
Las investigaciones sobre COVID-19 no cesan frente a los muchos interrogantes que aún plantea el virus. Algunos de los estudios más recientes comenzaron a confirmar que el tratamiento de pacientes en estado crítico con esteroides puede reducir en un 30% el riesgo de morir. Los resultados presentados por estos nuevos documentos son tan concluyentes que la Organización Mundial de la Salud ha modificado su apreciación de comienzos de septiembre y ahora recomienda los corticosteroides como tratamiento de primera línea para este tipo de pacientes.
Los mismos estudios advierten sobre los riesgos de su uso, porque, según indican, para los pacientes más leves su uso puede ser contraproducente.
Los tres nuevos estudios que analizaron datos de ensayos clínicos que involucran el efecto de los esteroides en miles de pacientes con COVID-19 en estado crítico y grave dejan algunas referencias importantes a considerar. Uno de los puntos coincidentes es el de advertir que los esteroides pueden beneficiar a los pacientes más enfermos hospitalizados con COVID-19, pero no son un tratamiento para casos relativamente leves.

En cualquier enfermedad infecciosa, hay dos componentes clave: la propia infección y el modo en que el cuerpo responde a ella. En el caso de los pacientes más enfermos, se ha observado que la respuesta del sistema inmunológico puede ser tan fuerte que puede dañar órganos. Por lo tanto, calmar la respuesta inmunitaria puede ser importante. Pero una persona con una enfermedad menos grave puede necesitar la respuesta inmunitaria del cuerpo para evitar que la infección empeore. Por ello, entonces, no se querrá interferir en esa reacción natural del cuerpo, en tanto no ponga en riego otros órganos.
La ayuda valiosa
El proceso que se desencadena cuando aparece una infección es, en primera instancia, una respuesta inflamatoria, en la que se activan glóbulos blancos especializados para ir a buscar el virus o la bacteria y destruirlo. Bryan McVerry, profesor asociado de medicina de la Universidad de Pittsburgh y líder de uno de los estudios de esta temática explica que esta reacción “es más un efecto de bomba que un ataque de misil dirigido: las células inmunes atacan ampliamente y la inflamación creada puede dañar otras células cercanas”.
Esa respuesta, se explica en uno de los estudios, puede salirse de control y continuar incluso después de que desaparezca el agente infeccioso, atacando otros órganos como un vehículo sin control. En una respuesta inmune exagerada, el paciente alcanzar insuficiencia respiratoria y precisar un ventilador, o tener una crisis circulatoria o podría desarrollar insuficiencia renal por el shock.

En el caso de pacientes de grave condición, los corticosteroides pueden funcionar para detener la respuesta desmesurada y evitar la progresión de daño orgánico generalizado. Aun cuando los científicos no están del todo seguros de si el mecanismo de los esteroides es ese, sí se confirmó en los nuevos estudios es que en casos graves, en especial en los que presentan complicaciones respiratorias, la situación presenta mejorías con pequeñas dosis de corticosteroides. Un análisis combinado de los estudios recientes encontró que la tasa de muerte cuatro semanas después de la infección fue significativamente menor en los pacientes con COVID-19 grave que recibieron esteroides que en aquellos que no los recibieron.
“Ningún tratamiento viene sin riesgos”, adviertió McVerry. Los esteroides son medicamentos inmunosupresores. Se usan comúnmente para tratar enfermedades crónicas relacionadas con la inflamación, como el asma, o trastornos autoinmunes como el lupus o la artritis reumatoide. Pero pueden tener consecuencias.
Los daños potenciales del uso de esteroides incluyen un mayor riesgo de infecciones bacterianas o micóticas, hiperglucemia, debilidad muscular adquirida y hemorragia gastrointestinal. Para las personas con casos más leves de COVID-19, tomar esteroides podría significar aumentar sus riesgos con pocos beneficios potenciales.
“Tomar esteroides a largo plazo también conlleva otros riesgos, incluida la predisposición a las infecciones y el desarrollo de osteoporosis, cataratas y glaucoma. Por lo tanto, tomar esteroides como una posible medida preventiva contra el COVID-19 podría conllevar un riesgo potencial significativo para las personas por lo demás sanas”, explicó el especialista.
Administración consciente

Entre las situaciones comunes que experimentan los pacientes en terapias intensiva, más aún los que precisan respiradores, se encuentra la posibilidad de que desarrollen infecciones adquiridas en el hospital, como neumonía o infecciones del torrente sanguíneo relacionadas con los catéteres intravenosos. Tomar corticosteroides puede aumentar el riesgo de que un paciente desarrolle infecciones secundarias, o puede contribuir a la debilidad muscular que puede afectar la capacidad del paciente para desconectarse del ventilador cuando la enfermedad se resuelve.
Aún así, los beneficios de los esteroides para el tratamiento de pacientes con COVID-19 en estado crítico parecen superar los riesgos posibles cuando no se utilizan.
“Parte del desafío en el tratamiento de pacientes críticamente enfermos con esteroides es determinar la dosis y el momento de la medicación”, cita McVerry. En el contexto del estudio liderado por el especialista, la dosis de esteroides es relativamente baja y también es de corta duración. Los ensayos no han mostrado un aumento significativo en los eventos adversos en el contexto del uso de dosis relativamente bajas de esteroides de corta duración. Entonces, en esa población de pacientes, el beneficio supera el riesgo, “pero el riesgo no es cero”, insistió McVerry.
El perfil de riesgo aumenta con dosis más altas. Entonces, la recomendación sería comenzar con las dosis relativamente bajas que es en lo que concuerdan todos los estudios. De hecho, la OMS recomienda dosis bajas durante 7-10 días.
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