La ruptura familiar que ha puesto a LG en el foco de Corea del Sur

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Un jueves por la tarde de junio de 2020, dos ejecutivos del departamento financiero de LG llegaron a lo alto de una colina, a la casa de Kim Young-shik, viuda del presidente anterior de la empresa, para lo que se suponía que era una revisión rutinaria de las finanzas de su familia.

Se sentaron ante una larga mesa de madera cerca de la entrada, con vistas panorámicas de Seúl y un jardín japonés cuidado por el antiguo presidente, quien había muerto dos años antes. Había convertido LG en uno de los chaebols más poderosos de Corea del Sur, los conglomerados familiares que han dominado la economía del país durante décadas.

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Kim y su hija mayor pasaron parte de la reunión hablando de su factura mensual de electricidad y de si comprar o alquilar una nueva furgoneta Chevrolet. Luego las mujeres pasaron a hablar de lo que realmente querían hablar. Querían una explicación de una fórmula secreta que regía el reparto de las acciones de la familia en LG tras la muerte de su esposo y padre, Koo Bon-moo.

Un alto cargo de la empresa dijo que los bienes de la familia, incluida su participación del 38 por ciento en LG, estaban agrupados y controlados de facto por un pequeño círculo de miembros de la familia conocido como "grupo de accionistas".

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Dijeron que Koo Kwang-mo, presidente de LG e hijo adoptivo de Kim, controlaba unos dos tercios de la participación de la familia, alrededor del 26 por ciento de las acciones de LG. Se trata de una cifra significativamente superior al 16 por ciento que figura en los registros reguladores, una diferencia de unos 1600 millones de dólares, lo que sugiere que algunas de sus acciones estaban a nombre de otros miembros de la familia.

En un momento de la reunión, el alto cargo, Ha Beom-jong, ahora director de LG, dijo que Kim podría empezar a utilizar parte del dinero de su difunto esposo que estaba a nombre de otros familiares. Como los nombres estaban "dispersos", dijo, las autoridades surcoreanas no encontrarían un rastro documental para cobrarle impuestos.

Lo que los funcionarios no sabían era que Kim grababa en secreto la reunión, una grabación que se ha convertido en el centro de un esfuerzo de la viuda y su hija por sacar a la luz lo que consideran un comportamiento potencialmente delictivo en la empresa.

Durante décadas, la vida de Kim Young-shik giró en torno a la empresa y la familia, con sus intereses tan entrelazados que resultaba difícil distinguir dónde empezaba una y terminaba la otra, y su esposo estaba al timón de ambas. Incluso su adopción de Koo Kwang-mo tenía por objeto proteger a la empresa, un conglomerado con una serie de negocios globales, entre ellos LG Electronics.

Tras la trágica muerte de su hijo adolescente en 1994, ella y su esposo intentaron tener otro hijo, con la esperanza de que fuera varón para continuar la tradición de primogenitura masculina de la empresa. Cuando tuvieron otra hija, adoptaron a Kwang-mo, sobrino de su esposo, y lo designaron como heredero.

Pero la relación de Kim con la empresa --y, en última instancia, con su familia-- empezó a fracturarse cuando comenzó a sospechar de lo que los directivos de LG y Koo Kwang-mo decían sobre lo que heredarían ella y sus dos hijas.

"Estaba ansiosa y temía que, si yo moría, todo volviera a manos de Kwang-mo, y dejara a mis hijas sin nada", dijo Kim en una respuesta escrita a preguntas de The New York Times.

Sus grabaciones, junto con transcripciones de otras conversaciones que sus hijas mantuvieron con funcionarios de LG, se encontraban entre los cientos de páginas de documentos y actas judiciales presentadas en 2023 en una demanda interpuesta por Kim y sus hijas. Las mujeres dijeron que las habían engañado para que aceptaran un acuerdo sucesorio injusto que dejó a Koo Kwang-mo con una parte excesiva del patrimonio del expresidente, valorada en casi 2000 millones de dólares.

En medio del dramatismo del juicio, se pierde de vista la afirmación de las mujeres de que se les ocultó información sobre una estructura de propiedad ilegal en la que participaron sin saberlo, y de que la fortuna del difunto presidente era mucho mayor de lo que se había revelado públicamente.

En febrero, un tribunal surcoreano desestimó la demanda de herencia; afirmó que las reclamaciones de las mujeres carecían de fundamento y que no había pruebas de que las acciones estuvieran a nombre de otras personas. Las mujeres dijeron que tenían previsto recurrir.

La sentencia fue una victoria para la dirección corporativa de LG. Pero puede que no ponga fin a la lucha: en un hecho del que no se había informado anteriormente, Kim y su hija mayor presentaron en noviembre de 2024 una denuncia penal ante la Fiscalía del Distrito Central de Seúl contra Koo Kwang-mo y el padre biológico de este. Ha Beom-jong y otro alto cargo de LG fueron nombrados en la denuncia.

La batalla legal de las mujeres se enfoca en las inusuales prácticas de gobernanza de los chaebols surcoreanos, una mezcla poco convencional de gigantes corporativos y empresas controladas por familias. El núcleo de la demanda penal es una práctica conocida como acuerdo de prestanombres, o testaferro, en el que una persona posee acciones en nombre de otra.

En 1993, Corea del Sur aprobó una ley que exigía nombres reales en las transacciones financieras para evitar la ocultación de activos, aunque no declaraba explícitamente que las acciones con prestanombres fueran ilegales. Sin embargo, esta práctica se utiliza a menudo para facilitar delitos como la evasión fiscal o para eludir la normativa financiera, dijo Bahng Minju, socio del bufete Weon de Seúl. Los acuerdos son difíciles de probar, añadió, porque suelen implicar a miembros de la familia, dejan poca documentación y se basan en convenios tácitos.

Woochan Kim, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Corea, dijo que las acciones con prestanombres eran más comunes en el pasado, pero que el incentivo persistía para algunas familias chaebol que intentaban evitar el impuesto de sucesiones de Corea del Sur, uno de los más altos del mundo, de hasta el 50 por ciento.

Las mujeres afirman que en su familia se utilizaban estas prácticas. En su denuncia penal, dijeron que las acciones con prestanombres se habían utilizado para cometer evasión fiscal, malversación de fondos e infracciones de las leyes de los mercados de capitales, y pidieron a los fiscales que abrieran una investigación completa.

En Corea del Sur, cualquier persona que se considere víctima de un delito puede presentar una denuncia penal, y deja a los fiscales la decisión de investigar o presentar cargos. Un portavoz de la fiscalía se negó a hacer comentarios sobre la denuncia, y citó para ello normas que prohíben hablar de casos individuales.

Koo Yeon-kyung, la hija mayor del expresidente, dijo en una declaración al Times que ella, su hermana y su madre querían desmantelar la estructura de propiedad con prestanombres. Esta estructura permite a determinadas personas "consolidar un poder y una riqueza enormes", mientras que deja a otras, especialmente a las mujeres, "aisladas, engañadas y privadas de su legítima herencia", dijo.

En otra entrevista escrita, Koo dijo que muchos familiares desconocían la existencia de las acciones con prestanombres y se limitaban a seguir las instrucciones de los ancianos de la familia y del equipo de gestión financiera.

Yulchon, un bufete de abogados surcoreano que ha representado al presidente de LG en el pleito por la herencia, no respondió a preguntas directas sobre las grabaciones, pero dijo que solo reflejaban "extractos o palabras aisladas" seleccionadas por las mujeres. El bufete también dijo que el litigio "no estaba relacionado en modo alguno con el género" y se enfocaba en acuerdos de libre voluntad y cumplimiento de la ley. (La empresa afirmó que respondía a una solicitud de comentarios que el Times había enviado a Koo Kwang-mo, Ha Beom-jong y Kang Yoo-shik, exvicepresidente de LG y antiguo ayudante del expresidente).

Yulchon dijo en un comunicado que las demandas de las mujeres repetían argumentos que ellas "afirmaron unilateralmente sin pruebas objetivas" o "presentaron de forma distorsionada" en el caso civil anterior, y señaló que el tribunal surcoreano no aceptó esas demandas.

Más allá de los riesgos jurídicos, las acusaciones de Kim y sus dos hijas, quienes en conjunto poseen acciones de LG por valor de unos 1100 millones de dólares, podrían reavivar las antiguas críticas de que las familias chaebol favorecen sus propios intereses frente a los de otros inversores. En el último año, el precio de las acciones de LG ha subido alrededor del 49 por ciento, pero se ha quedado rezagado respecto al índice de referencia surcoreano KOSPI, que se ha duplicado con creces.

En el pasado, la familia fundadora de LG se ha enfrentado a investigaciones fiscales. En 2018, los fiscales allanaron la sede de la empresa en Seúl e imputaron a 14 miembros de la familia Koo y al equipo financiero por evasión de miles de millones de wones en impuestos sobre plusvalías, incluidos el padre biológico de Koo Kwang-mo, Kim Young-shik y su hija mayor. Un tribunal de Seúl declaró a todas las partes no culpables en 2019.

El episodio llamó la atención sobre las finanzas de la familia, pero no sobre su gestión. Las mujeres dijeron que el sistema de acciones con prestanombres de LG está dirigido por un equipo de gestión financiera que controla los activos, las libretas de ahorro y los sellos personales de decenas de miembros de la familia, lo que le permite abrir cuentas, pedir préstamos y realizar transacciones sin su conocimiento ni consentimiento.

Koo Yeon-kyung, la hija mayor, dijo en la entrevista escrita que en 2022 descubrió que se habían abierto 21 cuentas bancarias a su nombre sin su aprobación.

En una reunión celebrada en mayo de 2022, cuando las mujeres estaban considerando presentar su demanda para anular el acuerdo sucesorio, Koo Kwang-mo, quien se había convertido en presidente de la empresa, les dijo que hacerlo podría arrojar luz sobre esta antigua práctica familiar y que, como dirigente de la empresa, sería penalmente responsable.

"Como los nombres no coinciden desde arriba, existe un riesgo", dijo en una grabación realizada por Kim y revisada por el Times.

"Si los empleados denuncian irregularidades, podría ir a la cárcel durante 30 años", dijo. "Por eso solo un pequeño número de personas habla de esto".

Koo Kwang-mo no respondió a las preguntas sobre este comentario. Yulchon dijo que su declaración sustituía su respuesta.

En otra reunión con Kim unos meses después, Kang Yoo-shik, exvicepresidente de LG, dijo que estaba allí para ofrecer más detalles sobre cómo funcionaba el llamado grupo de accionistas y cómo se remontaba generaciones atrás, a una estructura establecida por los patriarcas de la empresa.

"El nombre no importa", dijo Kang en la grabación. "En última instancia, se trataba de ajustar el patrimonio de los accionistas para mantener estas proporciones". Tampoco él respondió a una solicitud de comentarios. Yulchon, el bufete de abogados, dijo que su declaración sustituía a una respuesta independiente de Kang.

Cuando Kang declaró como testigo en el juicio en enero, afirmó que no sabía si Koo Kwang-mo controlaba más acciones de las que el presidente había revelado públicamente, pero negó la existencia de acciones con prestanombres. Durante el interrogatorio, Kang dijo que su conversación con la viuda no había versado sobre algo ya hecho, sino más bien sobre un "objetivo móvil" al que la familia debía aspirar.

En el estrado de los testigos, Kang dijo que había ido a hablar con Kim para aclarar cualquier confusión y aliviar cualquier agravio que ella pudiera haber sentido. Pero la conversación, según la grabación, también incluyó una advertencia de que seguir adelante con la demanda podría poner en peligro la reputación de LG como empresa armoniosa.

"Por favor, resuelva esto dentro de la familia", dijo Kang. "Si esto sale a la luz, se arruinará la reputación de la empresa".

Daisuke Wakabayashi es corresponsal de negocios en Asia para el Times, con sede en Seúl, y cubre noticias económicas, empresariales y geopolíticas de la región.

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