
Los vacíos en el conocimiento y cuidado de la salud femenina han generado una oportunidad de negocio. ¿Qué puede salir mal?
¿Sientes molestias vaginales y resequedad? Quizá necesites un bálsamo para la vulva VMagic de 30 dólares. ¿El sexo te resulta incómodo? Un masajeador vibratorio de 115 dólares, vendido por The Pelvic People, afirma aliviar "la tensión y la ansiedad relacionadas con la intimidad". Para prevenir las infecciones urinarias recurrentes, existen las Mineral Undies; para "reducir la presión alrededor de la pelvis", hay ropa interior sin dolor. Si sufres de vaginosis bacteriana recurrente, Happy V y Bonafide dicen que tienen píldoras para romper el ciclo. Si no estás segura de lo que padeces, Evvy puede proporcionarte una prueba casera de microbioma e ITU de 348 dólares y un "coach de salud vaginal".
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La cruzada del bienestar ha llegado para la vagina.
Aunque el mercado no es nuevo (Lysol se anunciaba como ducha vaginal en los años 1920, y ¿quién puede olvidar el huevo de jade de Goop?), las conversaciones en torno a la salud vaginal se han hecho más atronadoras en las redes sociales.
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También en los pódcast: Meghan Trainor ha hablado del dolor pélvico y ha dicho que tenía que "ponerse hielo" después de mantener relaciones sexuales. El mes pasado, Ilana Glazer compartió su propia lucha contra el dolor pélvico durante 20 años. Y las empresas han respondido. Según algunas estimaciones, se proyecta que el mercado de la salud vaginal se duplique, incluso triplique, en la próxima década.
Algunos productos se presentan como artículos novedosos, como las gomitas Lemme Play de Kourtney Kardashian y el Vipstick Serum de Hygiene Hero. Pero muchos otros se enfocan en el dolor vaginal, y pretenden abordar lo que durante mucho tiempo ha sido un aspecto incomprendido y poco estudiado de la salud femenina. En algunos casos, dicen los expertos, los productos pueden ayudar a tratar ciertos síntomas y proporcionar algo de alivio. En otros, pueden no tener ningún efecto, apuntar al problema equivocado o incluso complicar condiciones existentes.
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"La industria del bienestar se desarrolla en torno a las brechas de conocimiento sobre la salud de las mujeres", dijo Jocelyn Fitzgerald, profesora adjunta de obstetricia, ginecología y ciencias de la reproducción de la Universidad de Pittsburgh. "Así que donde hay falta de investigación y de opciones, un montón de pseudociencia ocupa su lugar, y las mujeres se ven obligadas a buscar soluciones por su cuenta".
'Dios mío, ¿qué me pasa?'
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Durante dos años, Maya Roy, que ahora tiene 19 y estudia en la Universidad de Connecticut, tuvo un dolor constante y punzante en la vagina que, según dijo, sentía como "un enjambre de abejas atacando".
No se trataba de una infección bacteriana ni de hongos: le habían hecho hisopados para cada una al menos 10 veces. Una ginecóloga le dijo que sus síntomas, incluidos los fuertes dolores menstruales, se debían a ataques de pánico, y le recetó un antidepresivo.
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"Iba a clase y me esforzaba al máximo, pero sentarme en aquellas sillas era terrible", dijo Roy. Y añadió: "Todos los días manejaba a casa llorando, y pensaba: 'Dios mío, '¿qué me pasa?'".
Roy dijo que ya había visitado a más de una decena de ginecólogos distintos --una experiencia nada infrecuente, según los expertos-- cuando empezaron a aparecer los anuncios de bienestar vaginal en las ventanas de su navegador y en Reddit: supositorios de ácido bórico, raíz de maca, omega-3, probióticos vaginales.
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"Básicamente, compré toda la farmacia", dijo Roy; calcula que gastó unos 450 dólares en varios productos.
Las redes sociales han provocado un gran aumento de los productos directos al consumidor, impulsados por un lenguaje biomédico impreciso: frases como "respaldado por ginecólogos" o "basado en pruebas", dijo Cecilia Martínez-Plaza, doctoranda de la Universidad de Nueva York, quien estudia los movimientos de salud liderados por pacientes. Para quien se siente incómoda al buscar atención para su salud vaginal, las publicaciones específicas pueden ser su única fuente de información médica.
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Según Martínez-Plaza, es más fácil confiar en una recomendación personal en las redes sociales que en un anuncio farmacéutico. Y las afirmaciones son difíciles de refutar. "El hecho de que no dispongamos de datos no significa que no funcione", dijo.
Para complicar aún más las cosas, los productos de bienestar vaginal suelen estar regulados como cosméticos, y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) no suele aprobarlos antes de que salgan al mercado.
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A veces, las afirmaciones traspasan los límites y hacen que los productos parezcan más bien fármacos o dispositivos médicos. En los dos últimos años, la FDA ha enviado cartas de advertencia a fabricantes que venden geles vaginales y cremas hidratantes que se anuncian para tratar infecciones, una ducha vaginal que afirma aliviar los síntomas de la vaginosis bacteriana, tampones de CBD que pretenden tratar el dolor menstrual y kits de análisis del microbioma vaginal destinados a diagnosticar enfermedades.
Una tormenta perfecta
En algún momento de su vida, entre el 10 y el 30 por ciento de las mujeres sufrirán dolor vulvovaginal. En hilos de Reddit y grupos privados de Facebook, las mujeres se lamentan de sentirse desesperanzadas y de cómo, en algunos casos, han sido desestimadas por médicos.
Un estudio publicado en JAMA Network Open el año pasado reveló que más de la mitad de las pacientes con trastornos vulvovaginales se plantearon dejar de recibir atención médica debido a experiencias negativas con los profesionales. Aún peor, dijo Elizabeth Hintz, profesora asistente de comunicación de la salud en la Universidad de Connecticut, casi la mitad de las personas que tienen estos síntomas nunca buscan ayuda en primer lugar.
Parte del problema es la falta histórica de datos. Los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su sigla en inglés) calculan que solo dedican el 10 por ciento de su presupuesto a la investigación sobre la salud de la mujer, y que la mayor parte de este financiamiento se destina al cáncer, el VIH y el sida, y el embarazo.
Es más, el camino hacia una mejor atención a la salud vaginal podría seguir estrechándose. Como consecuencia de la represión del gobierno de Donald Trump sobre iniciativas y políticas de diversidad, equidad e inclusión, Hintz dijo que ella y otros investigadores dudan a la hora de utilizar determinado lenguaje en las solicitudes de subvenciones federales --palabras y frases como "mujeres", "disparidad en la salud" y "sexo"--, lo que le preocupa que solo podría exacerbar el problema.
Es una tormenta perfecta, dijo Hintz, "donde la gente puede innovar y vender soluciones a problemas que el país, el sistema de salud, el gobierno federal y los NIH se niegan a estudiar".
En un correo electrónico al Times, la secretaria de prensa de los NIH, Emily G. Hilliard, dijo que "los NIH están profundamente comprometidos con el avance de la salud de la mujer y la mejora de los resultados de salud para las mujeres de todo el país". Los NIH apoyan la investigación enfocada en cuestiones de salud específicas de cada sexo, incluidas áreas exclusivas de la mujer como la salud materna, la salud ginecológica y las enfermedades que afectan desproporcionadamente a las mujeres".
Danielle Luciano, profesora y jefa del departamento de obstetricia y ginecología de la Universidad de Connecticut, dijo que constantemente tiene pacientes que prueban distintos suplementos o preguntan sobre cosas que encuentran en línea. "Es porque no tenemos cura para nada de esto", dijo. Cuando un médico no tiene una respuesta directa como "darte amoxicilina para curar tu infección de oído", continuó, entonces los pacientes van a buscar en otra parte.
Incluso con tratamientos limitados, buscar un diagnóstico es esencial para tratar el dolor vulvovaginal crónico, dijo Fitzgerald. "Aún es importante asegurarse de que lo que se está trata sea correcto". Aplicar un bálsamo vulvar puede aliviar algunas molestias, explicó, "pero quieres asegurarte de que no tienes una condición más insidiosa".
Tras ser remitida a un especialista en vulva el año pasado, Roy fue finalmente diagnosticada de vestibulodinia neuroproliferativa, un exceso de terminaciones nerviosas en el orificio vaginal.
Aunque el diagnóstico fue un alivio, el dolor aún la mantenía despierta por la noche. Le recetaron dos antidepresivos que pueden utilizarse sin prescripción médica para el dolor relacionado con los nervios y una crema de relajación muscular, pero ninguno ayudó, dijo. Su médico le recomendó una intervención quirúrgica para extirpar el tejido y el exceso de nervios de la apertura vaginal, a la que se sometió la semana pasada.
Aunque Roy tiene grandes esperanzas de que la operación la ayude, se pregunta si alguna vez se sentirá "normal en lo que se refiere a la intimidad".
"Ya me he resignado a la situación", dijo. "Pero todavía me molesta haber tenido que lidiar con todo esto en primer lugar".
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