Estos tesoros saqueados regresaron a su país. ¿Y ahora qué sigue?

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Después de pasar 128 años en el exilio, las piezas están, por fin, en casa.

El mes pasado se expusieron en el Museo Nacional de Ciudad de Benín, en Nigeria, un centenar de bronces de Benín, piezas de un valor incalculable que las fuerzas británicas saquearon de un palacio real cerca de ahí en 1897. Había estatuas de bronce de animales, colmillos de elefante tallados y esculturas imponentes de los monarcas, llamados "obas", que gobernaron el antiguo reino de Benín.

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Durante más de un siglo, los críticos de arte occidentales vieron estas figuras exhibidas en museos europeos y norteamericanos y las declararon obras maestras. Artistas como Picasso también se enamoraron de ellas.

Pero su nuevo hogar en Ciudad de Benín no era el museo de vanguardia que muchos habían esperado que las albergara a su vuelta.

No había sistemas de climatización ni de seguridad de alta tecnología. No había iluminación costosa que mostrara los detalles de los artefactos. Las descripciones que los acompañaban eran hojas de papel, pegadas a la pared y a las vitrinas.

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Los nigerianos les habían pedido a los museos occidentales que devolvieran los bronces desde la década de 1930, pero sus llamamientos fueron ignorados hasta que la actitud ante la devolución de botines coloniales empezó a cambiar en la última década. En meses recientes, más de 100 esculturas han regresado a Nigeria, y está previsto que en 2026 lleguen cientos más procedentes de museos de Suecia, el Reino Unido y Alemania.

Sin embargo, Nigeria se enfrenta ahora a nuevos desafíos: construir un museo para exponer las piezas y poner fin a las luchas políticas internas que, en ocasiones, han amenazado con terminar las labores de devolución.

Este drama, que enfrenta a los agentes del poder local, ha dominado la historia de los bronces por varios años. Los museos occidentales que querían corregir un error de la época colonial devolviendo las piezas esperaban que estas se expusieran en el Museo de Arte de África Occidental, un flamante centro cultural en Ciudad de Benín, financiado en gran parte por gobiernos y donantes occidentales.

El plan parecía estar funcionando hasta marzo de 2023, cuando el presidente de Nigeria transfirió la propiedad de los bronces devueltos a Ewuare II, el actual oba y jefe de la familia real a la que los británicos robaron los tesoros.

Ewaure II se ha opuesto al proyecto del Museo de Arte de África Occidental, al que ha descrito como un intento de "volver a robar" los bronces a su familia. Con los bronces ya en manos del oba, el nuevo museo pasó a exhibir arte contemporáneo.

Aun así, algunas personas en Ciudad de Benín no recibieron el mensaje de que el Museo de Arte de África Occidental había cambiado de rumbo. Cuando este intentó abrir sus puertas en noviembre, una turba se reunió frente al museo e intimidó a los dignatarios visitantes, las personas rompieron ventanas y gritaron consignas de apoyo al oba. La protesta canceló los festejos de inauguración y, semanas después, el museo sigue cerrado.

Ahora, Ewaure II y el gobierno nigeriano pretenden construir un "museo real" para albergar los bronces, con planes para reformar un teatro en ruinas no lejos del palacio. Sin embargo, recaudar el dinero podría resultar difícil, pues Nigeria tiene poca tradición de filantropía artística y los donantes occidentales ya han financiado un museo para los bronces en Ciudad de Benín.

El oba no tiene poderes políticos formales en Nigeria. Pero en Ciudad de Benín, Ewuare II tiene una influencia cultural y religiosa importante. Vive en un palacio en medio de la ciudad, oculto tras altos muros, y los líderes empresariales y políticos compiten por su aprobación.

En una inusual entrevista reciente, el oba --vestido con túnicas blancas y sentado en un trono-- dijo que los bronces no eran meras obras de arte, como los veían muchos occidentales. "Eran nuestra forma de llevar un registro", dijo. "Eran nuestra religión".

Siguen desempeñando un papel importante en el área y hay fundidores de bronce y talladores de madera que los fabrican tanto para el oba como para los turistas. Incluso el logotipo del equipo de fútbol local es un bronce.

Ewaure II dijo que quería que su museo real fuera espectacular para atraer a visitantes jóvenes. Pidió a los legisladores que "hicieran un museo como un teatro, como cine, como cosas que la gente no ha visto antes".

Aunque no podía decir cuándo estaría listo, sabía quién debía pagarlo: los gobiernos y museos occidentales deberían patrocinar el museo real, dijo, sobre todo porque muchos habían financiado la construcción del Museo de Arte de África Occidental. "¡Todo el dinero que se les dio era para nosotros!", dijo.

Alguien que probablemente será fundamental para lo que siga es Olugbile Holloway, director de la agencia gubernamental que gestiona los museos de Nigeria. En febrero, Holloway firmó un acuerdo de cinco años con Ewuare II, que le permitía a su agencia gestionar los bronces devueltos en nombre del oba y comprometía a su agencia a proveer personal para cualquier museo real.

El mes pasado, durante una entrevista en su oficina en el Museo Nacional de Lagos, la ciudad más grande de Nigeria, cuatro bronces de Benín que habían sido devueltos recientemente de museos neerlandeses estaban dispuestos en un escritorio. Dijo que era sobrecogedor tenerlos de nuevo en Nigeria: "Imagina que tus hijos hubieran sido secuestrados por la noche, y por fin los tienes de vuelta".

Holloway dijo que la recaudación de fondos sería su mayor reto. El museo real previsto costaría al menos 4000 millones de nairas, unos 2,7 millones de dólares, dijo, y quería recaudar esa cantidad a nivel local.

"Eso en sí mismo contaría la historia de que lo hacemos por nosotros mismos, en lugar de caer en el cliché de que los africanos van con la gorra en la mano a Occidente", dijo, pero añadió que los filántropos nigerianos preferían dar dinero a proyectos educativos o de salud antes que a las artes.

Hasta que se construya un museo real, dijo Holloway, los bronces se expondrán en otros museos de Nigeria, como el Museo Nacional de Ciudad de Benín. Este mes, más de 100 de las piezas devueltas se expondrán en un ala renovada del Museo Nacional de Lagos, junto con otras obras de arte históricas nigerianas. Holloway dijo que enviaría otros bronces devueltos de toda Nigeria a las secciones regionales del Museo Nacional.

Mientras negociaba con museos extranjeros otras devoluciones, dijo Holloway, intentaba escalonar los plazos mientras desarrollaba estos planes.

Cuando los bronces no estén en exhibición, dijo Holloway, su agencia guardará los objetos en el Almacén Oba Ovonramwen en Ciudad de Benín, un edificio de hormigón de dos plantas ubicado en una rotonda concurrida cerca del palacio real.

En una visita reciente a las instalaciones, sus salas apenas tenían algo más que algunas estanterías metálicas vacías. En el interior hacía un calor sofocante, y un funcionario del museo dijo que había pedido aparatos de aire acondicionado, aunque los bronces habían sobrevivido en el clima de Ciudad Benín durante cientos de años antes de ser saqueados.

Un almacenamiento tan básico podría disgustar a algunos museos occidentales, pero Holloway dijo que nadie tenía derecho a decirle a los nigerianos qué hacer con su patrimonio. Los bronces pertenecen a Nigeria, dijo: "Si decidimos que, como país, queremos fundir los bronces y enterrarlos, es nuestra prerrogativa".

Hagan lo que hagan, puede resultar difícil llamar la atención del público nigeriano.

Victor Ehikhamenor, artista nigeriano que lleva mucho tiempo haciendo campaña a favor de la devolución de los bronces de Benín, dijo en una entrevista en su estudio de Lagos que los objetos significaban poco para algunos nigerianos de grupos étnicos distintos de los habitantes de Ciudad de Benín.

"Aquí hay un dicho que dice que un cadáver que no es tuyo es como un tronco de madera: no le tienes apego emocional", dijo Ehikhamenor. "Los bronces son un tronco de madera para mucha gente".

Muchos nigerianos también luchan por ganarse la vida, añadió Ehikhamenor, y ver objetos históricos no está entre sus prioridades.

Para superar eso, dijo Ehikhamenor, los museos deberían utilizar las piezas para contar historias apasionantes del pasado de Nigeria o transmitir mensajes inspiradores sobre el futuro del país. Su pueblo hizo en su día algunas de las obras de arte más aclamadas del mundo, dijo, y podrían volver a hacerlo. "Hay que mostrarle a la gente la historia", dijo.

El mes pasado, en el museo de Ciudad de Benín, el desafío de convocar a los nigerianos era evidente. El 3 de noviembre, el museo inauguró su exposición de bronces devueltos, procedentes de los Países Bajos, Alemania y Estados Unidos. Hubo una oleada inicial de interés por la exposición, para la cual acudieron equipos de televisión nigerianos a grabar la inauguración y un grupo de turistas británicos la visitaron poco después. Pero tras el entusiasmo inicial, los guías del museo, con talante aburrido, se pasearon durante horas esperando a los visitantes.

Sin embargo, cuando por fin aparecieron dos visitantes, parecían cautivados por los objetos y lo que representaban. Queen Igninomwanhia, de 58 años, profesora, recorría las vitrinas con los bronces. Mientras un guía turístico le explicaba cómo los soldados británicos los habían robado, Igninomwanhia chasqueaba la lengua y sacudía la cabeza.

Había visto otros bronces de Benín en el Museo Británico en una visita a Londres, dijo, y deseó que Nigeria tuviera un lugar tan grandioso para albergarlos, pero se alegró de que los objetos estuvieran en casa. "Los hicimos hace 500 años", dijo. "Éramos muy ilustrados".

El hijo de Igninomwanhia, Max, de 25 años, caminó en silencio detrás de su madre hasta que llegó a una vitrina que contenía un colmillo de elefante tallado. Sacó su teléfono y empezó a sacar fotos.

Era su primera visita a un museo, dijo, y añadió que volvería encantado si cambiaban las exposiciones. "Si se devuelven más bronces", dijo, "habrá más cosas que ver".

Alex Marshall es reportero del Times y cubre temas relacionados con la cultura europea. Reside en Londres.

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