
A pesar de la lluvia y el tránsito imposible del día previo al 54 Super Bowl —calles cerradas, autopistas recargadas, locales al volante para buscar cerveza y vituallas para pasar el domingo con amigos frente a una pantalla—, los emigrados venezolanos en Miami se acercaron al Centro de Convenciones del Hotel Double Tree Hilton, cerca del aeropuerto, para escuchar a Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, cerrar su gira internacional. “¡Viva Venezuela libre!”, abrió el titular de la Asamblea Nacional su encuentro con sus connacionales. “Hoy esto es Venezuela. Todos. Con la esperanza intacta de regresar con lo aprendido”.
Había pasado ya una hora desde el momento en que se había llenado el escenario en el que hablaron el alcalde del condado de Miami-Dade, Carlos Giménez; el senador Rick Scott, varios congresistas —las demócratas Donna Shalala, Debbie Mucarsel-Powell y Debbie Wasserman Schultz, el republicano Mario Díaz Balart— y el embajador de Guaidó en Washington, Carlos Vecchio. Pero el acto no comenzaba porque afuera seguía la fila de personas que esperaba con paciencia la exhaustiva revisión de seguridad del Servicio Secreto. Varios vendedores aprovechaban la lentitud del proceso para ofrecer sus gorras, bufandas, llaveros y bandanas con los colores de la bandera venezolana.
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Frente al ingreso, tres personas sostenían pancartas escritas a mano contra Guaidó; a medida que la fila avanzaba quien quedaba frente a ellos les gritaba cosas:
—¡Esto no lo podrían hacer en Venezuela!
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—Por eso vivo en los Estados Unidos.
La policía, aburrida, miraba como un partido de tenis el intercambio verbal tan curioso como inofensivo.
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Dentro del salón, las familias trataban de entretener a los niños con los juegos en los celulares, casi todos sin señal, tumbada por la organización; más temprano que tarde se los veía corretear, algunos con sus gorritas de la bandera, otros con sudaderas impresas: “Hecho en Venezuela”.
Apenas ocho minutos después del horario anunciado el escenario —fondo amarillo azul y rojo, bandera de los Estados Unidos a la izquierda, logo de la gira #Agenda Internacional 2020 a los dos lados— comenzó a poblarse. Los políticos eran vivados cuando los reconocían, como el senador Scott, quien en sus tiempos de gobernador trató con la comunidad de emigrados, o la congresista Shalala. Algunas caras menos conocidas del escenario alentaban a la gente para que cantara:
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—¡Libertad! ¡Libertad!
Es cierto que la palabra se repitió muchas veces, al igual que el nombre de un país que nunca en su historia había conocido una emigración a gran escala y ahora, como dijo Guaidó, tiene una diáspora de casi cinco millones. Pero en realidad el canto que cada tanto se repetía era otro:
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—Maduro… —decía un grupo.
—¡…coño de tu madre! —le contestaban.
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Por fin el volumen de la música de fondo se fue suavizando y comenzaron las intervenciones. “Empiezo en inglés paro termino en español, no se preocupen”, dijo Giménez. “Como cubano-americano estoy consciente del sufrimiento del pueblo venezolano y lo siento de cerca. Este es el lugar perfecto para terminar la gira en busca de apoyo internacional”, dijo, en alusión a Miami, que desde 1959 se ha convertido en el hogar de la oposición a la revolución cubana: aquí todo lo que podamos hacer, lo haremos, para crear una Venezuela libre”.

El alcalde dio pie a que el público vivara al presidente estadounidense, Donald Trump, al llamarlo “un gran amigo del pueblo venezolano” contra “un dictador descarado que tiene a un país sufriendo una crisis política y humanitaria”. Y se retiró, entre coros de “U-S-A!”, dejando lugar a Shalala.
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La demócrata le dio la bienvenida a Guaidó, que todavía esperaba en bambalinas, “como un hombre de coraje”, y le aseguró que los floridianos como ella “estamos de pie, juntos, para luchar juntos por la libertad”. Shalala, una de las impulsoras del Estatus Protegido Temporario —el TPS, una legislación central para los inmigrantes, que se aprobó en la cámara baja con apoyo bipartidario pero no logró el voto republicano en el Senado—, cerró su discurso: “No descansaremos hasta que la dictadura corrupta de Nicolás Maduro haya sido llevada a la justicia”.
Mucarsel-Powell mencionó por primera vez la cuestión regional: “Estoy muy feliz de verme rodeada de tanta gente bella venezolana, nicaragüense y cubana”. También fue la primera en reconocer la gestión de Vecchio en Washington DC y de subrayar la importancia de la presencia de los venezolanos allí: “Ustedes tienen un papel muy importante mientras conseguimos un futuro en libertad, y eso es movilizarse para apoyar al presidente Juan Guaidó”.
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Detrás, la madre del mandatario interino, Norka Márquez, la aplaudía. A ella saludó, a continuación, Díaz Balart, quien volvió a la cuestión regional: “Quiero darle la bienvenida al presidente legítimo de Venezuela, Juan Guaidó, a la capital del exilio cubano. Aquí reside el patriotismo. Esta comunidad nunca se da por vencida". Díaz-Balart hizo un extenso agradecimiento a “aquellos que permiten que los americanos vivamos en libertad: los hombres y mujeres de las fuerzas armadas” y agradeció a Guaidó “por honrarnos con su visita”.

“¿Hay alguien de Weston?”, preguntó Wasserman Schultz, y muchas manos se levantaron. La congresista es vecina de la localidad al noroeste de Miami en la que hay una enorme comunidad venezolana. “Son mi familia y mis amigos”, dijo. Volvió a mencionar la importancia de seguir luchando por la aprobación del TPS y se dio vuelta para hablarle a Márquez: “Sepa que nosotros, aquí, en los Estados Unidos, cuidamos la espalda de su hijo”.
El senador Scott, en representación del presidente Trump, destacó que ese cierre de la gira de Guaidó era “un gran día para Venezuela”. Su presentación, breve, pareció comprender la ansiedad del público, que apenas calmaban unas arepas con queso que alguien previsor llevó para vender. Pronto le cedió la palabra Vecchio quien también se mantuvo del lado de la contención: agradeció, debida y diplomáticamente, el apoyo a los dos partidos principales del país, a los legisladores y a Trump, y tras señalar que la enorme cantidad de venezolanos emigrados que se movilizaron durante la gira de Guaidó son “muestra de la magnitud de la crisis y del compromiso de ustedes con la libertad”, presentó al hombre más esperado de la tarde.
“¡Esto es Venezuela!”, dijo Guaidó. “Tendremos la oportunidad de regresar a Venezuela para volver a convertirla en el país que era", aseguró. “Con lo aprendido. Porque hemos aprendido. Hemos aprendido a pagar un crédito. Hemos aprendido a respetar los semáforos”. Con eso logró el primer impacto cómplice entre el público. Muchos se rieron y un hombre, acaso en defensa de la nacionalidad resistente, estiró su camiseta como para mostrarle a Guaidó: “Se habla venezolano”, decía. “Arrecho, chévere, conflei, coroto, fresco, machete, macundales, musiú, pana”.
Guaidó siguió: “Gracias por no olvidar, por estar con el sentimiento intacto. ¿Vamos a poder? Sí, vamos a poder. Vamos a tener la oportunidad de regresar. Con lo aprendido —repitió—, porque hemos aprendido a respetar las instituciones. Aprendimos por las malas que la democracia siempre está en juego. Que la tenemos que defender”.
Tras hablar de las sanciones, mientras el público comenzó a corear “¡Intervención!”, Guaidó dijo: “En Venezuela hay ya una intervención, que es la de Cuba". Apeló entonces a un discurso menos controversial: Pero hoy Venezuela es una, no está dividida. Se acabó la época de la Venezuela polarizada entre ricos y pobres, o por ideologías. Hoy Venezuela es una".
Guaidó hizo un reconocimiento especial a la Asamblea Nacional venezolana, a los representantes “que no se prestaron a vender su conciencia”. Porque —siguió—, “imagínense que les ofrecen USD 1,5 millones por no ir un día a trabajar. Pero mantienen, mantenemos la mayoría”.
El venezolano habló muchas veces de la crisis humanitaria, del hambre, de los emigrados, de las familias divididas —"hay un millón de niños solos que dependen de lo que los padres les mandan desde el exterior"—, de los muertos por su oposición a Maduro. Comparó a Venezuela con un país en guerra: “Aunque no se vieron las bombas, están los avatares de la guerra”.
Maduro, dijo, tiene la posibilidad “de dejarnos en paz, como decimos los venezolanos: de tomar la salida”. Pero si no lo hace, agregó, “hay fuerza para avanzar”. Describió los logros de su gira internacional —“representándolos a ustedes, representando nuestros valores”— que terminó con ese acto en Miami, en la que obtuvo “el apoyo del mundo”. Aunque “es tarde para muchos”, dijo, “también estamos a tiempo para todos”.
El público volvió a corear:
—¡Intervención!
—Todas las opciones están sobre la mesa —dijo Guaidó, suavemente—. Y todas las opciones están también bajo la mesa. Pero no podemos pensar en eso para dejar de hacer nuestra parte. No podemos tercerizar la opción. Nos van a ayudar, pero que esa ayuda nos encuentre en la calle, en cada esquina, luchando.
Luego de solicitar la participación constante de los venezolanos en la comunicación —"cada mensaje es importante", “no dejemos que se naturalice la crisis”—, agregó que hace falta la ayuda de los emigrados en otros dos temas: “los recursos para atender la crisis humanitaria, salvando vidas" y “la organización de las manifestaciones”. La unidad, repitió, “es el vehículo fundamental: millones de venezolanos empujando en una dirección”.
Al respecto, agregó: "En los próximos días voy a estar regresando a Venezuela. “Tendremos grandes convocatorias. Prepárense para una gran movilización en Caracas”.
No agregó detalles, ni sobre su vuelta a su país ni sobre esa convocatoria: “Todo se anunciará oportunamente”. Y tampoco dijo nada sobre la el rumor que iba de boca en boca entre los asistentes: ¿se reuniría con el presidente Trump antes de partir?
—Stay tuned! —cerró, como se decía antiguamente en la televisión: quédate atento, no cambies de canal.
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