentaria.

"Es un potencial humano que estamos desperdiciando porque no conocemos a esa persona, así que no valoramos su trabajo. Eso es algo que yo alentaría a la gente a hacer: salir y conocer a la persona que está produciendo la comida", subraya Colicchio.

"Mi esposa bromea diciendo que tengo el alma de una ama de casa de la era de la Gran Depresión porque tiendo a guardar las cosas. En parte es por mi preparación como chef", apostilla.