Dudamel sacude a la Filarmónica de Nueva York con salsa

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Gustavo Dudamel subió al podio del David Geffen Hall una tarde reciente y contempló un escenario abarrotado de músicos de la Filarmónica de Nueva York y de la Spanish Harlem Orchestra. Era su primer ensayo juntos, y Dudamel trataba de decidir cómo iba a coordinar a ese heterogéneo grupo de músicos clásicos y de salsa dura en los primeros compases de "La música latina", de Carlos Cascante.

"¿One, two, one?", preguntó Dudamel, el director de orquesta de origen venezolano que se convertirá en el director musical y artístico de la filarmónica este otoño. "¿O uno, dos, uno?".

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Dudamel miró a Oscar Hernandez, el líder de la Spanish Harlem Orchestra, quien estaba sentado a un piano, y luego volvió a mirar a los músicos.

"¡Uno, dos, uno!", dijo Dudamel.

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Y así comenzó una colaboración que empezó con tres actuaciones en el Lincoln Center y terminó el sábado por la noche con un final explosivo en el United Palace Theater de Washington Heights. La filarmónica, de 184 años de antigüedad, y la Spanish Harlem Orchestra, de 25 años, representan mundos neoyorquinos muy diferentes, lo que se refleja en la música que interpretan, la composición de sus orquestas y las multitudes que atraen.

La decisión de Dudamel de ponerlas en un mismo escenario --con un programa que incluye composiciones de salsa-- y con una actuación en Washington Heights, puso de manifiesto hasta qué punto pretende cambiar la orquesta cuando asuma oficialmente el timón en septiembre.

"¡Cumbanchero!", gritaron los músicos al final de "El Cumbanchero", una composición de 1949 de Rafael Hernández Marín. Fue un momento que recibió gritos de aprobación del público más joven de Washington Heights y vítores del público más elegante del Lincoln Center, que aplaudió a ritmo de salsa cuando Dudamel les invitó a hacer algo fuera de lo común durante una actuación en el Geffen Hall: ruido.

"Después del concierto, nos sorprendió cómo respondieron los suscriptores, el público", dijo Doug Beavers, trombonista de la Spanish Harlem Orchestra, sobre las actuaciones en el Lincoln Center. "Fue una ovación de pie. Realmente apreciaron este programa y era totalmente diferente de lo que suele hacer la Filarmónica de Nueva York".

Barret Ham, clarinetista bajo de la filarmónica, dijo que los conciertos "definitivamente nos sacaron un poco de nuestra zona de confort". Es la primera vez que el ensamble toca muchas de estas composiciones.

"Es muy, muy rápida", añadió Ham sobre la salsa. "Hay mucha síncopa. Ritmos muy inspirados en el baile. Sinceramente, no hay tiempo para contarlo de la misma manera cuando se toca música clásica. Tienes que arraigar y sentir los ritmos más que simplemente contar y mirar al director. Ha sido una experiencia de aprendizaje maravillosa".

La semana no solo destacó por los dos programas de conciertos, en los que se mezclaron compositores latinoamericanos de tradición clásica, como Heitor Villa-Lobos y Alberto Ginastera, y otros influidos por la salsa, como Johnny Pacheco, Francisco López Vida y Hernandez, el líder de la Spanish Harlem Orchestra. También era la primera vez que la filarmónica actuaba en el United Palace Theater, un lugar emblemático de Nueva York situado 110 cuadras al norte del Lincoln Center. En ambas salas, el bongó, las congas y los timbales se colocaron en el escenario frente a Dudamel, donde normalmente estarían los violines, las violas y los violonchelos, una imagen que captó el significado de esta alianza.

Durante el espectáculo del sábado, Hernandez habló en español: "Qué placer estar aquí con todos ustedes en este hermosísimo teatro", y añadió elogios al talento de Dudamel y el orgullo que sienten por tenerlo en la ciudad, impulsando la cultura latina.

En una entrevista, Hernandez dijo que había visto a Dudamel dirigir en Los Ángeles, pero que nunca se habían conocido. "Me estaba pellizcando", dijo al hablar de sus recientes conciertos juntos. "Escuchar esas orquestaciones, ver cómo combina con nuestra música; una palabra: fenomenal".

Por su parte, los miembros de la filarmónica parecían encantados de ser los segundos, por así decirlo, de otra orquesta. Las cuerdas se utilizaron más como un sedoso telón de fondo de los metales, la percusión y las voces de la Spanish Harlem Orchestra.

"No se podría imaginar nada más diferente a no ser que tocáramos con un grupo de rock", dijo Carter Brey, chelista principal de la filarmónica desde hace muchos años. "Definitivamente, tenemos una importancia secundaria. Y eso me parece bien. Podría sentarme a escucharlos todo el día".

En el Geffen Hall, 84 miembros de la filarmónica actuaron con 13 miembros de la Spanish Harlem Orchestra. El escenario del United Palace es más pequeño y, para el concierto final, solo hubo 53 miembros de la filarmónica. Rubén Blades se unió a un número para interpretar "Las Calles", un tema suyo. Otro invitado: el padre de Dudamel, Óscar, trombonista de salsa.

La alianza entre las dos orquestas y la decisión de la filarmónica de aventurarse más allá del Lincoln Center dan a entender un esfuerzo de ésta por "ampliar nuestra huella en toda la ciudad de Nueva York, para invitar realmente a una comunidad más amplia a lo que estamos haciendo", dijo Patrick Castillo, vicepresidente de planeación artística.

Las entradas se agotaron en el United Palace, con casi 3400 localidades, unas 1200 más que en el Geffen Hall, y dos tercios del público no había asistido nunca a un concierto de la filarmónica, dijo la orquesta. Alrededor del 43 por ciento del público procedía de Washington Heights, Harlem e Inwood.

La gente seguía amontonándose en el United cuando la sala se oscureció y Dudamel subió al escenario entre estridentes aplausos.

"Tenía muchas ganas de venir a ver a la Filarmónica de Nueva York", dijo Gio Maragos, de 24 años, mientras esperaba para entrar en la sala. "Y vivo en Harlem, así que estoy muy emocionado de que esto ocurra en el norte de la ciudad".

Gina Pinos, de 60 años, dijo que había venido desde TriBeCa porque quería ver a Dudamel a un precio que pudiera pagar. "Me moría por verlo", dijo. "Si vas a la filarmónica, son como 200 o 300 dólares".

Dudamel y Hernandez dijeron que la fusión de estas dos orquestas resultó más sencilla de lo esperado. "No fue difícil", dijo Dudamel durante un descanso entre bastidores. "Puedes sentir cómo la orquesta adquiere el estilo de forma muy natural. Puedes verlo en sus caras".

Hernandez dijo que nunca tuvo dudas sobre su orquesta. "Pueden estar a la altura de cualquiera", dijo después de un ensayo. "La pregunta para la filarmónica es si pueden aguantar la música latina. En una escala del uno al 10, fueron un ocho". Y su opinión sobre la capacidad de la filarmónica para tocar salsa solo mejoró a medida que avanzaba la semana, dijo.

Pero hubo momentos titubeantes. Durante un ensayo, Hernandez hizo un gesto a Dudamel para que detuviera la música. Sugirió más tarde, con deferencia --"no quería pisarle los talones"-- que estaba fuera de tiempo. "Dudamel no está tan familiarizado con esas canciones como yo", dijo Hernandez. "Lo llevó un poco demasiado rápido. Le dije que le bajara un poco".

En otro momento, Dudamel dijo a sus músicos que no se basaran tanto en la partitura, como están acostumbrados a hacer, al intentar incorporar los ritmos percusivos de la salsa.

"Fluyan", dijo Dudamel, quien creció con la aspiración de tocar en una banda de salsa. "Solo dejen que las cosas sucedan".

Ham, el clarinetista bajo, dijo que las actuaciones de la semana pasada fueron importantes para los músicos de la filarmónica de cara al inicio del mandato de Dudamel. "Nos da mucha información sobre el músico que es", dijo Ham, "y el tipo de cosas que son importantes para él".

Los conciertos fueron un recordatorio del legado que Dudamel deja tras 17 años como director artístico de la Filarmónica de Los Ángeles, y un anticipo, dijo, de lo que pretende traer a Nueva York.

"Esto no es solo un momento", dijo Matías Tarnopolsky, presidente y director ejecutivo de la Filarmónica de Nueva York. "Esto va a ser la nueva normalidad para nosotros".

Adam Nagourney es un reportero que cubre noticias sobre música clásica y danza para el Times.

James Estrin es un fotógrafo y escritor que trabaja en el Times desde 1992.

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