Jaime Maldonado-Aviles es un ex neurocientífico de la Universidad de Yale que decidió convertirse en sacerdote en la Escuela de Teología de la Universidad Católica de América (The Washington Post/Linda Davidson)
Jaime Maldonado-Aviles es un ex neurocientífico de la Universidad de Yale que decidió convertirse en sacerdote en la Escuela de Teología de la Universidad Católica de América (The Washington Post/Linda Davidson)

A pesar de ir en busca de la verdad, investigando los cerebros de ratas de laboratorio y descubriendo los misterios de la adicción y la depresión, Jaime Maldonado-Avilés estaba lleno de dudas.

¿Era eso lo que tenía que hacer en la vida? Gracias a su méritos en la universidad, logró una prestigiosa beca y ocupó una plaza de post-doctorado en Yale (Connecticut). Sin embargo, él se preguntaba ¿Es esto lo que Dios quiere de mí?

Finalmente, la vocación que sentía por Dios se hizo demasiado fuerte como para ignorarla. El prometedor neurólogo abandonó el laboratorio de investigación de la Liga Ivy y entró en el seminario de la Universidad Católica de América, en Washington, para convertirse en sacerdote.

Iglesia principal Sveti Jakova de Medjugorje
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"Esta intuición era frecuente porque, quizás, había sido llamado para servir de una manera diferente", comenta. "En otros momentos de la vida me haría la misma pregunta: a los noventa años, y cerca de la muerte ¿debería haber entrado en el seminario?", relata.

Y el entró. Ahora, dentro de la Iglesia, espera ayudar para que los católicos entiendan a los científicos y que los científicos entiendan a los católicos.

Los científicos son un lote secular, en general. Mientras que el 95 por ciento de los estadounidenses afirman creer en Dios o en un ser superior, el 51 por ciento de los científicos también dicen tener este tipo de creencias, según un estudio de Pew publicado en 2009. Un número pequeño pero significativo está pasando de la investigación al sacerdocio, lo que supone un cambio de perspectiva basada en la ciencia para la Iglesia Católica. Muchos líderes aseguran que eso es muy necesario.

(AFP)
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Cuando Maldonado-Avilés llegó a la Escuela de Teología para realizar un seminario de la Universidad Católica, muchos de sus compañeros eran hombres jóvenes que acababan de salir de la universidad. Entre ellos encontró a un seminarista que tenía un doctorado en química, otro que había estudiado nanotecnología y un compañero que primero fue a la Escuela de Medicina.

Ken Watts ejerce como responsable de selección en el Seminario del Papa Juan XXIII, una escuela de Massachusetts abierta únicamente para hombres mayores de treinta años, a veces mucho más mayores, que deciden convertirse en sacerdotes. La carrera más común que han estudiado sus integrantes es educación, después atención sanitaria, el servicio militar, trabajo social y trabajos religiosos. Todos esos campos, lógicamente, pueden guiarte hasta el sacerdocio. Pero él también ha traído científicos a ese lugar.

(iStock)
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"Parece que encajan muy bien, eso es todo lo que puedo decir. No parece que haya una lucha para traer sus nociones científicas a la puerta. Nadie les ha pedido que abandonen sus carreras", afirma Watts. "Cuando las cuestiones morales son las que giran alrededor de las áreas médicas y científicas, es útil que haya gente cerca que realmente entienda ese mundo. Eso ayuda a entender el pensamiento de la iglesia sobre esos campos", agrega.

Suzanne Tanzi, portavoz de la Escuela de Teología, reconoce que varios científicos se han inscrito allí. Asegura que los sacerdotes-científicos son particularmente útiles para el medio ambiente, una de las preocupaciones del actual Papa, que de hecho fue químico. El primer escrito importante del Papa Francisco giró entorno al medio ambiente y, desde ese momento, se ha convertido en un gran defensor de las políticas para reducir el cambio climático en todo el mundo.

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Como dice Watts: "Son muy, muy valiosos".

A Maldonado-Avilés, las ideas de sacerdocio empezaron a una edad relativamente temprana, en su época de juventud, mientras crecía en Puerto Rico. Participó en varias misiones cuando era estudiante de secundaria y se preguntaba cómo sería crecer siendo un misionero.

Sin embargo, decidió estudiar biología en la Universidad de Puerto Rico, donde obtuvo una beca de los Institutos Nacionales de Salud, destinada a los estudiantes mejor cualificados. Tras obtener su doctorado en la Universidad de Pittsburgh, realizó un programa de posgrado en Yale, donde pasó seis años. Allí estuvo investigando las bases moleculares de los trastornos alimentarios.

Hace casi tres años tuvo una oferta de trabajo que, a simple vista, parecía perfecta: una posición que le permitía seguir con la investigación en la Escuela de Farmacia de la Universidad de Puerto Rico. El trabajo le permitiría estar más cerca de su familia, algo que él había estado deseando. Eso suponía una estabilidad a largo plazo, un buen salario y la oportunidad de seguir investigando de una forma interesante y significativa.

(AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI)
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Después de pensarlo mucho, el joven rechazó la oferta.

"Tengo que explorar seriamente esas preguntas", se dijo. Y ahí fue cuando comenzó su proceso de formación sacerdotal.

Se requieren dos años de filosofía y cuatro años de teología. Para él, que nunca estudió ninguna de esas materias, eso significaba seis años de escuela. Ahora, a los 37 años, ya está en su tercer año.