EE. UU. subestima el peligro en caso de fuga de plutonio en Los Álamos, según un estudio

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Un accidente en el laboratorio que fabrica los núcleos de las bombas nucleares de EE. UU. provocaría más víctimas mortales de las que el gobierno federal había previsto, aseguran los autores de una nueva investigación.

El Departamento de Energía ha subestimado las posibles consecuencias mortales en caso de que se produzca una fuga de plutonio en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, donde se fabrican los núcleos de las bombas para las armas nucleares de Estados Unidos, según revela un estudio publicado hoy por científicos independientes.

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Las posibilidades de que se produzca una fuga se consideran mínimas. Pero es posible que ocurra, sobre todo tras un desastre natural como un terremoto. El plutonio podría escapar de las estaciones de trabajo protegidas dentro de un edifico llamado Instalación de Plutonio 4, o PF-4 (por su sigla en inglés), e inflamarse. Entonces, si fallaran uno o más de los sistemas de seguridad del laboratorio, las partículas radiactivas de plutonio podrían salir al exterior y extenderse por las comunidades vecinas en forma de columna de humo.

El Departamento de Energía, que gestiona la producción de armas nucleares del país, había concluido anteriormente que una supuesta "pérdida de contención" podría dispersar alrededor de un kilogramo de plutonio, un metal radiactivo, lo que provocaría en promedio nueve muertes por cáncer en la zona circundante. Pero los modelos del nuevo estudio, publicado en Science and Global Security, mostraron que la situación podría ser mucho peor: cientos de personas que inhalen o ingieran partículas procedentes de una fuga podrían acabar muriendo de cáncer, dijeron los investigadores.

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Y en el escenario más grave simulado en el estudio --si se escapara más de un kilogramo de plutonio--, la ciudad de Los Álamos podría volverse inhabitable y las partículas radiactivas podrían extenderse más allá de las fronteras estatales. Los investigadores calculan que hasta 3200 personas podrían acabar padeciendo cáncer, lo que provocaría unas 1000 muertes. La descontaminación del terreno podría costar hasta unos 150.000 millones de dólares.

"En el peor de los casos, sería devastador para Los Álamos y Nuevo México", dijo Sébastien Philippe, profesor adjunto de Ingeniería Nuclear e Ingeniería Física en la Universidad de Wisconsin-Madison, que dirigió el estudio. "Hemos descubierto que podría ser entre 10 y 100 veces peor" que las previsiones del gobierno, añadió.

Este estudio, revisado por expertos, es el primero en evaluar de forma independiente la valoración del departamento sobre una posible fuga. La revista Science and Global Security está afiliada a la Universidad de Princeton, donde Philippe también es investigador visitante. El estudio fue financiado por la Fundación Andrew Carnegie y el Ploughshares Fund, que apoyan la investigación sobre control de armas y no proliferación.

La investigación sale a la luz en medio de la amenaza de una carrera armamentística nuclear mundial. China, Corea del Norte y Rusia están modernizando o ampliando sus arsenales. E Irán, en guerra con Estados Unidos e Israel, tiene reservas de uranio enriquecido. Estados Unidos está aumentando su propia producción de núcleos de bomba en Los Álamos, donde la única instalación activa del país dedicada al manejo de plutonio opera las 24 horas del día como parte de un esfuerzo de 1,7 billones de dólares para modernizar el armamento nacional.

El país ya cuenta con miles de núcleos de bomba --cada uno del tamaño aproximado de una toronja-- fabricados durante la Guerra Fría, pero los nuevos están destinados a armar misiles terrestres y submarinos de próxima generación. Con solo uno se produciría una explosión mucho más potente que la de Hiroshima. Aunque el Congreso exigió la producción de al menos 30 núcleos de bomba al año para 2030, podría pedirse a Los Álamos que produzca hasta 80 al año.

El laboratorio está situado sobre un sistema de fallas, y el gobierno federal ha identificado como el riesgo más grave un terremoto que vuelque una de las miles de "cajas de guantes" del PF-4, recintos sin oxígeno donde los trabajadores manipulan materiales radiactivos.

Las partículas de plutonio representan poco peligro si no se inhalan, de forma similar a la radiación de una radiografía. Pero cuando se inhalan o ingieren, esas partículas pueden causar daños a lo largo de años o décadas, llegando incluso a alterar el ADN. Los niños son los más vulnerables porque sus células aún se están desarrollando.

En un comunicado, un vocero de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear, una agencia dependiente del Departamento de Energía, escribió que la PF-4 "cuenta con sólidos programas y sistemas de seguridad para garantizar múltiples y redundantes capas de protección para nuestros trabajadores, el medio ambiente y la población". El comunicado continuaba: "La instalación es uno de los lugares más seguros del país en caso de desastre natural".

En 2008, el departamento hizo público un escenario de pérdida de contención elaborado por un contratista del gobierno. En él se concluía que, si todo el plutonio que se calcula que hay en la instalación de manipulación de plutonio quedara envuelto en llamas, algo más de un kilogramo se escaparía al exterior en una forma que pudiera inhalarse, y un promedio de nueve personas acabarían muriendo de cáncer relacionado con la exposición.

Para el nuevo estudio, los investigadores aplicaron ingeniería inversa a la metodología del gobierno y obtuvieron un promedio de víctimas mortales similar. Pero luego recalcularon los riesgos de una fuga teniendo en cuenta más contexto y bajo diferentes supuestos.

Utilizando datos de viento y precipitaciones de cada hora de cada día de 2022, los investigadores modelaron 8760 escenarios de fuga de plutonio, y trazaron la posible trayectoria de las partículas. En algunas circunstancias, llegaron a la conclusión de que las partículas habrían llegado tan al norte como el centro de Colorado y tan al sur como el sur de México.

Para las estimaciones de su evaluación, el gobierno había utilizado un manual del Departamento de Energía que se basaba en datos de las décadas de 1960 a 1980, información anterior a los hallazgos sobre otras fugas de contención, dijo el estudio.

Por ejemplo, entre 1951 y 1989 se produjeron cientos de incendios en la planta de Rocky Flats, una instalación nuclear federal cerca de Denver que fabricaba núcleos de bombas durante la Guerra Fría. Un gran incendio ocurrido allí en 1957 liberó una gran cantidad de partículas de plutonio, según una investigación publicada tras el cierre de la planta en la década de 1990.

Los análisis del suelo de Rocky Flats muestran que el tamaño de esas partículas era aproximadamente una quinta parte del tamaño de las partículas consideradas en el análisis del gobierno. Las partículas más pequeñas pueden dispersarse más lejos, dijo el equipo de investigadores, lo que aumenta la zona contaminada y el número de personas expuestas. Además, pueden permanecer más tiempo en los pulmones, lo que aumenta el riesgo de daño celular.

En una simulación, que se basa en una fuga en un laboratorio una noche de octubre de 2022, los cambios en los patrones del viento llevaron las partículas más pequeñas a varias ciudades, reservas indígenas, Santa Fe y partes de Albuquerque. Los investigadores estimaron que hasta 210 personas podrían haber acabado muriendo de cáncer.

La situación se vuelve aún más grave si se escapara más plutonio. Utilizando otros datos de Rocky Flats, los investigadores determinaron que algo más de cinco kilogramos de plutonio --el cuádruple de los cálculos del gobierno-- podrían escapar de Los Álamos. En este escenario, esa misma noche, hasta 3200 personas podrían haber desarrollado cáncer, lo que provocaría unas 1000 muertes, sin contar a los trabajadores del laboratorio ni al personal médico de urgencias, dijo el estudio.

Los investigadores también analizaron la planta de Savannah River, en Aiken, Carolina del Sur, donde se prevé que comience la producción de núcleos de plutonio a mediados de la década de 2030. El Departamento de Energía calculó en 2020 que una fuga allí provocaría, a largo plazo, un promedio de dos muertes por cáncer. Pero los científicos identificaron una noche de mayo de 2022 en la que el viento podría haber arrastrado las partículas hacia el noroeste, más allá de una zona de seguridad y hasta Georgia, lo que podría haber provocado hasta 330 muertes relacionadas con el cáncer.

La instalación de manipulación de plutonio de Los Álamos se construyó hace casi 50 años para la investigación nuclear, no para la producción. Ahora se está renovando para sustituir una infraestructura obsoleta que, en ocasiones, ha interrumpido el trabajo y ha propagado la contaminación, según reveló una investigación de The New York Times el año pasado.

El laboratorio realiza su propio análisis de seguridad interno, que no se hace público. Los trabajadores están instalando un nuevo sistema de extinción de incendios, algo de lo que Rocky Flats carecía. Y algunas, aunque no todas, de las cabinas de trabajo de Los Álamos se han reforzado para resistir terremotos como parte de la renovación.

Hay un componente que no se sustituirá por completo: el sistema de ventilación.

Durante décadas, la Junta de Seguridad de Instalaciones Nucleares de Defensa, un organismo federal de control, ha recomendado que la instalación actualice el sistema para que, en caso de catástrofe, pueda capturar las minúsculas partículas de plutonio antes de que se liberen al medio ambiente.

En 2022, el Departamento de Energía dijo que la actualización era demasiado cara.

Metodología del mapa No existe una norma consensuada sobre los niveles de radiación aceptables. El mapa anterior utiliza los siguientes umbrales, medidos en becquerelios (una unidad de radiactividad) por milla cuadrada.

Peligroso (18.500 y más): Este es el nivel de limpieza establecido por las autoridades federales después del incendio de la planta de Rocky Flats en 1957.

Moderado (de 1000 a 18.499): Los análisis científicos recomiendan que no se autorice el uso público de terrenos con niveles superiores a 1000.

Bajo (de 370 a 999): Colorado no permite nuevas construcciones con niveles superiores a 370. Solo este estado ha establecido este límite.

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