Una foto del archivo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos muestra un vehículo aéreo no tripulado MQ-9 Reaper durante una misión de combate sobre el sur de Afganistán en 2008. (Lt. Col. Leslie Pratt/Fuerza Aérea de los Estados Unidos vía The New York Times)
Una foto del archivo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos muestra un vehículo aéreo no tripulado MQ-9 Reaper durante una misión de combate sobre el sur de Afganistán en 2008. (Lt. Col. Leslie Pratt/Fuerza Aérea de los Estados Unidos vía The New York Times)

Oficiales de inteligencia y del Ejército estadounidense se quedaron atónitos ante la precisión, magnitud y verdadera audacia de lo que luego concluyeron que había sido un ataque iraní.

Hace cuatro meses, una bandada de misiles de crucero y drones armados de vuelo rasante impactaron tanques de crudo en la sede de la industria petrolera saudita, lo que tomó a Washington por sorpresa y anuló temporalmente el 5 por ciento del suministro mundial de petróleo. Casi ningún país en la región —Israel tal vez sea la excepción— podría haberse defendido de ese ataque.

En el ataque iraní a bases militares estadounidenses en Irak a primeras horas del 8 de enero según horario local —el único ataque directo a los Estados Unidos o a sus aliados admitido por Irán desde la toma de la embajada estadounidense en 1979— se utilizaron misiles balísticos y se causó poco daño.

Sin embargo, con las tensiones entre Estados Unidos e Irán en el punto más alto en cuatro décadas, el éxito inesperado del ataque de septiembre a las instalaciones petroleras sauditas es un duro recordatorio de que Teherán posee una serie de armas más sigilosas en su arsenal que podrían plantear amenazas más severas si el conflicto sigue escalando.

Irán ha negado ser responsable del ataque a los sauditas, pero funcionarios estadounidenses han concluido que Irán estuvo detrás de la agresión y que enviaron los drones y los misiles desde Irán o el sur de Irak.

La fuerza militar convencional de Irán se ha deteriorado severamente durante el aislamiento relativo del país desde la Revolución islámica de 1979. Sin embargo, Teherán ha pasado esas décadas cultivando habilidades menos convencionales, que ahora se encuentran entre las más potentes en el mundo y que son idealmente adecuadas para llevar a cabo una guerra asimétrica contra una superpotencia como Estados Unidos.

Irán comanda el arsenal más grande de misiles balísticos y de crucero de la zona, una red de grupos militantes aliados por toda la región con alrededor de 250.000 combatientes y equipos de hackers informáticos catalogados por los funcionarios estadounidenses como de los más peligrosos.

También ha desarrollado sofisticados drones armados y de vigilancia. Al no contar con una armada convencional fuerte, ha buscado otras maneras de asfixiar el flujo del petróleo del golfo Pérsico, con una flota de pequeñas lanchas rápidas y un arsenal de minas submarinas.

“La capacidad ofensiva de Irán es drásticamente mayor que la capacidad defensiva dispuesta para contenerla”, afirmó Jack Watling, analista del Royal United Services Institute, un centro de investigación sobre seguridad con sede en Londres. “Su habilidad para causar daño significativo hace que el costo de la guerra con Irán sea bastante severo”.

El ataque ineficaz del 8 de enero demostró el alcance de los misiles balísticos de Irán —algunos viajaron más de 965 kilómetros—, pero también su poca precisión, pues muchos de ellos cayeron bastante lejos de sus presuntos objetivos. Algunos analistas sugirieron que el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, podría haber ordenado intencionalmente un ataque simbólico pero relativamente inofensivo para mostrarles a los ciudadanos iraníes que daba una respuesta enérgica, mas sin provocar una guerra total con Washington.

“Jamenei tiene que calibrar su respuesta para que Irán no pierda su honor, pero tampoco pierda su cabeza”, afirmó Karim Sadjadpour, un académico iraní del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

Sin embargo, Teherán y sus aliados podrían aún estar planeando formas menos evidentes de venganza por el asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani, perpetrado la semana pasada por Estados Unidos. Muchos analistas sostienen que Irán y sus aliados militantes están volviendo a su esquema de ataques indirectos o encubiertos que no dejan evidencias claras de responsabilidad iraní.

En Irak, las milicias respaldadas por Irán, las cuales también perdieron a uno de sus líderes en el ataque aéreo que mató a Soleimani, afirmaron el 8 de enero que buscarían su propia venganza. Hasan Nasrallah, líder de Hezbolá, la milicia libanesa apoyada por Irán, ha dicho que hará lo mismo.

Irán también ha demostrado desde hace mucho tiempo un interés por los asesinatos, una táctica que podría ser adecuada para las promesas de los funcionarios iraníes de tomar medidas “proporcionales” para vengar a Soleimani. Muchos expertos en Irán afirmaron que el asesinato de un oficial estadounidense, presumiblemente en la región, podría ser el “ojo por ojo” que Teherán busca.

“Yo ciertamente no saldría a muchos sitios públicos porque el riesgo de ser atacado o secuestrado es bastante alto”, afirmó sir John Jenkins, quien fue embajador británico en Arabia Saudita.

El ataque de septiembre contra Arabia Saudita presentó una alternativa aterradora, en parte porque expuso un punto vulnerable en la mayoría de los sistemas de defensa de misiles. La mayoría están diseñados para defenderse de misiles balísticos, y casi ninguno está equipado para detectar y detener un gran número de misiles de crucero y drones de alta velocidad y vuelo rasante.

Los funcionarios afirmaron que el ataque había demostrado que la tecnología iraní era mucho más avanzada de lo que las agencias de inteligencia de Estados Unidos habían previsto.

“El ataque a los campos petroleros sauditas fue sorprendente por la magnitud de su audacia”, afirmó en una entrevista reciente Kenneth F. McKenzie Jr., director del Comando Central del Pentágono.

Los misiles de crucero de más largo alcance de Irán pueden impactar a más de 2414 kilómetros de la frontera iraní, lo que abarca casi cualquier lugar en el golfo Pérsico. China, Rusia y Corea del Norte le han proporcionado tecnología y municiones a Irán, y este país ha producido drones a control remoto internamente.

Sin embargo, hasta hace poco Irán ha preferido depender de su red de aliados militantes por toda la región, incluyendo a Hezbolá en Líbano, un conjunto de milicias iraquíes que ahora conforman las Fuerzas de Movilización Popular, los hutíes en Yemen y otros grupos por toda la zona. Algunos, como las fuerzas iraquíes o Hezbolá, son en la actualidad tan grandes y están tan bien equipados e institucionalizados que parecen más ejércitos profesionales que milicias informales.

“Eso es lo que amplía el poder de Irán mucho más allá de sus fronteras”, afirma Afshon Ostovar, académico especializado en el Ejército iraní de la Escuela Naval de Posgrado en Monterrey, California.

Durante el último año, las contundentes sanciones económicas del gobierno de Trump a Irán han perjudicado su economía y reducido su habilidad para financiar a sus aliados militantes. Sin embargo, un informe publicado esta semana por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales concluyó que el número total de combatientes en la red de las milicias respaldadas por Irán ha seguido creciendo y se ubica dentro de un rango estimado entre casi 150.000 y más de 250.000.

Según funcionarios de defensa de Israel y Estados Unidos, a pesar de los esfuerzos de sus países por evitarlo, Irán ha seguido contrabandeando misiles de diversos rangos y capacidades a sus agentes en Siria, Irak, Líbano y Yemen.

El último ciclo de ataques entre Estados Unidos e Irán comenzó con un misil que asesinó a un contratista estadounidense en Irak. Estados Unidos respondió atacando a una milicia respaldada por Irán, lo que dio inicio a una intensificación progresiva del conflicto.

Pero lejos de poner fin a este tipo de ataques con misiles, algunas de esas milicias en Irak respaldadas por Irán han afirmado que aun sin estímulo iraní tienen previsto incrementar sus ataques contra las fuerzas estadounidenses para expulsarlas del país.

“Creo que nos estamos preparando para lo que va a ser un movido periodo de conflicto”, afirmó Ostovar.

Los ataques cibernéticos —un arma que puede causar daños graves al otro lado del planeta a bajo costo y con pocas huellas— pueden ser el comodín de Irán. Expertos en ciberseguridad y funcionarios gubernamentales estadounidenses ya han descubierto un incremento en las actividades maliciosas realizadas por hackers y usuarios de redes sociales pro-Irán, lo que, según creen ellos, podría presagiar más ataques informáticos severos de Teherán.

Un ataque iraní aparentemente menor ya ha buscado vengar a Soleimani. Los hackers iraníes capturaron temporalmente el sitio web del Federal Depository Library Program del gobierno estadounidense y remplazaron su contenido con un panegírico dedicado al general.

“Hackeado por Iran Cyber Security Group Hackers”, rezaba el texto en el sitio web. “¡Esto es apenas una pequeña muestra de la habilidad informática de Irán!”.

*Copyright: 2020 The New York Times Company