(Documental Nunca Jamás en Venezuela: Heridas de represión. Dirigido por: Claudia Smolansky y Juan Vicente Manrique)

Por Claudia Smolansky

Hasta la fecha, la represión y persecución de Nicolás Maduro ha dejado 240 muertos en tres jornadas de protesta en su contra que se han realizado en los últimos 5 años, más de 16.000 heridos en el contexto de las manifestaciones pacíficas y un total de 14.000 presos políticos, sumando todas las detenciones y liberaciones.

Nunca Jamás en Venezuela es una serie documental que muestra los hogares, los rostros, las lágrimas y voces de algunas de esas miles de familias. Dolor, rabia, tristeza, rencor, impotencia. Eso es lo que sienten. Son los testimonios de madres, esposas, hermanas, tías, amigos que claman porque nunca jamás en Venezuela exista un Estado opresor o un régimen que castigue al que piense distinto.

Óscar Navarrete

Así lo clama Elizabeth Navarrete en el primer capítulo Heridas de represión. Su hijo, Óscar Navarrete, fue impactado con una bomba lacrimógena en el pecho que disparó un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) el 18 de mayo de 2017. Sin embargo, Óscar no recuerda que fue a protestar. Tampoco recuerda los últimos 2 años de su vida.

Luego del golpe, sufrió dos paros cardíacos. Revivió. Seguidamente, cayó en un coma vegetal y despertó luego de 45 días. En la actualidad, tiene un edema cerebral que no le permite tener memoria a corto plazo. Si no conoce a una persona, se olvida de ella a los cinco minutos. Su proceso de aprendizaje inicia desde cero. Está aprendiendo a hablar, a comer, a vestirse, a caminar.

Su madre, al no ser de la capital, convirtió el hospital (que prefirió reservar el nombre por seguridad) en su nuevo hogar. No tienen dinero para pagar un alquiler. Por ende, tienen más de un año conviviendo en este espacio en el que no hay agua, la cocina se encuentra en el baño, las condiciones de seguridad son inexistentes y los insumos médicos corren por su cuenta.

Él solo quería manifestar y exigir sus derechos. No creo que eso lo convierta en un delincuente. Todos queremos seguridad, alimentos y medicinas. En verdad tengo tanto rencor y dolor que no sé qué decir, comentó Elizabeth Navarrete.

Óscar recuerda que quería estudiar criminología para ejercer e imitar a los personajes que veía en las series de televisión policíacas, sus favoritas. Fanático del Barcelona y de Messi, así como de las películas de acción. Esas son algunas de sus memorias.

El pronóstico del edema cerebral consiste en esperar a que disminuya y desaparezca por completo. No hay un plazo de tiempo exacto para ello. Su madre, de 45 años, licenciada en Educación y quien hacía suplencia en las escuelas de Fé y Alegría, comenta que su salario le era insuficiente para cubrir los gastos médicos de su hijo. Actualmente se dedica a la venta de plátanos, mangos o cualquier fruta o verdura de temporada. Su deseo es que la misma situación de escasez e hiperinflación del país no entorpezca la recuperación de su hijo.

Luis Eduardo González

Luis Eduardo González también debió aprender a caminar a sus 20 años luego que un PoliVargas (policía regional) le disparara en la pierna derecha el 17 de julio de 2017. La única opción que tuvo para salvar su vida fue la amputación. Esto le significó no solo aprender a caminar, sino abandonar su sueño de futbolista.

Aprendí como cualquier niño, cayéndome. Fue bastante rudo. En esos momentos solo sentía rabia e impotencia. Cuando veía que estaba caminando con una pierna de titanio, simplemente porque ya no tenia la mía, uno no puede sentir otra cosa que no sea rabia, dijo.

Esa rabia fue el motor que aceleró su recuperación."Hubo un momento que me cansé y tiré las muletas", recuerda. Debía demostrarse a sí mismo que tenía la capacidad para superar cualquier dificultad y hasta las estimaciones de los doctores. De hecho, lo hizo. Por eso, en menos de tres meses dio sus primeros pasos, a pesar de que los médicos calcularon una recuperación de seis meses a un año.

En cuanto al PoliVargas que lo disparó, admite que desconoce su nombre pero que tampoco se atrevió a introducir la denuncia ante el Ministerio Público, ya que fue perseguido por el mismo ente policial así como por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) mientras estaba hospitalizado.

"El número de veces que fueron al hospital fue absurdo. Era invivible y además que iban varias veces al día. Querían que les dijera algo a su conveniencia. Yo solo quería salir de allí. No podía llevar una recuperación como cualquier persona herida", comenta.

Los policías insistían en que querían escuchar “la verdad”. La única verdad que le dijo Luis es que él estaba marchando por un objetivo que los mismos policías y militares iban a disfrutar: independencia política y económica. “Libertad”, acota.

Cuando despierta y lee las noticias el rencor no deja de carcomerle el alma.
Siento tanta rabia por el hecho de que no se ha ejercido justicia. Ni siquiera con los responsables de los centenares de muertos. Y lo peor es que cada día son más , lamenta.

Luis Miguel Núñez

Luis Miguel Núñez vive en uno de los complejos de edificios más grandes de Maracaibo denominado Torres del Saladillo, ubicado justo detrás de la iglesia de La Chinita, dedicada a la virgen patrona de los marabinos. Sin embargo, la fe de estos vecinos no es suficiente al momento de enfrentarse a los cuerpos de seguridad del Estado.

Este joven, de 25 años, fue herido en el 2014 por la Policía del estado Zulia de la Brigada Especial cuando apenas tenía 21. El impacto ocurrió en estas mismas torres, donde, en cada época de protesta, se convierten en un pequeño campo de batalla o, ni tan pequeño, considerando que cada torre cuenta con 18 pisos y hay 12 apartamentos por piso y la mayoría de sus habitantes sale a protestar.

El 12 de marzo de 2014, Luis recibió un impacto de proyectil  que atravesó por su pulmón izquierdo y llegó hasta su médula espinal, afectando las vértebra t8 y t10. Desde ese momento, sus piernas quedaron inmóviles.

Fue como un corrientazo. Jamás pensé que no volvería a caminar, comenta.

Son cuatro las torres que conforman este complejo de edificios y que los vecinos las distinguen por sus colores. Para ese entonces, la Torre Roja funcionaba como un centro de asistencia médica. "Era como la Cruz Roja", recuerda Luis Miguel. No obstante, los insumos médicos eran insuficientes. Seguidamente, lo trasladan a la Torre Amarilla, allí habían unos paramédicos que lo auxiliaron, ya que los policías no permitían que trasladaran al joven hasta un centro hospitalario, a pesar de que lo veían herido.

Luis Miguel considera que en el país no hay políticas públicas adaptadas a personas con discapacidad. Por ejemplo, nombra el sistema de transporte, el que describe como inaccesible por sus pocos servicios.  Igualmente, menciona las fallas eléctricas, cuya responsabilidad es del Estado mediante su empresa Corpoelec y que ha dejado al estado Zulia en numerosos días consecutivos sin luz. Entre esos apagones, Luis ha pasado al menos treses meses encerrado en su apartamento, ya que no hay planta eléctrica en su edificio por lo que los ascensores no funcionan.

"Imagínate lo complicado que todos los días alguien me tenga que cargar sobre sus hombros y bajarme por las escaleras. Por eso digo que el país tampoco ayuda. Yo antes era una persona independiente, ahora tengo que depender en absolutamente de todo en alguien. Y no es por mi discapacidad, es simplemente porque el país no cuenta con las condiciones adecuadas", opina Luis.

La herida no solo fracturó su columna, también le generó depresiones que lo llevaron a dos intentos de suicidios y, como él, está convencido de que hay muchos más. "Yo por lo menos tuve la suerte de aprender herramientas que me han ayudado a sobrellevar esto. Pero acá hay muchos heridos que deben morir en una cama porque no saben cómo desarrollar su autonomía porque no hay un Estado que ofrezca esas oportunidades", resaltó.

Luis Miguel y sus familiares también han sido amenazados por el Sebin, lo que les ha imposibilitado colocar la denuncia ante Fiscalía. En el presente, a su madre la llaman, insultan e intimidan. "Protestar es hacer valer tus derechos, pero en Venezuela es es diferente. Aquí cuando exiges tus derechos, te reprimen. Es muy difícil vivir en un país en el que estás desamparado porque las leyes no se cumplen", concluyó Luis Miguel.

Yolyter Rodríguez

Los funcionarios de Maduro no discriminan edad, tendencia política o sexo al momento de reprimir. A Yolyter Rodríguez, de 58 años, a esa que llamaban "La Flaquita" en las protestas del 2017, también la hirieron. Ella era una mujer aguerrida y fuerte, ahora solo confiesa que es una persona deprimida.

El temple y la fuerza de esta mujer se han venido abajo desde que un Policía Nacional Bolivariano (PNB) le disparó una bomba lacrimógena en el cráneo el 26 de abril de 2017 y le abrió dos huecos en la cabeza.

Yo sé que debo aprender a canalizar estas depresiones, porque la vida sigue y la vida es bonita. Pero es difícil, confiesa.

La misma herida conlleva a que tenga dolores de cabeza constantes. Sin embargo, agradece no tener riesgos a largo plazo y comenta que no deja de sentir tristeza cuando escucha que los que marchaban junto a ella se han muerto o tienen heridas más  graves.

Es que nos querían matar. Nos estaban matando y mutilando, yo me siento mutilada, asevera.

No está preparada para emitir alguna palabra sobre ese policía que le disparó. Manifiesta que es tanta la rabia y la ira, que no tiene ni palabras buenas, malas o desagradables para ellos. Solo les pide que recapaciten y que reflexionen sobre sus acciones. En este caso, Yolyter sí presentó la denuncia ante el Ministerio Público, pero hasta la fecha no se ha ejercido justicia.

Una de las razones por las que Yolyter protestaba era para que su hija no emigrara como lo han hecho más de tres millones de venezolanos. Sin embargo, se fue. “Ella para mi era un soporte y es triste”, lamenta.

A pesar de ser analista de seguros, no está trabajando. No se siente física ni mentalmente preparada para volver a sus labores. Espera vivir en una Venezuela libre, donde no tenga miedo y en el que haya justicia.

David Osorio

"La Flaquita" coincidió en varias protestas con David Osorio, otro joven víctima de la represión de Maduro. Montañista y ciclista de 22 años. Nunca pensó que había perdido el ojo. Sentía un objeto extraño en su organismo hasta que despertó y el médico le dio la noticia.

Un año después, David pasea en bicicleta, en compañía de su novia, por el bulevar de Sabana Grande, Caracas, un martes feriado por la mañana. El ejercicio lo calma. Le calma los recuerdos, la amargura. Aunque no es dulce olvidar que su vida pudo terminar por microsegundos o, por microcentímetros.

Todo cuenta al momento de protestar en la calle. Una bala perdida o no tan perdida. Un perdigón en el órgano equivocado. Una bomba lacrimógena en el espacio indebido del rostro. Y eso lo sabe David.

“Son muy pocas las cosas que no puedo hacer porque a veces no calculo bien por la poca profundidad de campo. Pero me siento agradecido de estar vivo”, expresa.

Ese mismo día que recibió el impacto, el 7 de junio de 2017, en la clínica que lo estaban atendiendo, murió Neomar Lander. Él recuerda a la mamá llorando e inmediatamente recordó la de él, y todas las veces que le repetía con criterio que “se cuidara en la calle”. Había que cuidarse. Cualquier movimiento o distracción podía significar la muerte o, por lo menos, una lesión grave.

Hay un momento en que la PNB avanza y yo estoy adelante. Solo sentí el impacto en la cabeza, recuerda.

David es estudiante del pedagógico de Caracas. Protesta desde el 2014. “Más que nada en la defensiva, no en la ofensiva”, específica. Trabajaba con el equipo de la Cruz Verde auxiliando a los heridos hasta que él terminó siendo uno. Está convencido en que la lucha de él y  la del resto de los heridos en Venezuela por la represión de los cuerpos de seguridad del Estado no será en vano.
Nuestras cicatrices son cicatrices de guerra, pasaremos al lado positivo, al lado bueno de la historia. Debemos ser fuertes y debemos aguantar, manifestó.

Nunca Jamás en Venezuela es un compilado de testimonios de aquellos que han sido víctimas de la represión y persecución de una régimen comunista. Narra también el luto que persiste en decenas de hogares que perdieron a un miembro de su familia por el uso abusivo de la fuerza de los cuerpos de seguridad del Estado. Y, expone esos ideales que molestan a una dictadura y por ende, apresan y torturan a sus voceros.

*Las cifras de asesinatos, heridos y presos políticos provienen de instituciones internacionales y organizaciones sin fines de lucros venezolanas, ya que el régimen de Nicolás Maduro no ha publicado cifras oficiales. Las fuentes son: El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), Foro Penal Venezolano y la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Nunca Jamás en Venezuela: Fallecidos por protestar.

Nunca Jamás en Venezuela: Presos políticos. 

Texto: Claudia Smolansky.

Fotos: Juan Vicente Manrique.

Producción fotográfica: Carmela Penfold.

Dirección del documental: Claudia Smolansky y Juan Vicente Manrique.