
Una gran cantidad de cuentos infantiles y películas son protagonizadas por príncipes. Es que durante décadas o siglos estos hombres ordinarios con trabajos extraordinarios atrajeron la atención y -reconozcamos- la envidia de muchos. La vida de los royals actuales no es como la de los de antes. En otros siglos se la pasaban guerreando o planeando intrincadas alianzas mientras evitaban que alguno con ínfulas de sucesor los asesinara. Los actuales la tienen más sencilla ya que son meras figuras protocolares, cuyas vidas transcurren en palacios, rodeados de servidores y lejos de preocupaciones como a cuánto está la leche, quién paga la factura de luz o si los ahorros alcanzan para unas vacaciones en la costa o apenas para un camping en el Tigre.
Entre esos seres que nacieron -literal- con coronita, los británicos suelen ser los más atractivos. Tanto que merecieron una serie, The Crown, que es furor, algo impensado si se tratara de la casa real de Luxemburgo o de Bélgica.
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Si la familia real británica suele ser foco de atención ya no insular sino mundial, algunos de sus miembros lo son todavía más y sin dudas, el príncipe Andrés es uno de los más mirados. Al repasar su vida parecía un hombre destinado a brillar. Hijo favorito de su madre, héroe de guerra condecorado, bastante pintón, carismático, a fines del siglo XX más de uno lamentaba que no fuera el heredero al trono en vez de Carlos, su anodino hermano.
Con el cambio de siglo la situación del príncipe Andrés cambió y no por circunstancias históricas o geopolíticas sino por decisiones propias. Felipe su padre perdió su derecho al trono de Grecia luego de la guerra de Turquía, Andrés en cambio perdió sus privilegios al ser acusado por abuso sexual contra menores. Porque se le puede perdonar su gusto por las chicas hot, los gastos extravagantes, que haya sido un pionero del poliamor con su ex esposa y que sus amigos sean bastante impresentables. Pero cuando uno de esos amigos es Jeffrey Epstein, preso por violación y tráfico de menores, la cosa cambia y si además trascienden fotos donde aparecés con ese amigo y con chicas que son niñas, por más simpático que seas eso ya no es un capricho snob. Es un delito gravísimo.
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Esta semana se supo que departamento de policía de Londres está revisando sus archivos pero todavía no abrió una investigación sobre el príncipe que enfrenta una demanda de Virginia Giuffre una de las acusadoras del agresor sexual Epstein, ante una corte federal estadounidense. La mujer alegó que mantuvo encuentros sexuales con el príncipe en Londres, Nueva York y las Islas Vírgenes de Estados Unidos, y que él sabía que era víctima de tráfico por parte de Epstein.
El duque de York, ya había negado “categóricamente” los cargos de la denuncia en una entrevista con la BBC en noviembre de 2019 pero no expresó ningún arrepentimiento por su amistad con Epstein. Hasta ahí alguno podría considerarlo un raro gesto de lealtad pero lealtad al fin. Pero la indignación se hizo intolerable porque Andrés no manifestó ni la más mínima empatía por sus víctimas. Ante el escándalo la Corona lo obligó a retirarse de la vida pública, pero sin perder sus privilegios como miembro de la familia real. También conservó sus rangos y condecoraciones militares, lo que provocó quejas ya que se considera que es una vergüenza para las fuerzas armadas.
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Cuando se alejó de su papel real, Andrés aseguró en un comunicado que tenía la intención de “ayudar en las investigaciones, si fuera necesario”, pero nunca lo hizo. No colaboró ni con la fiscalía ni con las averiguaciones que empezó el FBI.
El príncipe parecía tener esperanzas de que su retirada fuera solo temporal, quizá hasta fantaseó que sería un largo descanso y que luego con un poco de marketing y algo de desmemoria todo volvería ser como antes. Es que según cuenta Prince Andrew: The End Of The Monarchy And Epstein una biografía escrita por Nigel Cawthorne, ya desde chico mostró que las hacía pero no las pagaba. La que fue su niñera lo describió como un” joven diablillo” que se divertía molestando a su madre y haciendo travesuras, algo que hacía las delicias de su padre, el príncipe Felipe: “Se parecía mucho más a él que el tímido y complicado Carlos. De alguna manera, Andrés siempre fue perdonado”, comenta Cawthorne. El autor rescató el testimonio de uno de sus guardaespaldas, que confesó que “Sus modales eran simplemente horribles”. Uno de sus asistentes, incluso, reveló que “lo he visto tratar a su personal de una manera impactante y espantosa. Ha sido increíblemente grosero con sus guardaespaldas, arrojando cosas al suelo y exigiendo que “las recojan””. Todavía se recuerda cuando durante una visita a California en 1984, se le ocurrió rociar de pintura a los periodistas en una conferencia de prensa, arruinando sus atuendos y equipo de cámara. Posteriormente, el New York Times lo citó diciendo: “Lo disfruté”.
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Aunque de la Guerra de Malvinas volvió convertido en héroe algunos de sus compañeros de Royal Naval College en Dartmouth, lo recuerdan como una persona arrogante y prepotente. “Andrés era muy simpático pero muy consciente de que pertenecía a la realeza. Era un poco un niño de mamá”, le contó a Cawthorne uno de sus superiores.
A Andrés siempre le gustaron las chicas hot y antes, durante y después de su matrimonio de diez años con Sarah Fergunson tuvo cientos de aventuras. Su derrotero incluye una relación con la modelo de Playboy Angie Heverhart y hasta se dio el lujo de salir con la ex de uno de los hombres con mayor sex appeal del planeta: la modelo croata Monica Jakisik, ex novia de George Clooney. Sus compañeros del ejército británico, donde sirvió durante veinte años y del que se retiró en 2001, lo llamaban Andresito el cachondo.
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En el libro Sexo, mentiras y dinero sucio de la poderosa élite mundial de Ian Halperin se asegura que el príncipe era un “adicto al sexo” y un “amante atrevido”. ″La mayoría de las mujeres pintaron a Andrés como un perfecto caballero. Una de ellas contó que era un amante muy audaz: no había límites... Una me dijo: ‘Andrés sacudió mi mundo en el dormitorio’, pero se sintió decepcionada porque después de eso no volvió a saber de él”, contó el autor.

Lo increíble es que según Halperín, esta actitud de eterno playboy se debe a que siempre se sintió “un segundón” con respecto a Carlos. Es el momento donde dan ganas de pedir “un terapeuta familiar, por favor” o “dejen la tragedia para Shakespeare”. Se sabe que Carlos siempre fue menospreciado por su padre y que Isabel estaba más abocada a ser reina que madre. En cambio, Andrés fue su favorito, lo que provocó los celos del primogénito. La propia reina parecía pronosticar su favoritismo, en la nota que le envió a su primo después del nacimiento de Andrés: “El bebé es adorable... en general, todos lo vamos a consentir terriblemente, estoy segura”.
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Sin mucho sustento científico otros aseguran que los problemas de Andrés son por su rol de “heredero de repuesto”. Pasó de ser segundo en la línea al trono, a número tres cuando nació el príncipe Guillermo, y se deslizó cada vez más hacia abajo con cada nacimiento de un hijo o nieto de Carlos. Ahora es el noveno en la línea. Dicen que le molesta saber que aunque nunca reinará debe cumplir con las expectativas y roles de un miembro de la Corona. La respuesta sería el célebre dicho “si te gusta el durazno bancate la pelusa”. Porque si bien es cierto que cada uno de sus movimientos se observa, también es cierto que simplemente por ser de “sangre azul” accede a privilegios con los que casi ningún mortal cuenta. Por ejemplo, golpear a un policía uniformado con su vehículo 4x4 y que se lo considere solo “un incidente menor”, como dijo un portavoz del palacio en ese momento.
Apartado de sus deberes reales, rara vez aparece en público. Cuando su hija mayor, la princesa Beatriz, se casó, le ocurrió el famoso “no te peinés que en esta foto no salís”. No figuró en ninguna de las cuatro fotografías oficiales publicadas. Dicen que en ese momento también manifestó su enojo porque sus hijas no se casaban con la misma pompa que sus sobrinos.
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Este año se le permitió estar presente en el funeral de su padre y caminar tras el coche fúnebre junto al resto de sus hermanos. Andrés le pidió a la reina asistir a la ceremonia del funeral como almirante cuyo traje quería lucir. Su petición causó un gran revuelo ya que su ascenso a este rango debía producirse en 2020 y se decidió aplazar hasta que no se aclarara su conflicto judicial y pudiera retomar sus obligaciones reales.
Sigue sin cooperar con la investigación de abuso sexual pero no enfrenta el riesgo de ser extraditado porque la demanda es un asunto civil. A lo sumo en el plano legal puede enfrentar una sentencia en rebeldía. En el plano personal sabe que afronta algo peor: pasó de héroe a villano y no por culpa de un mal guión o un Edipo mal resuelto sino de sus propias elecciones y decisiones.
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