Foto cedida por Valeria
Foto cedida por Valeria

"Te dicen 'qué hermosa eres', que 'qué negrita tan bonita', que 'hubieran querido nacer negros'".

"En Ciudad de México hay racismo si no eres blanco, no importa si es entre mexicanos. Ser blanco siempre te ayuda a tener mejores oportunidades", me dijo un amigo mexicano apenas llegué a Ciudad de México. Emigré hace dos años a la ciudad y solo he tenido un par de pequeños problemas. Estando en un café de la colonia Narvarte, le comenté a la persona encargada del lugar que la comida y café que había pedido no me gustaron, y que quería cambiarlos. El señor, como de unos cincuenta años y ojeras predominantes, al escuchar mi obvio acento me dijo "ustedes los extranjeros se creen que tienen la razón en todo, por algo se fueron de su país". Me fui del lugar.

La otra situación que vivi fue en un banco, también llegando a la ciudad. Quise hacer un retiro de efectivo para pagar mi renta. Di todos mis papeles y cuando el ejecutivo se dio cuenta de mi acento, me dijo que necesitaba ver mi INE. Le dije que aún no tenía, que me estaban tramitando en migración el FM3 que demostraba mi residencia legal en el país. Me dijo que "lo necesitaba por órdenes de arriba", ya que él no sabía si yo estaba legal o ilegal en la ciudad. Le dije que en ningún lugar decía que necesitaba eso para retirar mi dinero, solo mi pasaporte. Hizo caso omiso y me dijo que no podía hacer nada. A día de hoy, he retirado efectivo decenas de veces y jamás me han pedido el INE, con la tarjeta del banco y saberme mi clave y datos ha bastado.

Muchos compañeros sudamericanos me han contado de sus historias en la entrada de inmigración en el aeropuerto de Ciudad de México. Varios afirman que debido a ser de cualquier país de Sudamérica, los oficiales de inmigración los tratan distinto y, mis compatriotas venezolanos, aseguran que por tener el pasaporte azul de la República Bolivariana de Venezuela, les complican o niegan la entrada más que a personas de otra nacionalidad.

Jacqueline L' Hoist, presidenta del Consejo Para Prevenir y Eliminar la Discriminación (COPRED) en la Ciudad de México, dijo en el programa "La nota dura", que las personas de la capital "discriminan más por motivos de raza y clase que por preferencia sexual. Creo que somos más racistas y clasistas que homofóbicos en Ciudad de México". L' Hoist también dice que la discriminación aparece cuando las personas se encuentran con alguien que tiene un "bajo nivel académico, de diversidad sexual y de género; color de piel o apariencia".

En estos dos años que llevo en la ciudad no he tenido algún otro problema. Pero sé que varias personas sí, y contacté a seis inmigrantes que actualmente viven y han sufrido algún tipo de discriminación racial para que me contaran sus historias. Esta primera entrega tiene tres historias: Valeria, Ernesto y Rafael.

Ernesto, venezolano, 3 años en México.

Todos saben la situación de los venezolanos. Con cada persona que hablo en la calle, no me queda de otra que platicar sobre la situación de mi país ante la insistencia de ellos por conocer un poco más sobre si realmente las cosas son como dicen los medios de comunicación. No tuve problemas al entrar al país, arregle mi situación legal en relativamente poco tiempo y empecé a buscar trabajo. Soy negro, vengo de Guatire, Miranda. Acá en Ciudad de México les llaman negros a personas que son mestizos o tienen ascendencia indígena. Pero yo me parezco más a los afroamericanos que a los indígenas. En Venezuela no tuve problemas en ninguna entrevista de trabajo, pero acá ha sido una de las pruebas más difíciles que he tenido en mi carrera profesional. Soy arquitecto, y el mundo de la arquitectura en Ciudad de México es un poco cerrado: los mejores puestos y empresas están reservadas para gente que se viste con ropa cara, blanca, o tiene algún apellido europeo. En dos empresas importantes, he llegado al último filtro, pero misteriosamente las tres veces he perdido el puesto contra candidatos blancos. Además, he sentido cierta mirada en las y los reclutadores. Me han mirado con desprecio o siendo bien condescendientes, como si venir de Venezuela y ser negro me hiciera menos que cualquier persona blanca.

En una de las últimas entrevistas que tuve, un conocido trabajaba en esa empresa. Me dijo que es un lugar bien clasista y racista, y que se caracteriza por contratar gente de familias acomodadas y que siempre tratan de que sean "bien parecidos". Está lleno de graduados de las universidades más caras de Ciudad de México que sus familias tienen un poder adquisitivo bastante alto. He decidido apuntar más bajo, para poder conseguir trabajo. Y lo logré, como freelance, que no es lo que quería pero algo es algo.

Pero esta historia no es la mayor situación de racismo que he vivido. Lo peor que me ha pasado es intentando rentar habitaciones o departamentos. Apenas llegué a las caseros no les interesaba mucho saber de dónde era. Solo lo preguntaban casi al final cuando estábamos ya cerrando el deal. Últimamente es lo primero que preguntan. "Oye, ¿de dónde eres?" Apenas digo que soy venezolano, me dicen que prefieren no rentar sus inmuebles a personas de ese país porque saben que todos tenemos problemas económicos y que lo más probable es que no tengamos como pagar su renta. Lo peor es que un par de veces me dijeron "de igual forma espero que su país mejore". En una ocasión me dijeron que "es que ustedes los venezolanos vienen y luego hospedan a más venezolanos en el lugar y se complica". Algo bien sin sentido. Actualmente en donde vivo, tuve que medio esconder mi acento con el casero y no decirle que era venezolano para no tener problemas al rentarle.

Valeria, colombiana, 7 años en México.

En los aeropuertos siempre me revisan, hasta los calzones, no importa que saque luz verde, siempre me revisan. Sé que es el estigma de ser colombiana, pero siempre creen que llevo drogas o algo así. Las colombianas güeras no son tan sospechosas como las colombianas racializadas. Acá en México, estudié danza en una escuela profesional de Danza contemporánea. Pasé el examen de admisión, sin embargo, entré a la escuela con la condición de que debía bajar de peso. Las maestras me decían gorda todo el tiempo. Soy delgada, nunca he pesado más de 55 kilos, mis piernas son súper gruesas, tengo una complexión gruesa y nunca he creído que deba modificar mi cuerpo para poder bailar. En esa época era muy joven para saberlo y sí, me dejé llevar por la presión de no tener un cuerpo blanco.

Con lo de cuerpo blanco me refiero, más que al color, a las medidas que corresponden a un cuerpo de color blanco: la extensión de las extremidades, la estrechez de las caderas, el largo del cuello, etcétera. En mi caso, las piernas no correspondían a las de una bailarina blanca y delicada. Son tan gruesas que mis maestras de danza las veían gordas y yo tenía que reducir su grosor para aprobar el semestre. Finalmente, renuncié a la escuela y estudié antropología. Mi cuerpo es mi historia, en mi cuerpo está la herencia de mis ancestros, ¿por qué tengo que alterar mis rasgos para ser aceptada en un escenario?

En la escuela de antropología también me topé con gente racista, nadie lo esperaría, ¿un antropólogo racista? Son los más y los peores. En algún momento tomé una clase que se llama "Culturas afroamericanas en México" y el profesor hacía chistes como: "los negros no pueden vivir a una altura de más de 1700 metros sobre el nivel del mar porque se hacen frappé". Todos se reían y yo no decía nada, me indignaba callada. Un día no aguanté más y reventé, le respondí. Algunos compañeros lo defendieron y salí del salón cerrando la puerta de un golpe. Mi nota final fue de 6, el único 6 de mi boleta global.

Los hombres. Siempre me ven como la chica caliente, que baila, que está alegre y contenta. He tenido tres relaciones sexo afectivas con índices de violencia muy alta. Aunque creo por completo que estas tres parejas que he tenido son hombres muy machistas, siento que el hecho de ser "negrita" (un factor muy atrayente para ellos, al comienzo) ha sido un motivo para maltratarme. La gente cree que las mujeres negras siempre queremos sexo, que siempre estamos calientes y buscando algo con todos los hombres del planeta, es una razón para ejercer control. Soy consciente de que a muchas mujeres les pasa, pero las razones por las que fui violentada casi siempre tenían que ver con mi forma de ser, de moverme, de expresarme, de relacionarme con los otros y conmigo misma. Vengo de otro lugar, me muevo diferente, hablo diferente y casi siempre, estas formas se confunden con que "tengo calentura y seguramente quiero algo más".

Por otra parte, la mal llamada discriminación positiva, que de positiva no tiene nada. Te tratan bien, te hablan chido. Te atienden rápido, te exotizan. Pero este trato es falso, de positivo no tiene nada, porque no les interesa la persona que eres sino el artificio que te decora. Por lo regular, llegan a tocarte el pelo sin permiso —una intromisión que es comparable con que te agarren las nalgas en el metro—, te dicen "qué hermosa eres" o "qué negrita tan bonita", que ellos hubieran querido nacer negros.

Y bueno, para las mujeres negras nuestro pelo es muy importante, yo tomé la decisión de llevarlo natural cuando tenía 15 años, en Colombia. Lo alisaba todo el tiempo, con secadora, plancha y productos químicos. El paso que di hacia mi reconocimiento como mujer negra fue cuando recibí mi pelo crespo natural. Fue lo primero que hice en esta vida de lucha que decidí adoptar.

Rafael, peruano, 5 años en México.

He sufrido todo tipo de racismo: por mi manera de hablar, mi color de piel, mi apariencia indígena (una ironía ya que en México sobran las comunidades hermanas indígenas). Siento que Ciudad de México es una ciudad bastante clasista, y en algunas zonas racista. Cuando he caminado de noche por lugares como Polanco, la gente me mira como si mi ropa o mi cara les indicara que los puedo asaltar. Recuerdo una noche en un restaurant bien conocido, de clase alta. Fui a cenar con mis padres ya que estaban de visita, y mis papás también tienen rasgos indígenas. Apenas llegamos, la persona que esperaba afuera del restaurant, no parecía muy convencida de que yo contara con reservación. El muy incrédulo buscó en la lista y vio mi nombre. Con cara bastante seria me pidió mi identificación y me señaló mi mesa.

Pedimos botellas de vino, entradas, etc. A mis papás siempre les ha gustado comer bien, los dos son doctores y tienen una solvencia económica buena. Además estábamos celebrando, teníamos tiempo sin vernos. Los meseros se tardaban en llevarnos la comida, nos servían con mala cara, ya que no estábamos vestidos como las demás personas que estaban en el restaurant. Luego de que pedimos la cuenta y pagamos, el host del restaurant (el de la entrada), me preguntó que cómo había estado la cena. Y luego me "informó" sobre el código de etiqueta para "este tipo de restaurantes". Ni teniendo el dinero, el clasismo o racismo baja.

La situación más reciente fue hace como cinco meses, me detuvieron unos policías y me pidieron mis papeles migratorios. No los tenía, ya que salí a buscar unas cosas para mi casa y no llevé mi billetera, el súper mercado queda muy cerca de mi casa. Me señalaron mi acento, y me preguntaron que si era de Guatemala. Fueron treinta minutos bien incómodos, ya que tuve que mostrarles que solo tenía mi tarjeta porque iba al súper mercado más cercano. Luego de escucharlos hablar entre ellos, los invité a ver dónde vivía y que no era ningún ilegal. Me dejaron ir pero advirtiéndome que siempre andaban por esa zona, y que si me volvían a ver sin mi identificación iba a tener "problemas serios".

Publicado originalmente en VICE.com