
El 1 de julio podría ser el principio del fin de un acuerdo comercial que el presidente Donald Trump lleva tiempo criticando; o el inicio de un camino para renovarlo.
Estados Unidos, México y Canadá se enfrentan este miércoles a un plazo importante para el futuro del acuerdo que sustenta el comercio norteamericano.
Pero las negociaciones apenas están empezando.
El texto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá que el presidente Donald Trump firmó en su primer mandato, exige que los tres países revisen conjuntamente el acuerdo seis años después de su entrada en vigor, el 1 de julio de 2020.
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La fecha ya ha llegado, y los tres países tendrán una reunión virtual este miércoles. Pero aún están lejos de alcanzar un consenso sobre cómo debería modificarse exactamente su acuerdo comercial.
El mes pasado, México y Canadá expresaron su deseo de ampliar el acuerdo por 16 años. Pero Trump ha dado a entender en varias ocasiones que podría retirarse del acuerdo, lo que ha generado inquietud entre los vecinos de Estados Unidos. Aunque el tratado tiene muchos detractores, sectores como el automotriz y el agrícola están muy integrados en todo el continente gracias a este pacto. De concluir, según los expertos, sería perjudicial tanto para los trabajadores como para las empresas.
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¿Me recuerdas qué es el T-MEC?
El pacto sustituyó y actualizó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por su sigla en inglés) de 1992, que Trump criticó como el peor acuerdo comercial de la historia.
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Aparte del cambio de nombre, esa negociación dejó intactas muchas partes del acuerdo original. También actualizó el pacto con nuevas disposiciones sobre tecnología digital, aumentó los requisitos para que los fabricantes de vehículos manufacturaran más de sus vehículos en América del Norte, creó nuevas normas laborales y abrió ligeramente el mercado lácteo de Canadá a las importaciones, entre otros cambios.
Los funcionarios del gobierno de Trump afirman ahora que el nuevo acuerdo no ha hecho lo suficiente para frenar la deslocalización, lo que ha provocado el aumento de los déficits comerciales de Estados Unidos con Canadá y México. Trump ha amenazado repetidamente con romper el acuerdo, mientras que sus responsables han propuesto introducir cambios para fomentar la fabricación en Estados Unidos. Aunque muchos analistas comerciales creen que esa amenaza es una táctica de negociación, nadie puede asegurarlo, dado el deseo de Trump de cambiar drásticamente el sistema comercial.
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Con el futuro del acuerdo en suspenso, las empresas, los agricultores y los sindicatos han seguido el asunto con nerviosismo y han presionado a sus gobiernos para que decidan qué hacer. Además, sobre la reunión se ciernen los aranceles que Trump impuso a sectores clave como el automotriz, el del acero y el del aluminio, impuestos que, según canadienses y mexicanos, han violado el pacto.
¿Qué pasará el 1 de julio?
Las expectativas para la reunión del miércoles son bajas, ya que las negociaciones siguen por separado. Estados Unidos y México tienen programada otra ronda de conversaciones para la semana del 20 de julio, mientras que las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá aún no han empezado de verdad.
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Tanto Canadá como México han rechazado públicamente la idea de sustituir el T-MEC por acuerdos bilaterales separados entre Estados Unidos y sus socios comerciales actuales.
Autoridades canadienses han restado importancia a los temores existentes en su país de que el acuerdo esté a punto de terminar y han dado a entender que el 1 de julio no es una fecha límite en sí, sino más bien un punto de partida para las conversaciones.
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Funcionarios estadounidenses no han aclarado qué dirán el miércoles, pero, con las negociaciones en marcha, parece poco probable que se comprometan ahora a prorrogar el acuerdo. Si no se llega a un consenso, los países iniciarán un ciclo de revisiones anuales y el T-MEC vencerá automáticamente al cabo de una década.
En México, las autoridades han empezado a prepararse para esa situación, que, según dicen, es el desenlace más probable. Pero temen que las revisiones anuales generen inestabilidad frecuente, lo que dificultaría atraer las grandes inversiones necesarias para fortalecer la economía de Norteamérica e ir sustituyendo a proveedores asiáticos como China.
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"Si tú le metes un elemento de revisión frecuente, entonces lo que va a pasar es que vas a dificultar muchísimas inversiones", dijo la semana pasada Marcelo Ebrard, secretario de Economía de México, en un pódcast. "Eso va en contra de reemplazar a tus proveedores asiáticos. Tienes que decidir cuál de las dos quieres".
Public Citizen, un grupo de defensa de tendencia izquierdista, dijo el lunes que el cambio a revisiones anuales sería una "buena noticia", ya que daría a los demócratas influencia para exigirle a Trump que introdujera cambios significativos en el pacto.
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Pero las empresas han argumentado que la incertidumbre socava los beneficios del acuerdo. Matt Blunt, presidente del American Automotive Policy Council, organización que representa a los fabricantes de automóviles estadounidenses, dijo que se alegraba de que los gobiernos estuvieran colaborando de manera constructiva, pero que la incertidumbre sobre las normas podría retrasar las decisiones de inversión.
"Cuanto antes, mejor, y el retraso no nos beneficia", dijo.
How could U.S.M.C.A. change?
Estados Unidos ha propuesto cambios en las normas del acuerdo relativas a la agricultura, los metales, los automóviles y otros productos. Entre ellas se incluye una medida controvertida para la industria automotriz: aumentaría el requisito sobre el porcentaje de contenido norteamericano, en términos de valor, que debe tener un vehículo para poder acogerse a la exención arancelaria.
El gobierno de Trump elevaría ese umbral del 75 por ciento actual al 82 por ciento, al tiempo que exigiría que el 50 por ciento de los materiales de un vehículo procedieran de Estados Unidos, dijo una persona familiarizada con las propuestas. Estados Unidos también propone ampliar esas normas a nuevos tipos de refacciones de automóvil y establecer nuevos requisitos de contenido para otras industrias, incluida la electrónica.
Canadá y México también tienen sus desacuerdos, pero, en general, desean que se prorrogue el acuerdo y que el gobierno de Trump ofrezca algún alivio respecto a otros aranceles que impuso el año pasado.
Hasta ahora, Trump ha eximido de aranceles a la mayoría de los productos de Canadá y México cubiertos por el acuerdo comercial. Pero no ha sido así en el caso de sectores industriales clave como el del automóvil, el acero y el aluminio, que se enfrentan a aranceles de hasta el 50 por ciento. Eliminar o reducir esos aranceles es una de las principales exigencias de Canadá y México.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha tomado medidas que se han interpretado ampliamente como concesiones a Estados Unidos, a pesar de que él lo niega. Entre ellas está el haber ordenado a un organismo regulador de la radiodifusión que revise una decisión que habría triplicado lo que pagan los grandes servicios de streaming o emisión en continuo estadounidenses, como Netflix, para apoyar la producción televisiva y cinematográfica canadiense. Y después de que Estados Unidos amenazó con imponer aranceles a los países que, según su criterio, tuvieran controles inadecuados sobre las importaciones de productos fabricados con trabajo forzoso, el gobierno de Carney presentó una ley para endurecer su sistema.
Pero Carney también ha prometido no ceder ante las exigencias del gobierno de Trump que podrían perjudicar a las industrias canadienses simplemente para mantener el acuerdo comercial.
Las autoridades mexicanas pusieron un límite a cualquier restricción estacional propuesta por Estados Unidos para impedir que México exporte productos agrícolas durante las temporadas en las que Estados Unidos produce los suyos propios. Si el gobierno de Trump intentara imponer tales restricciones, dijo Ebrard la semana pasada, México buscará mecanismos alternativos para sustituir las importaciones agrícolas de Estados Unidos, de las cuales el maíz es la más importante.
"No aceptaríamos cambios de esa naturaleza", afirmó. "Eso ya se lo dijimos".
Ana Swanson cubre comercio y economía internacional para el Times desde la corresponsalía en Washington. Ha sido periodista por más de una década.
Ian Austen reporta sobre Canadá para el Times. Oriundo de Windsor, Ontario, y radicado en Ottawa, ha informado sobre el país durante dos décadas. Puede ser contactado en austen@nytimes.com.
Emiliano Rodríguez Mega es un reportero investigador del Times en Ciudad de México. Cubre México, Centroamérica y el Caribe.
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