Las protestas han paralizado Bolivia. Estos son los motivos

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El apoyo al presidente Rodrigo Paz ha ido menguando después de que tomó una serie de medidas que han sido consideradas como un distanciamiento con los sectores populares.

Bolivia se ha visto convulsionada por la crisis, en tanto que una oleada de protestas y bloqueos de carreteras que ya ha durado un mes ha aislado de hecho la capital administrativa del país, ha provocado escasez de alimentos básicos y ha interrumpido el transporte. La ruptura de las cadenas de suministro también ha generado un aumento de los precios.

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Los disturbios se intensificaron bruscamente en las dos últimas semanas. Los mineros que participan en las manifestaciones hicieron estallar dinamita en enfrentamientos con la policía el jueves y los medios de comunicación locales informaron el lunes del saqueo de al menos dos edificios gubernamentales y del incendio de un auto de policía.

Mientras aumentan las pérdidas económicas y algunas escuelas pasan a impartir clases a distancia, una amplia coalición de sindicatos y grupos indígenas exige la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Los manifestantes han inundado La Paz, la capital, arrastrando efigies de ministros del gobierno por las calles.

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Muchas oficinas gubernamentales y grandes empresas de La Paz están cerradas. En la ciudad vecina de El Alto, los bloqueos generalizados han dejado algunas calles desiertas, con algún ciclista solitario circulando por una carretera vacía que conduce a la capital el martes por la mañana. Algunos trabajadores del transporte llevan respiradores para protegerse de los gases lacrimógenos empleados por la policía para dispersar a los manifestantes.

¿A qué se debe el enojo con el presidente Rodrigo Paz?

Antes de que Paz asumiera el poder hace seis meses, Bolivia estuvo gobernada durante dos décadas por el Movimiento al Socialismo (MAS), de inclinación política de izquierda.

Bajo el gobierno del MAS, los campesinos, los grupos indígenas y la clase trabajadora disfrutaron de una notable inclusión política y de importantes beneficios sociales, aunque los críticos acusaron al gobierno de clientelismo desenfrenado.

Pero una fuerte recesión económica y profundas fracturas internas han desilusionado a muchos partidarios del MAS. En la segunda vuelta de las elecciones del pasado octubre, muchos antiguos votantes del MAS apoyaron a Paz, un senador que se presentó como una alternativa centrista frente a un oponente de extrema derecha.

Pero desde que asumió el cargo, Paz se ha distanciado de muchos de esos votantes. Aduciendo un compromiso con la meritocracia y la experiencia por encima de las cuotas políticas, conformó su gabinete principalmente con líderes empresariales conservadores, dejando a operadores indígenas y a los sectores laboral y agrario sin representación en puestos clave.

También abolió el impuesto sobre el patrimonio y aprobó una polémica ley de clasificación de tierras que, según los críticos, haría que los territorios fueran susceptibles a adquisiciones empresariales.

Los disturbios actuales estallaron inicialmente por reivindicaciones concretas, como la exigencia de aumentos salariales por parte de los profesores, la protesta de los transportistas por combustible contaminado y la oposición indígena a la ley de la tierra. (El problema del transporte estaba relacionado con la calidad de los suministros proporcionados por el gobierno).

El gobierno calmó temporalmente algunas tensiones ofreciendo un bono a los maestros y derogando la ley de la tierra, entre otras concesiones.

Los esfuerzos del gobierno por apaciguar a los ciudadanos no han funcionado

Las concesiones no abordaron frustraciones institucionales más profundas y no lograron detener el ímpetu de un movimiento de protesta en rápida expansión, unificado por la sensación compartida de que al gobierno no le importaban las dificultades de muchos bolivianos.

El 6 de mayo, grupos indígenas del altiplano andino empezaron a bloquear carreteras en los alrededores de La Paz, exigiendo la renuncia del presidente. La movilización absorbió rápidamente a otras facciones, incluidos los trabajadores cuyas reivindicaciones salariales no fueron atendidas y los partidarios del expresidente Evo Morales, quien organizó una marcha de 190 kilómetros hasta la capital.

Desde entonces, los disturbios han pasado de ser una disputa sobre reivindicaciones concretas a exigir directamente la destitución de Paz. Para la amplia clase trabajadora de Bolivia, el giro percibido del gobierno hacia los intereses empresariales es señal de una exclusión estructural de un gobierno en el que había influido durante el gobierno del MAS.

Los partidarios de Evo Morales avivan las protestas

Morales, un antiguo dirigente sindical que fue el primer presidente indígena de Bolivia y gobernó de 2006 a 2019, transformó radicalmente el país reduciendo drásticamente la pobreza antes de que una disputada candidatura para un cuarto mandato le obligara a exiliarse temporalmente.

Aunque un amargo enfrentamiento en el seno de su partido acabó por fragmentar a la izquierda y allanó el camino a la victoria de Paz, Morales sigue comandando una base altamente movilizada y ferozmente leal, misma que ha surgido como catalizador central de la actual escalada.

Pero mientras que los anteriores bloqueos antigubernamentales se limitaban en gran medida a los bastiones rurales de Morales y estaban impulsados por sus partidarios, las recientes manifestaciones han asfixiado a La Paz e implican a una coalición más amplia alimentada por la angustia económica generalizada.

René Soliz Villca, agricultor de frutas y yuca, viajó a La Paz desde la región tropical del Chapare, bastión de Morales.

Dijo que muchos miembros de la organización de trabajadores agrícolas que dirige votaron por Paz, creyendo que era el candidato más alineado con la clase trabajadora. En cambio, ha visto cómo Paz buscaba alianzas con otros presidentes conservadores y de derechas, como el presidente Donald Trump, el mandatario argentino Javier Milei y el dirigente chileno José Antonio Kast.

"Rodrigo Paz ha migrado con su programa de gobierno a la extrema derecha en desmedro de las mayorías", dijo Soliz Villca.

¿Cómo está afrontando el gobierno los disturbios?

El gobierno ha hecho un llamado al diálogo, al tiempo que afirma sin aportar pruebas que las protestas están financiadas por el narcotráfico. Un portavoz presidencial también acusó a Morales de intentar desestabilizar el país para recuperar el poder.

Hasta ahora, las autoridades se han mostrado prudentes a la hora de declarar el estado de excepción o reprimir las protestas con mayor fuerza policial.

Benjamin Swift colaboró con reportería desde La Paz.

Genevieve Glatsky es reportera del Times y está afincada en Bogotá, Colombia.

Benjamin Swift colaboró con reportería desde La Paz.

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