El papa León bendice la Sagrada Familia. Para algunos, la basílica es una maldición

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El pontífice celebró una misa en la emblemática obra inconclusa de Antoni Gaudí durante su viaje a España. Pero para algunos barceloneses, el final de la construcción podría significar perder sus casas.

El 10 de junio de 1926, Antoni Gaudí, el visionario arquitecto quien diseñó la espectacular y aún inacabada basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, murió tras ser atropellado por un tranvía. Un siglo después, uno de los arquitectos que intenta terminar su construcción tiene terror de que lo atropellen los repartidores en bicicleta de la ciudad.

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Mauricio Cortés, quien trabajó en la torre central de la basílica, recién terminada, que el papa León XIV bendijo en Barcelona el miércoles, dijo que le dan más miedo esos vehículos.

León, el tercer papa en visitar la iglesia, inauguró la torre y, desde un trono blanco situado fuera de la iglesia, contempló un deslumbrante espectáculo de luces y fuegos artificiales que provocó exclamaciones de asombro entre la multitud de dignatarios y clérigos, que sostenían antorchas eléctricas, en el interior de la abarrotada basílica. También rindió homenaje a Gaudí, un católico practicante al que en su día llamaron "el arquitecto de Dios", cuyo rostro apareció --dibujado por fuegos artificiales coreografiados-- junto a la torre y la cruz iluminada en el cielo nocturno.

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La presencia del papa convirtió temporalmente el edificio y los barrios cercanos, repletos de gente, en el eje alrededor del cual giraba el mundo católico. León, durante la misa en la basílica el miércoles por la noche, describió la lenta construcción de la iglesia como una metáfora de la vida.

"Esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras", dijo. "Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto".

Sin embargo, cuando el papa se marche, la Sagrada Familia y las calles de alrededor volverán a convertirse en un foco de preocupaciones más cotidianas sobre el alma de Barcelona. Los vecinos se quejan de una ciudad congestionada, no solo por el exceso de repartidores, sino también por el exceso de turistas que ocupan demasiados apartamentos y dejan muy poco espacio para alojar a la gente que ha crecido aquí.

La Sagrada Familia está en el centro de esas preocupaciones, ya que atrae a los turistas que hacen subir los precios, además de que amenaza con el desalojo de los vecinos cercanos, cuyas casas podrían ser demolidas para permitir la construcción de la basílica. Eso sitúa a la iglesia en la encrucijada de la política partidista nacional, las cuestiones de identidad regional y las inquietudes locales sobre el exceso de turismo, la escasez de viviendas y los desalojos forzosos, que son incluso más profundos que las preocupaciones por chocar con las motos de reparto.

Salvador Barroso, quien es representante de la Asociación de Vecinos Afectados por la Construcción del Templo de la Sagrada Familia y que vive en un edificio frente a la iglesia que podría ser demolido para dejar espacio a la posible ampliación del edificio, calificó la situación de horrible.

Dijo que muchos de sus vecinos tenían previsto colgar cintas negras en sus ventanas durante la visita del papa el miércoles para protestar contra la "injusticia" del desalojo en una ciudad con alquileres por las nubes y un parque de viviendas cada vez más reducido.

Barroso dijo que no entendía como un buen cristiano podría aceptar eso.

La fundación de la Sagrada Familia, propietaria y gestora de la iglesia y responsable de la recaudación de la venta de entradas, sostiene que Gaudí proyectó una pasarela para conectar la "Fachada de la Gloria" de la iglesia, aún sin terminar y que será su entrada principal, con la calle situada varios metros más abajo. Es posible que haya que despejar manzanas enteras para el proyecto, lo que obligaría al desalojo de cientos de familias.

Esteve Camps, presidente del consejo de construcción de la fundación, dijo que la iglesia "no dará marcha atrás en este plan", y también señaló: "Estamos siguiendo el plan de Gaudí al pie de la letra".

Pero los vecinos dicen que no hay evidencia de que Gaudí, cuyos modelos y planos originales fueron destruidos por los anarquistas durante la Guerra Civil, hubiera planeado esa escalera. Apuntan a una declaración del gobierno español que decía lo mismo cuando se construyeron los edificios en la década de 1970.

El Ayuntamiento de Barcelona decidirá en última instancia si la ampliación sigue adelante o no, y la ciudad dijo que la fundación tendrá que asumir los costos de cualquier eventual reubicación. Los medios locales informaron que el gobierno municipal y la asociación de vecinos se reunieron este mes para discutir el posible desplazamiento.

En términos más generales, los responsables municipales hablan con entusiasmo de la Sagrada Familia como un destino mundial, que imaginan como el Taj Mahal de Europa.

Sin embargo, para Barroso y sus vecinos, los más de cinco millones de visitantes de la iglesia --junto con los artistas callejeros y las tiendas de recuerdos que estos atraen-- ya han arruinado el barrio.

En vísperas de la visita de León, el edificio frente a la fachada exhibía un cartel en el que se veía una bota con la forma de la Sagrada Familia pisoteando los edificios. Una mujer quien compró su apartamento allí en 1980 --y crió a sus hijos en el edificio-- dijo que recordaba cuando solo había un puñado de trabajadores en la iglesia y se oía un único martillo golpeando la piedra. Pero desde que los Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona en 1992 aceleraron el resurgimiento de la ciudad, dijo, la Sagrada Familia se había convertido en un vecino cada vez más ruidoso.

A otros les preocupaba que también se hubiera vuelto un vecino agresivo.

Pedro Deane, de 39 años, un chef argentino quien vive de subalquiler en el edificio amenazado, dijo que pueden echarlo a él y sus vecinos por los problemas con la iglesia. Dijo que una cláusula de su contrato estipulaba que podían desalojarlo con cuatro meses de preaviso debido a las obras de la iglesia. Pero se lo tomó con calma, y dijo que la iglesia llevaba más tiempo en la ciudad que el edificio.

Otra residente, Daria Lapina, una profesora de inglés de 32 años de Moscú, dijo que se sentía mal por las familias que podrían verse obligadas a mudarse. Cuestionó que en medio de una crisis de vivienda sea posible reubicar a cientos de familias.

No parece que la construcción vaya a dar un respiro a corto plazo. Según Cortés, el arquitecto, las torres que coronan la fachada podrían tardar aún otra década en terminarse. Cortés lleva 20 años trabajando en el proyecto, señaló, frente a los 40 de Gaudí. Reconoció que ya va por la mitad.

La Sagrada Familia lleva, en esencia, 144 años en construcción y se ha convertido en "una iglesia que nunca termina", dijo el arzobispo Joan Planellas de Tarragona, una ciudad cercana a Barcelona.

También es un escenario interminable para la política española. Durante la Guerra Civil española, la construcción se ralentizó y la iglesia fue vandalizada por incendiarios de izquierda.

Pedro Sánchez, el primer ministro español, de izquierda, asistió a la misa, y se sentó junto a su esposa en la primera fila, a pesar de que ha declarado ser ateo y a menudo se ha distanciado de la Iglesia católica.

Sus oponentes de la derecha se han burlado de él por hacer eso, y han acusado a Sánchez --cuyos aliados están envueltos en escándalos de corrupción que ponen en peligro su supervivencia política-- de intentar reforzar su imagen mostrando su cercanía al popular papa.

Cuando comenzó la misa el miércoles por la tarde, todas las fuerzas polarizadas del país se sentaron juntas en los mismos bancos, escuchando a León hablar de la iglesia como una "obra en construcción", al igual que el desarrollo perpetuo que exige la fe.

A pesar de la presencia del rey, el papa y el primer ministro, la basílica se llevó todo el protagonismo.

León celebró la misa rodeado de elaboradas fachadas que se asemejan a un arrecife de coral formado por figuras bíblicas, escenas alegóricas, músicos angelicales, rosas de piedra, rosarios y estatuas de soldados romanos (una de las cuales tiene seis dedos en el pie). En el interior, la luz multicolor se filtra por las vidrieras, proyectando prismas sobre columnas de piedra que parecen árboles, cuyos troncos se ramifican en arcos bajo un dosel de estrellas geométricas.

Planellas, el arzobispo, dijo que consideraba que el acto en la Sagrada Familia era algo más que una inauguración. Añadió que, en su visión, el acto rinde homenaje a una construcción destinada a elevar el espíritu.

Al otro lado de la calle, sin embargo, Barroso aún esperaba que el papa, quien a menudo ha hecho hincapié en la injusticia económica, se hubiera fijado en todas las cintas negras de camino a la iglesia y se hubiera preguntado de qué se trataba todo aquello.

Jason Horowitz es el jefe de la oficina de Madrid del Times, que cubre España, Portugal y la forma de vida de la gente en toda Europa.

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