Su empresa de criptomonedas colapsó y se fueron a Bali.

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Especial para Infobae de The New York Times.

BARCELONA, España — Poco después de que su fondo de cobertura de criptomonedas se declaró en bancarrota el año pasado, lo que provocó un colapso del mercado que devastó el sector, Kyle Davies se subió a un avión y dejó atrás sus problemas.

Voló a Bali, Indonesia. Mientras su empresa era liquidada y las autoridades abrían investigaciones en dos continentes, Davies pasaba los días pintando en cafés y leyendo a Hemingway en la playa.

También hizo turismo. Viajó por Tailandia, donde las ostras fritas cuestan apenas unos dólares, y admiró la arquitectura de Malasia. Publicó una foto desde un zoológico privado de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, en la que aparecía acariciando a un tigre encadenado a un poste. En Baréin, asistió a un evento de Fórmula Uno previo al Gran Premio.

Una noche despejada, en una azotea de Bali, Davies consumió hongos alucinógenos con un grupo de colegas de la criptoindustria. “Miras a las estrellas y parece que las estrellas se mueven”, recordó durante una cena del mes pasado en una marisquería de Barcelona, donde estaba de vacaciones con su mujer y sus dos hijas pequeñas. “Tocas la hierba y parece que no es normal”.

Resultó que la vida como paria de la industria de las criptomonedas no era tan mala.

Hace un año, Three Arrows Capital (3AC), el fondo de cobertura fundado por Davies y Su Zhu, ambos ahora de 36 años, implosionó casi de la noche a la mañana. Adorados por sus cientos de miles de seguidores en Twitter, Davies y Zhu habían sido superestrellas de las criptomonedas, conocidos por su visión para el comercio y sus audaces predicciones sobre el mercado. Aparecían con frecuencia en el circuito de pódcasts sobre criptomonedas y su influencia les permitió pedir préstamos por cientos de millones de dólares a empresas líderes y hacer grandes apuestas sobre el futuro de la industria.

Cuando su fondo de cobertura quebró, una gran parte de la industria se vino abajo con él. La crisis posterior acabó con los ahorros de millones de inversionistas novatos y sumió a otras empresas en la quiebra.

Pero, en su opinión, Davies y Zhu han prosperado. Dejaron Singapur, donde estaba la sede de Three Arrows, y viajaron por Asia, tomándose el verano libre. Davies empezó a meditar. Zhu jugaba videojuegos y encontró un instructor de surf. Sus antiguos socios del sector de las criptomonedas hablaban mal de él en la prensa, pero hizo nuevos amigos, una mezcla de surfistas y luchadores de la UFC.

“Tenían mucha empatía y compasión por mí”, dijo Zhu desde su residencia de lujo en Singapur. “Los derrotan en un combate importante, pierden patrocinios o lo que sea y todo el mundo llora. Pero luego el luchador mismo… su mente ya está en la siguiente pelea”.

Después de la caída de la industria de las criptomonedas el año pasado, en la que desapareció más de 1 billón de dólares del mercado, algunas de las principales figuras del negocio tuvieron que rendir cuentas. Changpeng Zhao, director ejecutivo de Binance, la mayor casa de cambio de criptomonedas en el mundo, es sujeto de una investigación penal y enfrenta una demanda de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. Sam Bankman-Fried, fundador de la bolsa de criptomonedas FTX, se encuentra bajo arresto domiciliario en la casa de su infancia en Palo Alto, California, a la espera de juicio por cargos de fraude. Do Kwon, el empresario surcoreano que creó la fallida criptomoneda luna, fue detenido en Montenegro esta primavera tras estar prófugo durante meses.

Sin embargo, muchos de los altos ejecutivos que se hicieron de fortuna y estatus con la compraventa de criptomonedas entre las masas han eludido repercusiones graves. Se retiraron, invirtieron en bienes inmuebles o se refugiaron en paraísos fiscales.

Los fundadores de Three Arrows son dos de los ejemplos más destacados. Siguen viviendo cómodamente, después de gestionar un fondo que llegó a manejar más de 4000 millones de dólares en su mejor momento. Davies y Zhu se negaron a calcular su patrimonio total, pero dijeron que habían ahorrado lo suficiente a lo largo de los años como para no tener que volver a trabajar.

Ninguno de los dos estuvo dispuesto a disculparse por el colapso. Three Arrows debe a sus acreedores 3300 millones de dólares; la empresa estaba registrada en las Islas Vírgenes Británicas y sus síndicos, nombrados por los tribunales del territorio, afirman que Davies y Zhu se han negado a cooperar en el proceso de recuperación. En octubre, Bloomberg informó que los reguladores federales de Estados Unidos estaban investigando si Davies y Zhu habían tergiversado sus finanzas ante los inversionistas de Three Arrows.

Davies y Zhu sostienen que no hicieron nada malo. Dijeron que habían recibido amenazas de muerte, pero señalaron que ninguna agencia gubernamental los había demandado ni había solicitado su detención.

Un amigo le preguntó hace poco a Davies si sentía remordimiento. “¿Remordimiento de qué?”, respondió.

En los últimos meses, Davies y Zhu han estado planeando su regreso. En abril, develaron Open Exchange, un mercado para operadores que perdieron dinero en las implosiones de la criptoindustria el año pasado. Los clientes podrán comprar y vender reclamos al caudal de la quiebra de criptoempresas desaparecidas como FTX y quizá incluso la misma Three Arrows.

En los documentos de presentación enviados a los inversionistas en enero, Davies y Zhu dieron a su nueva empresa el nombre en clave de “GTX”, un sucesor alfabético de la bolsa fallida de Bankman-Fried.

“Me pareció muy gracioso”, dijo Zhu.

El ‘superciclo’ de las criptomonedas

Davies y Zhu han tenido vidas paralelas. Crecieron en el noreste de Estados Unidos y estudiaron juntos el bachillerato en la Phillips Academy de Andover, Massachusetts. Se hicieron socios a mediados de la década de los 2000, mientras estudiaban en la Universidad de Columbia. El verano siguiente a su primer año de carrera, viajaron a Buenos Aires, Argentina, y se instalaron en una cafetería, donde ofrecían enseñar a los trabajadores locales a jugar póker en línea y a apostar dinero a cambio de una parte de sus ganancias.

Pero su plan de crear un ejército de tahúres sudamericanos tenía un defecto fatal: ninguno de los dos hablaba español. Supusieron por error que los argentinos de clase trabajadora entenderían inglés.

Tras graduarse de Columbia, Davies y Zhu trabajaron en Credit Suisse antes de fundar Three Arrows en 2012, a sus veintitantos años. Al principio, operaban productos financieros vinculados a divisas, pero en 2019, incursionaron en las criptomonedas, justo cuando el mercado salía de una crisis importante.

Para 2021, a medida que los precios de las criptomonedas ascendían a niveles nunca antes vistos, Davies y Zhu ya gestionaban miles de millones de dólares, que invertían en empresas emergentes de criptomonedas, y pedían préstamos por cientos de millones de dólares para hacer apuestas aún mayores. Zhu acumuló 500.000 seguidores en Twitter, promoviendo su teoría de un “superciclo” de las criptomonedas destinado a enviar el precio del bitcoin por encima del millón de dólares.

Davies dijo que veía toda la empresa como algo muy parecido a un juego en línea. “Si eres muy bueno en el juego, ganas mucho dinero”, afirmó.

Durante un tiempo, sus apuestas rindieron frutos. Según información de los medios, Zhu gastó 35 millones de dólares en un búngalo de buena clase, una especie de mansión popular entre la élite financiera de Singapur, y se instaló en un barrio tranquilo y arbolado de la isla.

Davies optó por un premio aún más extravagante. “Le dije a Su: ‘Voy a comprarme un barco. Lo necesito’“, recuerda. “Su me dijo: ‘Yo también lo necesito’. Y yo le dije: ‘Pues necesitémoslo juntos’“.

Eligieron un superyate, diseñado por el astillero italiano Sanlorenzo, con cinco cubiertas, dos terrazas retráctiles y una piscina. Lo bautizaron Much Wow, en referencia a un meme popularizado por los inversionistas en la criptomoneda de broma dogecoin.

El yate se convirtió en el proyecto favorito de Davies. En su interior, planeaba exponer una colección de tókenes no fungibles, los coleccionables digitales únicos conocidos como NFT por su sigla en inglés. En un piso se iba a instalar un jardín hidropónico, un añadido solicitado por la esposa de Zhu, bióloga y entusiasta de la jardinería.

Fue una época apasionante. “De hecho, yo también tenía la mirada puesta en algunas islas”, comentó Davies. Pero mientras daba los últimos toques al barco, el mercado de las criptomonedas se encaminaba hacia una crisis. En Singapur, Zhu y Davies habían empezado a relacionarse con Kwon, el creador de luna. En febrero de 2022, compraron 200 millones de dólares en tókenes de luna.

Tres meses después, luna perdió todo su valor en cuestión de días. La caída hizo que el precio de las principales criptomonedas se desplomara. Muchas de las otras apuestas de Three Arrows comenzaron a fracasar a toda velocidad.

A medida que el mercado se colapsaba, los prestamistas de los fundadores les ordenaron que les pagaran cientos de millones de dólares, dinero que Three Arrows ya no tenía.

Tras bambalinas, todo era un caos. En un momento dado, Three Arrows intentó pedir prestados 5000 bitcoins, por un valor de 125 millones de dólares en aquel momento, al prestamista de criptomonedas Genesis para pagarle otro préstamo a un acreedor distinto, según documentos presentados ante un tribunal de las Islas Vírgenes Británicas (Zhu rebatió que el relato sobre sus maniobras financieras no era correcto). Cuando el destino de la empresa se hizo evidente, sus prestamistas se quejaron de que Davies y Zhu no respondían a los mensajes.

El impacto de la implosión de la empresa fue inmediato y avasallador. Uno de los principales acreedores de Three Arrows era Voyager Digital, un banco de criptomonedas que le había prestado alrededor de 700 millones de dólares. Tras el impago de ese préstamo, Voyager se declaró insolvente y los ahorros de millones de sus clientes desaparecieron.

En las cartas al juez que supervisa el procedimiento de quiebra de Voyager, sus clientes describieron el impacto de esas pérdidas devastadoras. “Perder este dinero sin un final a la vista ha sido insoportable para mi familia”, escribió un inversionista que tenía 30.000 dólares almacenados en Voyager. “Me despierto la mayoría de las noches, y solo subo y bajo las escaleras pensando en mis propios errores”.

En Twitter, criptoinversionistas furibundos culparon a Davies y Zhu de acelerar la caída del mercado. El regulador financiero de Singapur reprendió a Three Arrows, ya que dijo que la empresa había proporcionado información “engañosa” al gobierno. En los medios, un acreedor acusó a los fundadores de mentir sobre sus finanzas y los comparó con Bernie Madoff, el infame estafador del esquema Ponzi.

Zhu declaró que sus abogados le habían asegurado que las acciones de Three Arrows eran “más blancas que el blanco”. Para cuando la empresa fue liquidada en junio del año pasado, él y Davies estaban en Bali. Zhu estaba aprendiendo a surfear. Davies compró un estuche de pintura y empezó a experimentar con bodegones.

“Comes platos de cerdo muy grasosos, bebes mucho alcohol, vas a la playa y te pones a meditar”, relata Davies sobre sus viajes. “Tienes estas experiencias mágicas”.

A fines de junio, un tribunal de las Islas Vírgenes Británicas nombró a la consultora Teneo como síndico de quiebra del fondo, con la encomienda de recuperar más de 3000 millones de dólares que se les debían a los acreedores. Durante semanas, el paradero de los fundadores no se hizo público. Los síndicos se quejaron ante el tribunal de que Davies y Zhu estaban ocultando documentos cruciales.

Durante una llamada en conferencia en julio, los fundadores aparecieron en Zoom con las cámaras apagadas y permanecieron en silencio mientras los nuevos supervisores de Three Arrows los interrogaban una y otra vez, según un recuento que los síndicos dieron ante el tribunal.

Davies y Zhu afirman que han cooperado con el proceso judicial. Pero en diciembre, un abogado de los síndicos, Adam Goldberg, le dijo a un juez de quiebra que los dos hombres “no habían participado en la entrega de información y activos requeridos como era su deber para con los acreedores”.

“El comportamiento de los acreedores muestra que tienen algo que esconder”, afirmó Goldberg.

El regreso

Much Wow nunca llegó a zarpar. Según los registros judiciales, el astillero canceló su contrato con Davies y Zhu después de que éstos no realizaron un último pago; el yate se vendió a un nuevo comprador y los síndicos de Three Arrows reclaman 30 millones de dólares de esa transacción. Los síndicos también están recaudando dinero por otras vías: el mes pasado, Sotheby’s subastó una colección de NFT de Three Arrows por unos 2,5 millones de dólares.

Davies y Zhu insisten en que entregaron los registros a la nueva administración de la empresa. Pero los síndicos afirman que aún les falta material crucial y que la falta de cooperación de los fundadores ha duplicado el costo del proceso de recuperación.

“En la fecha de una audiencia reciente en la que se suponía que debían comparecer, uno de ellos parecía estar tuiteando desde un barco en Dubái”, comentó Russell Crumpler, director gerente de Teneo que ha dirigido la liquidación en las Islas Vírgenes Británicas.

Hasta ahora, ninguna de las investigaciones del gobierno sobre Three Arrows ha dado lugar a la imputación de cargos. Un vocero de la Autoridad Monetaria de Singapur, la agencia que reprendió a Davies y Zhu el año pasado, dijo que había estado “evaluando si hubo más infracciones”. Representantes de la Comisión de Bolsa y Valores y de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de Estados Unidos declinaron hacer comentarios.

A fines del verano del año pasado, Davies dijo que estaba listo para dejar atrás Three Arrows. “En verdad pasé tanto tiempo meditando en Bali que estoy en un estado zen absoluto”, afirmó.

A los pocos meses de ver cómo su empresa implosionaba, él y Zhu estaban concibiendo nuevos proyectos empresariales, incluido un plan de vivienda compartida en Bali, posiblemente con un token criptográfico.

A fines del año pasado, Davies y Zhu establecieron su nueva empresa, Open Exchange, con Mark Lamb y Sudhu Arumugam, fundadores de CoinFLEX, una empresa de criptomonedas que se desplomó el año pasado.

La empresa ha tenido un comienzo difícil. Algunas compañías que figuran como inversionistas en la cuenta de Twitter de Open Exchange han negado toda participación. Un regulador financiero de Dubái declaró que Open Exchange operaba sin licencia.

Este mes, Open Exchange dio a conocer su propia criptomoneda, llamada OX, la palabra en inglés para buey. El precio se disparó en un par de días. “Otra vez siento las vibras de cuándo empezábamos con 3AC”, escribió Davies en Twitter el martes. “Nada se compara con la energía de una empresa emergente”.

Su Zhu, cofundador del fondo de cobertura de criptomonedas Three Arrows Capital, en Singapur, el 25 de mayo de 2023. (Ore Huiying/The New York Times).

Kyle Davies, cofundador del fondo de cobertura de criptomonedas Three Arrows Capital, en Barcelona, el 20 de mayo de 2023. (Anna Huix/The New York Times).