
Miles de personas irrumpieron en el territorio que España controla en el norte de África y se culpó de la crisis a las políticas del presidente del gobierno, favorables a la inmigración. La realidad es más compleja.
Después de que más de 50.000 migrantes irrumpieron desde Marruecos en el territorio español de Ceuta, en el norte de África, líderes de todas las tendencias políticas o bien culparon de la crisis a las políticas a favor de la inmigración de Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de España de izquierda, o expresaron su preocupación por ellas.
El principal líder político de extrema derecha de España viajó a Ceuta para culpar directamente a Sánchez. Los líderes centristas de Dinamarca, Alemania y Polonia firmaron una carta en la que expresaban una "grave preocupación" y la necesidad de abordar "todas las políticas que puedan servir como factores de atracción".
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Entre las críticas pasó casi desapercibida la rapidez con la que la mayoría de esos migrantes regresaron al otro lado de la frontera. Para la mañana del viernes, a menos de 24 horas del cruce masivo, una larga fila conformada en su mayoría por hombres marroquíes jóvenes marchaba de regreso a Marruecos. Iban descalzos, hambrientos, sedientos y exhaustos.
En lugar de dar la bienvenida a los migrantes, Sánchez llamó al ejército. A la mayoría de los que llegaron la semana pasada no se les dio acceso a comida, agua o alojamiento, a diferencia de 2015, cuando los principales líderes de Europa dieron albergue a los refugiados sirios que llegaban en masa al continente. Los soldados en Ceuta utilizaban altavoces para emitir mensajes en árabe que decían a los migrantes que se marcharan. De vez en cuando, algunos policías golpeaban con bastones a los rezagados descalzos en la parte posterior de las piernas para que siguieran avanzando de regreso a la frontera.
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"En menos de 48 horas, mi gobierno ha logrado restaurar por completo el control sobre la frontera", escribió Sánchez el sábado en respuesta a las críticas de otros integrantes de la Unión Europea. España había logrado devolver a "prácticamente todos los migrantes que cruzaron de manera irregular", agregó.
La reacción de Sánchez a la crisis en Ceuta, que según España dejó más de 70 migrantes muertos, ha puesto de relieve que el presidente del gobierno español tiene una manera de abordar la migración más compleja de lo que a sus partidarios de izquierda o a los críticos de derecha de Sánchez les gusta reconocer.
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Sánchez se convirtió en el favorito de los liberales a nivel mundial en parte por impulsar políticas a favor de la inmigración, especialmente al dar la bienvenida a personas latinoamericanas y permitir que los migrantes no autorizados solicitaran la legalización de su estatus. Eso lo distinguió de la mayoría de los líderes de Europa, incluidos los líderes de centroizquierda que se han desilusionado de la inmigración desde 2015, y del presidente Donald Trump.
Pero ese enfoque cálido hacia algunos migrantes, específicamente aquellos que ya están en el país o que aterrizaron legalmente en el aeropuerto de Madrid, ha desviado la atención del enfoque mucho más severo de Sánchez hacia los migrantes que intentan cruzar ilegalmente las fronteras de España con Marruecos.
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Sánchez, que ha estado en el poder durante casi una década, nunca ha derogado la ley de 2015 del gobierno conservador anterior que permite expulsiones instantáneas de migrantes que cruzan la frontera de Ceuta. Esa es una de las leyes más punitivas de Europa, donde a los migrantes, al menos oficialmente, por lo general se les permite solicitar asilo. Su gobierno ha proporcionado equipo de vigilancia y desplegado agentes de inteligencia en África para evitar que los migrantes se trasladen a España. También ha negociado discretamente acuerdos duros con el gobierno autoritario de Marruecos.
Esos acuerdos, escribió Sánchez en su carta el sábado, ayudaron a reducir "drásticamente las llegadas irregulares a través de nuestro territorio" y, más que sus vecinos de derecha, dijo, hicieron de España una de las fronteras externas "más seguras" del bloque. Según datos de la Unión Europea, los flujos migratorios hacia territorio español desde 2021 habían sido sustancialmente más bajos que hacia Grecia e Italia, de cuyos gobiernos se percibe que han adoptado una postura más dura contra la inmigración ilegal.
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Este giro retórico fue típico de Sánchez, cuyas habilidades de supervivencia política han irritado a sus críticos desde hace mucho tiempo. Este mes, utilizó los peores incendios forestales en la historia del país para atacar a los negacionistas del cambio climático de la oposición y rechazar las críticas de que su gobierno no había trabajado lo suficiente para proteger el paisaje árido de España de los incendios que se propagan con rapidez. Ha tratado de diluir el impacto de los escándalos de corrupción que involucran a su círculo cercano al caracterizar a algunos de ellos como motivados por razones políticas.
Ahora, está aprovechando una flagrante violación de la seguridad fronteriza de España para argumentar lo efectivo que ha sido su gobierno para rechazar a los migrantes y reducir la inmigración ilegal en términos más generales.
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Incluso para un político con el talento de Sánchez para dar la vuelta a una situación, era una exageración catalogar como una victoria la violación de la soberanía española por parte de decenas de miles de migrantes --todo ello captado por las cámaras y difundido prácticamente como un video promocional para la derecha--. Pero Sánchez lo estaba intentando.
Durante todo el fin de semana, su gobierno se atribuyó el mérito de lo que llamó los "retornos voluntarios" de decenas de miles de marroquíes. Muchos de esos migrantes describieron su regreso como todo menos voluntario. Muchos dijeron que esperaban una bienvenida más cálida y oportunidades de trabajo en España, y en su lugar encontraron hambre, sed, agotamiento y policías inflexibles que los ahuyentaron de las calles del centro de Ceuta hacia el largo desfile de regreso a la frontera.
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Un portavoz de Fernando Grande-Marlaska, el ministro del Interior, se negó a comentar sobre si existía una estrategia explícita del gobierno para privar a los migrantes de productos de primera necesidad. El Ministerio del Interior solo dijo que los funcionarios estaban brindando atención dentro de sus responsabilidades.
Ese ámbito no parecía muy amplio. El domingo, los soldados intentaron llevar a algunos grupos de migrantes de regreso a la frontera en sus camiones. A cientos más, que habían decidido quedarse en Ceuta, se les negó el acceso al desbordado centro de migrantes del territorio y se quedaron en una porción de la playa.
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En general, el gobierno de Sánchez ha trabajado durante años con el gobierno marroquí para evitar que los migrantes se acerquen a Ceuta.
En una entrevista a finales del año pasado, Grande-Marlaska elogió la asociación de España con Marruecos y desestimó las preocupaciones de los activistas de derechos humanos sobre trabajar tan estrechamente con el gobierno autoritario del país.
Grande-Marlaska dijo en ese momento que Marruecos era un socio fiable que estaba trabajando en la prevención y el combate de la migración irregular.
También expresó su preocupación de que un plan del gobierno para permitir que los migrantes ilegales que ya están en España soliciten documentación formal pudiera actuar como lo que llamó "factores de atracción" para futuros migrantes.
Esta primavera, el gobierno promulgó precisamente ese plan.
En los últimos días, el gobierno ha sugerido que la iniciativa, y sus políticas a favor de la inmigración en general, tuvieron poco que ver con la oleada hacia Ceuta. En su lugar, culparon a la malinterpretación de una decisión reciente del Tribunal Supremo, la cual sugería que los migrantes que llegaran a Ceuta por mar no podían ser expulsados sumariamente. Los traficantes utilizaron esa malinterpretación, dijeron, para difundir desinformación sobre una frontera abierta.
Los críticos de Sánchez en España, Europa y otros lugares no fueron exactamente comprensivos. Los líderes de extrema derecha se alinearon para retratar a Ceuta como una visión vívida de los peligros de la migración ilegal, una manifestación en la vida real de la pesadilla sobre la que habían estado advirtiendo durante más de una década. Los líderes centristas, ansiosos por evitar verse superados en un tema tan potente, pidieron mayores controles de inmigración a España.
A pesar de que Sánchez argumentó lo contrario, la percepción en toda Europa era que había perdido el control.
"Pedro Sánchez aparece en mis redes sociales", dijo Ammour Moussa, de 19 años, proveniente de Sudán, quien era uno de los cientos de migrantes que aún estaban en la playa de Ceuta el domingo por la tarde. "Hemos escuchado de diferentes fuentes que está dispuesto a aceptar a más migrantes, pero no sabemos cuántos ni cuándo".
Carlos Barragán colaboró con reportería desde Ceuta, España.
Jason Horowitz es el jefe de la oficina de Madrid del Times, que cubre España, Portugal y la forma de vida de la gente en toda Europa.
Carlos Barragán colaboró con reportería desde Ceuta, España.
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