
Mejor: Han surgido reservas naturales por todas partes
Las iniciativas para crear grandes zonas protegidas se han acelerado en todo el mundo.
Los países como Costa Rica y Kenia se han dado cuenta de que los refugios de la vida silvestre pueden ser atracciones turísticas y fuentes de ingresos. En 1992, con el Convenio sobre la Diversidad Biológica, 168 países se comprometieron a hacer mayores esfuerzos; en la actualidad, han protegido más del quince por ciento de las superficies mundiales y el siete por ciento de los océanos al instaurar reservas naturales y zonas silvestres.
Al mismo tiempo, algunos países han logrado restaurar en la naturaleza paisajes que solían estar muy deteriorados. En Europa, desde 1990, han aumentado las zonas boscosas en aproximadamente 90.000 kilómetros cuadrados, un área del tamaño de Portugal. En las últimas décadas, China ha participado en una importante campaña de reforestación.
Imágenes de satélite muestran que desde 1982 se ha visto en el mundo un crecimiento neto en la superficie forestal.
Peor: Las excavadoras y los incendios están destruyendo los bosques tropicales
Los bosques tropicales son el hábitat de por lo menos la mitad de todas las especies de la Tierra y son fundamentales para regular el clima del planeta.
No obstante, los están disminuyendo a una velocidad impresionante.
En 2018, se perdieron aproximadamente 120.000 kilómetros cuadrados, un poco menos de lo que se perdió en 2016 y 2017. Los esfuerzos para mitigar esto han sido variados.
En la Amazonía brasileña, la deforestación disminuyó un 70 por ciento entre 2005 y 2014, cuando los gobiernos endurecieron sus medidas de vigilancia y los agricultores encontraron maneras de aumentar su producción sin necesidad de quemar la vegetación. Desde 2016, Indonesia ha trabajado para reducir la proliferación del aceite de palma y las plantaciones de papel.

No obstante, esos avances muestran señales de estarse debilitando. El dirigente brasileño, Jair Bolsonaro, se ha comprometido a abrir más zonas de la Amazonía a las empresas, y la deforestación en ese país está otra vez en aumento. La reciente protección del bosque en Indonesia se ha visto contrarrestada por su pérdida acelerada en Ghana, Costa de Marfil y otros lugares.
Los científicos afirman que será muy difícil controlar el calentamiento global sin reducir la pérdida de bosques tropicales. Los árboles absorben el dióxido de carbono del aire y lo almacenan en la madera y el suelo. Al cortar y quemar esos árboles, se libera el carbono y el planeta se calienta. Se calcula que la deforestación de los bosques tropicales ahora genera más emisiones cada año que las de toda la Unión Europea.
Algunos países como Noruega y Japón han ofrecido a las naciones tropicales miles de millones de dólares para preservar sus bosques, pero los avances han sido limitados. “Estamos intentando apagar un incendio con una cuchara”, dijo en 2018 Frances Seymour, investigadora principal en el Instituto de Recursos Mundiales.
Mejor: ¿Recuerdan el agujero de ozono? Está sanando
Cuatro años después de que se instauró el Día de la Tierra, los científicos advirtieron sobre una nueva amenaza para el planeta.
La amenaza provenía del aerosol para el cabello.
Los gases que se liberan de los aerosoles, decían, estaban “destruyendo la capa de ozono” que envuelve el plantea y lo protege de la radiación ultravioleta, la cual puede provocar cáncer de piel y dañar las cosechas.
Para 1977, el gobierno de Estados Unidos había prohibido las sustancias químicas contenidas en los envases de aerosol. Pero, desde luego, los aerosoles no eran las únicas amenazas para la capa de ozono; también podíamos encontrar clorofluorocarbonos (CFC) en el aire acondicionado, los refrigeradores y otros lugares.
Así que no era suficiente la prohibición de los aerosoles, y para 1985 los investigadores habían descubierto un “agujero” en la capa de ozono, lo cual dio origen a uno de los grandes momentos del compromiso global por el medio ambiente: el Protocolo de Montreal, firmado en 1987 por los países del mundo para eliminar de manera gradual todos los CFC.
Este tratado funcionó en gran medida. En 2018, con base en años de análisis satelitales, la NASA dijo que gracias a este acuerdo había disminuido mucho la destrucción de la capa de ozono.
Peor: La misma fórmula no funcionará para el cambio climático
Los países actuaron conjuntamente para reparar la capa de ozono. Así que, ¿por qué no pueden hacer lo mismo para solucionar el cambio climático?
En otras palabras, ¿por qué no hacer que todos los países se pongan de acuerdo para eliminar los gases de efecto invernadero que están calentando el planeta, del mismo modo que lo hicieron con los CFC que estaban provocando un gran agujero en la capa de ozono?
Hasta cierto punto es lo que el Acuerdo de París, en 2015, intentaba hacer. Se reunieron casi 200 países para plantearse metas generales con el fin de reducir los gases de efecto invernadero.
No obstante, existen diferencias fundamentales: en contraste con el tratado anterior para proteger la capa de ozono, el cual establecía plazos obligatorios para que cada país eliminara los CFC, el Acuerdo de París sobre el cambio climático permite que los países tracen su propia trayectoria hacia metas voluntarias. Algunos países todavía están teniendo problemas para cumplir incluso esos compromisos sencillos y autoimpuestos, al tiempo que el presidente Donald Trump está retirando por completo a Estados Unidos del acuerdo.
Resulta que eliminar los gases de efecto invernadero es una tarea mucho más complicada. Cuando los países estaban preparados para prohibir los CFC, ya había con qué sustituirlos, lo que permitió a las empresas hacer el intercambio con relativa facilidad. Por el contrario, para eliminar los combustibles fósiles se requerirá transformar la manera de producir la electricidad y de transportar a la gente y las mercancías en todo el mundo. Implicará cambiar la forma de cultivar, comer, vestirnos y construir, entre otras cosas.
No existe una solución tecnológica sencilla. Se tendrá que replantear la economía global.
Mejor: La gente temía que hubiera una hambruna masiva, pero esto no sucedió.
Una de las advertencias más contundentes de la década de 1970 fue que había demasiada gente y no suficiente alimento. Algunos libros muy leídos como “The Population Bomb” (la bomba demográfica) advertían acerca del derrumbe de la civilización.
Las cosas no sucedieron así.

La población mundial ha crecido a más del doble desde 1970, a casi 7800 millones de personas. Sin embargo, la proporción de la población que vive en extrema pobreza ha disminuido mucho.
¿Cómo evitó el mundo la carestía masiva? La tecnología ayudó. Los investigadores desarrollaron cultivos de alto rendimiento y los agricultores actuales pueden cultivar, en promedio, más del doble de maíz, arroz y trigo en un área determinada de terreno que en 1970.
El crecimiento demográfico ha sido más lento. En la década de 1960, la población mundial estaba aumentando en cerca del dos por ciento anualmente. Pero a medida que las sociedades tienen más recursos y mayor escolaridad, la gente tiende a tener menos hijos. Hoy en día, la tasa de crecimiento es de aproximadamente el uno por ciento anual y está disminuyendo.
Peor: Sin embargo, los recursos son limitados; ¿de dónde vendrá el alimento?
Naciones Unidas proyecta que para 2050, el mundo albergará a casi 10.000 millones de personas, a diferencia de los “solo” 7800 millones que hay ahora.
Uno de los grandes retos será seguir alimentando a todos sin dañar más a la naturaleza. Esa es una tarea titánica.
La producción global de alimentos ya ocupa cerca de la mitad de la superficie habitable, genera alrededor de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de la humanidad y es un factor importante que contribuye al descenso de la biodiversidad en todo el mundo. Si los agricultores siguen satisfaciendo la demanda creciente quemando los bosques y otros ecosistemas, como lo han hecho en el pasado, esto transformaría un área del doble del tamaño de India. Eso, a su vez, podría impedir que se mantuviera el cambio climático bajo control.
Mejor: Ahora el ambientalismo está en el ADN de la política estadounidense
Cuando se instauró el Día de la Tierra fue un momento decisivo en la cultura estadounidense. En todo el país, participaron veinte millones de personas (en ese momento, más o menos uno de cada diez ciudadanos).

En la actualidad, podemos ver a los descendientes del activismo del primer Día de la Tierra en manifestaciones contra la infraestructura de combustibles fósiles como las del Dakota Access Pipeline en la reserva india Standing Rock o las de apoyo a personas como Greta Thunberg, la adolescente sueca que en septiembre pasado ayudó a motivar a millones de personas en todo el mundo a marchar para protestar contra el cambio climático.
El año pasado, el Centro de Investigación Pew informó que casi el 70 por ciento de los estadounidenses decían que el gobierno no estaba haciendo lo suficiente para proteger la calidad del agua de los lagos, los ríos y los arroyos, ni para proteger la calidad del aire. Y este año, Pew informó que, por primera vez en dos décadas, una mayoría de los estadounidenses creía que atender el cambio climático debería ser una prioridad fundamental para el presidente y el Congreso, lo que significó un aumento de catorce puntos en tan solo cuatro años.
Mejor: No obstante, parece que estamos más divididos que nunca
En la década de 1970, el ambientalismo era tremendamente bipartidista.
Los demócratas y los republicanos trabajaron juntos para crear la Ley de Agua Limpia, la Ley de Aire Limpio y la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por su sigla en inglés).
Actualmente, ese tipo de trabajo en equipo parece impensable. Aunque las investigaciones de Pew demuestran que está aumentando el interés de los electores por el cambio climático y los temas de medioambiente, también revela que existe una asombrosa división: más del 75 por ciento de los demócratas consideraron que el cambio climático es una prioridad política, mientras que menos del 25 por ciento de los republicanos lo hicieron.
Las empresas de combustibles fósiles y los donantes políticos se han dedicado a negar las pruebas apabullantes del cambio climático y este mensaje ha tenido éxito entre los políticos y los electores conservadores. El gobierno de Trump está intentando hacer retroceder las disposiciones acerca del cambio climático, así como otras medidas ambientales más generales.
Sin embargo, existen señales de que esa división no es tan insuperable como parece.

En los estados republicanos también han adoptado las fuentes de energía renovable como la eólica y la solar. Los desastres provocados por el cambio climático, como las inundaciones y los incendios forestales, están obligando a los políticos a confrontar la realidad del calentamiento global. Además, los electores ya lo están viendo: según el Programa de Yale para la Comunicación Sobre el Cambio Climático, la mayoría de las personas encuestadas en todos los distritos electorales del país dicen que en efecto existe un cambio climático.
c.2020 The New York Times Company
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