Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como la superestrella Bad Bunny, es un orgulloso producto de lo que los puertorriqueños llaman la "generación de la crisis": personas que crecieron en la isla en las décadas de 1990 y 2000 y apenas recuerdan sus mejores tiempos.
Bad Bunny tenía 12 años cuando la economía de Puerto Rico entró en una espiral de recesión de la que nunca se ha recuperado. En 2016, cuando tenía 22 años y empezó a grabar música, el gobierno de la isla estaba en bancarrota. El huracán María azotó la isla al año siguiente, devastándola y causando la muerte de casi 3000 personas. Después llegaron los disturbios políticos, la pandemia del coronavirus y la rápida gentrificación.
Los miembros de su generación dicen que Bad Bunny, que ahora tiene 31 años, ha dado voz a sus experiencias y miedos, al tiempo que ha abierto los ojos del mundo a la tensa relación territorial de Puerto Rico con el gobierno estadounidense.
Al hacer música sobre los retos comunes de los jóvenes puertorriqueños, "ha sido capaz de ponernos en el mapa", dijo Alejandro Bracero, de 23 años, estudiante de ciencias políticas y economía en el campus principal de la Universidad de Puerto Rico en San Juan.
Bad Bunny canta y rapea sobre las dificultades a las que se enfrenta la generación de la crisis en muchas de sus letras y habla de ellas en entrevistas y en las redes sociales. Industrias enteras de Puerto Rico cerraron tras la expiración en 2006 de una exención fiscal federal para las empresas, lo que provocó que los residentes se marcharan en masa a buscar trabajo en Estados Unidos. Los graves recortes presupuestarios durante la crisis de la deuda provocaron el cierre de escuelas, calles llenas de baches y cortes frecuentes de electricidad.
La población de la isla disminuyó un 11,8 por ciento entre 2010 y 2020, según el censo. Bad Bunny, crítico declarado de las medidas represivas del presidente Donald Trump contra la inmigración, dedicó su victoria en los Grammy al álbum del año a "todas las personas que tuvieron que abandonar su patria, su país para seguir sus sueños".
Bracero recuerda que su abuela, nacida en 1946, le contaba historias sobre el auge de Puerto Rico en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, gracias a una exención del impuesto a las empresas destinada a fomentar la industria. "Había una sensación de prosperidad", dijo, muy diferente del Puerto Rico en el que creció.
Mayra Vélez Serrano, presidenta del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Puerto Rico, acuñó el término "generación de la crisis" en 2016. Desde entonces, solo se ha hecho más apropiado, dijo, para describir a un grupo de puertorriqueños mejor educados que sus predecesores, pero que sufren el estancamiento salarial y un costo de la vida inasequible.
En promedio, un maestro en Puerto Rico puede ganar 32.000 dólares al año, dijo Vélez Serrano, en comparación con unos 50.000 dólares en Orlando, Florida, donde se establecen muchos puertorriqueños que huyen de la isla. Pero la vivienda promedio en Puerto Rico cuesta unos 300.000 dólares, frente a unos 367.000 dólares en Orlando.
"Esta enorme diferencia entre lo que ganamos como profesionales y el costo de la vida ha provocado la salida masiva de profesionales de esta generación", dijo, y añadió que la mayoría "tiene entre 20 y 40 años", un grupo de edad que incluye a Bad Bunny.
En Debí tirar más fotos, el álbum de Bad Bunny que ganó en los Grammy el domingo pasado, la canción que da título al disco habla del deseo de haber tomado más fotos a la gente antes de que se fueran. Otra canción menciona no querer que te obliguen a mudarte. Una tercera es desafiante sobre no querer experimentar "lo que le pasó a Hawái", con letras sobre la pérdida de propiedades a manos de forasteros ricos y las posibles trampas si Puerto Rico se convirtiera en un estado.
"Ahora hay gente de Estados Unidos viviendo en Caguas", dijo con asombro Abdiel Vargas Sánchez, de 24 años, sobre su ciudad natal. Caguas, una ciudad de cerca de 120.000 habitantes, situada en un valle montañoso al sur de San Juan, antes no era un destino vacacional. Pero la afluencia de habitantes del continente, que se aceleró durante la pandemia, algunos de ellos probablemente atraídos por las exenciones fiscales para inversores ricos, ha expulsado a los residentes locales y ha hecho subir los precios de la vivienda en toda la isla.
"Bad Bunny podría ser el comienzo de algo hermoso" para Puerto Rico, dijo Vargas Sánchez. Sin embargo, también le preocupaba que el éxito comercial del artista fuera, en última instancia, "solo eso".
Ya ha habido indicios de que la generación de la crisis está cambiando la política puertorriqueña.
En 2019, los jóvenes, entre ellos Bad Bunny y otros artistas, desempeñaron un papel decisivo en la organización de protestas callejeras que forzaron la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló tras filtrarse mensajes de chat ofensivos entre él y sus ayudantes, algunos de los cuales se burlaban de las víctimas del huracán María. Bad Bunny terminó una gira antes de tiempo para unirse a las protestas, y él y otros dos artistas grabaron una canción que se convirtió en un himno callejero.
Camila Herrera Biaggi, de 24 años, era aún una adolescente cuando se produjeron las manifestaciones, pero las considera el inicio de su despertar político. "Fue mi primera protesta", dijo, recordando cómo Bad Bunny y otros la inspiraron a participar. "Me dije a mí misma que tenía que ir".
Los nuevos partidos políticos ganaron terreno en los años siguientes, a medida que los votantes más jóvenes se preguntaban si los partidos establecidos querían resolver los problemas de la isla. En 2024, Bad Bunny pagó vallas publicitarias en las que criticaba a uno de los viejos partidos, el Partido Nuevo Progresista, y lo calificaba de corrupto. Este partido está en el poder desde 2017 y apoya que Puerto Rico se convierta en un estado de Estados Unidos. Bad Bunny ha apoyado a candidatos que prefieren la independencia de Puerto Rico y ha incluido muchos símbolos independentistas en sus videos musicales y en las letras de sus canciones.
Puerto Rico es territorio de Estados Unidos desde 1898, después de que las fuerzas de este último lo invadieron durante la guerra hispano-estadounidense. En 1917, el Congreso extendió la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, pero los residentes de Puerto Rico no pueden votar en las elecciones presidenciales, solo tienen representación simbólica en el Congreso y no tienen igualdad de acceso a las prestaciones federales.
Sobre todo, los jóvenes puertorriqueños parecen decididos a reexaminar la relación de Puerto Rico con Estados Unidos, a la luz de dos acontecimientos definitorios de la última década.
En 2016, el Congreso aprobó una ley que otorgaba poderes a una junta nombrada por el presidente para supervisar las finanzas de la isla, lo que le quitó gran parte de su independencia financiera y suscitó acusaciones de que estaba tratando a Puerto Rico como a una colonia. La chapucera respuesta al huracán María erosionó aún más la confianza de los puertorriqueños en el gobierno federal.
El año pasado, Bad Bunny trabajó con Jorell Meléndez-Badillo, historiador puertorriqueño de la Universidad de Wisconsin-Madison, en videos basados en textos para su álbum, en los que explicaba periodos cruciales de la historia de Puerto Rico. Algunos se proyectaron en grandes pantallas durante la residencia de conciertos de Bad Bunny en Puerto Rico durante el verano.
Meléndez-Badillo calificó la actuación del artista en el Super Bowl como una oportunidad para que los puertorriqueños --y el resto de las personas-- mantengan más conversaciones sobre el estado actual de la isla y su futuro.
"Lo veo como algo pedagógico que Benito está haciendo", dijo. "No se limita a enarbolar la bandera puertorriqueña. También invita a la gente a lidiar con la belleza y la confusión de la puertorriqueñidad. Mucha gente en Estados Unidos no conoce realmente la relación de Puerto Rico con Estados Unidos".
Nathalia Méndez Rodríguez, de 23 años, estudiante de posgrado de administración pública y derecho en la Universidad de Puerto Rico, dijo que quería que Bad Bunny siguiera explicando al mundo lo que ella y sus compañeros más desean: "preservar nuestra patria y nuestra cultura y nuestro país y nuestra comunidad".
"Bad Bunny", dijo, "representa las ansiedades del pueblo puertorriqueño".
Patricia Mazzei es la jefa de la corresponsalía en Miami, que cubre Florida y Puerto Rico.
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