
Un cuaderno que acaba de salir a la luz recoge las clases que el compositor impartía a una alumna e incluye siete composiciones hasta ahora desconocidas.
En 1778, una joven música llamada Marie-Louise-Philippine de Bonnières de Guînes estaba en una clase de composición en París, intentando crear una melodía. Se devanó los sesos durante 15 minutos. Al final, su profesor --Mozart-- escribió el comienzo de una melodía y le pidió que la continuara.
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"Mira qué tonto soy", le dijo él, tal y como contó en una carta a su padre. "Empecé un minueto y ni siquiera puedo terminar la primera parte; ¿serías tan amable de terminarlo?".
En la carta, Mozart se quejaba de que su alumna, la hija de un duque con mucho talento como arpista, hacía bastante bien los ejercicios de teoría musical, pero "no tenía ni una sola idea".
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Puede que eso resultara exasperante para Mozart, pero le ha dejado a la posteridad un regalo espectacular. El viernes, la Biblioteca Nacional de Francia anunció el descubrimiento de un cuaderno de 44 páginas con las clases de De Guînes. El cuaderno ofrece una visión extraordinaria del método de enseñanza de Mozart, ya que muestra sus correcciones y mejoras en el trabajo de De Guînes. El hallazgo también revela piezas de repertorio marcadas por la imaginación de Mozart: siete obras hasta ahora desconocidas para flauta y arpa. Los expertos aseguran que, si bien De Guînes compuso estas obras bajo la guía de su profesor, Mozart escribió él mismo una parte sustancial de la música.
"Este es el descubrimiento sobre Mozart más importante en décadas", dijo Armin Brinzing, director de la Biblioteca Mozart de la Fundación Internacional Mozarteum de Salzburgo, Austria, en una entrevista telefónica.
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Las obras recién descubiertas se interpretaron en público por primera vez el domingo en la Biblioteca Nacional de Francia, a cargo de la flautista Mathilde Caldérini y el arpista Nicolas Tulliez, ambos miembros de la Orquesta Filarmónica de Radio France. Sus grabaciones de las piezas se emitieron el lunes en la emisora France Musique.
François-Pierre Goy, conservador de la Biblioteca Nacional, dijo que en febrero revisaba una pila de manuscritos anónimos, con la esperanza de completar algunos detalles sobre ellos antes de jubilarse, cuando un cuaderno le llamó la atención.
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En él aparecían el tipo de ejercicios de armonía que a él le habían hecho practicar cuando era estudiante. Había dos estilos distintos de letra --el de un alumno y el de un profesor-- y el profesor tenía una forma peculiar de dibujar ciertos signos musicales.
Goy se fijó más detenidamente en la letra del profesor. Examinó cuadernos de las clases que el compositor había impartido más tarde en Viena y una copia autógrafa de una partitura de Mozart que forma parte de la colección de la biblioteca. Las similitudes resultaron sorprendentes.
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"No podía creer lo que veía", dijo Goy. Como no quería llevarse una decepción, consultó al musicólogo Laurence Decobert, quien también quedó convencido de que estaban ante la letra de Mozart. En abril, Brinzing viajó a París para autentificar el manuscrito.
"Queda muy claro", dijo Brinzing, "que es la letra de Mozart".
Gracias a las cartas de Mozart, los estudiosos sabían que él había dado clases a De Guînes de mayo a julio de 1778. El manuscrito les permite estudiar su método de enseñanza exacto.
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"Básicamente, puedes seguirlo compás a compás", dijo Brinzing. "¿Qué escribió ella? ¿Qué corrigió Mozart?".
"Es fascinante", añadió, "comparar eso".
El duque de Guînes esperaba que su hija se convirtiera en una compositora lo suficientemente competente como para escribir sonatas para flauta y arpa, los instrumentos que tocaban. La mayoría de las piezas redescubiertas son obras ligeras y breves, y una de ellas está incompleta. Pero Mozart corrigió otra de ellas, un movimiento rápido de unos cinco minutos de duración, hasta tal punto que "aproximadamente entre tres cuartas partes y el 80 por ciento debería ser de Mozart", dijo Goy.
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Tulliez, el arpista, dijo que esa pieza era una importante incorporación al repertorio. Hasta el viernes, solo había una obra de Mozart para su instrumento: el Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do mayor, K. 299, que Mozart compuso en la misma época para el duque de Guînes y su hija.
El movimiento rápido redescubierto "se va a convertir sin duda en una de nuestras obras principales", dijo Tulliez.
Tanto Tulliez como Caldérini, la flautista, dijeron que era la obra más destacada del conjunto. Aun así, cuando empezaron a ensayar las piezas, las partituras que Goy había preparado a partir de los cuadernos no diferenciaban entre maestro y alumna. Sin ver la caligrafía, podía resultar difícil distinguir la voz musical de Mozart de la de De Guînes.
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"No fue nada fácil adivinar quién había escrito qué", dijo Caldérini.
También se preguntó si Mozart era demasiado duro con su alumna. "Exigía mucho, porque tenía mucho talento y era muy joven", dijo. "Quizá no podía entender que para otra persona no fuera tan fácil componer".
Ahora bien, esa dinámica que frustraba a Mozart es precisamente lo que hace que el manuscrito sea tan valioso. Un alumno más inspirado le habría dado menos trabajo. A pesar de sus quejas, sus clases dieron lugar a una música de una gracia extraordinaria.
La música, dijo Goy, es "digna de vivir".
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