El peor error es pensar que perder en la política es una tragedia y que el fracaso se vuelve permanente. La victoria, por otra parte, también tiene sus consecuencias negativas, ya que siempre viene acompañada de la soberbia y la codicia (del poder o de lo que sea). La política latinoamericana es lamentablemente una cuestión de vida o muerte, o de libertad o cárcel, y esto lo hemos logrado arrastrar a cada lugar donde hemos podido latinoamericanizar la política, en su peor forma generalmente. La hostilidad irascible es una constante en la interacción sistémica y, como si ello no fuera lo suficientemente negativo, las redes han otorgado la capacidad de insultar, descalificar, discriminar y agredir de forma amplificada, lo que confiere una nueva dimensión a la participación política. El sistema político y la sociedad viven permanentemente alcanzando puntos de no retorno en la enemización y en los discursos de odio. La frase de que “el poder desgasta al que no lo tiene” se ha transformado en “el poder liquida al que no lo tiene”.
El funcionamiento pendular actual de los sistemas políticos, con variables dramáticas de alternancia, ha evitado, de alguna manera, encontrar condiciones o situaciones de continuidad y, por el contrario, ha transformado el sistema en un permanente juego de ajustes de cuentas. Se espera que los actores políticos aprendan cuando les toca estar en el llano para no repetir atrocidades o errores, pero no, ocurre exactamente lo contrario, se vuelve con más soberbia y con empatía inexistente, los protagonistas vuelven más dueños de la verdad que nunca.
PUBLICIDAD
Esto tiene consecuencias muy directas respecto a cómo se ejerce la gobernabilidad y cómo aquellos que asumen el poder tienen más vocación de destrucción de cualquier construcción anterior que de asegurar las dinámicas de continuidad institucional que son tan vitales para alcanzar estrategias sostenibles, así como para hacer funcionar proyectos a largo plazo.
Esto nos lleva a efectos colaterales poco beneficiosos, como condiciones especiales de persecución e inhabilitaciones políticas, procesos electorales enrarecidos y la neutralización del funcionamiento institucional.
La persecución política es uno de los principales problemas. Estamos viviendo en una época en la que las violaciones de Derechos Humanos se presentan como solución a los problemas que nos afectan, ya sean la falta de seguridad, los malos resultados económicos, la ineficiencia institucional, la pobreza, el desempleo o la desigualdad. La política nos muestra que es exactamente lo contrario y que el fracaso es prácticamente una certeza, lo cual se vuelve evidente cuando las políticas económicas sobre seguridad o gobernabilidad comienzan a afectar los derechos humanos de la población. Y el resultado más probable de eso es que se sufran duros reveses políticos. Podemos ver el ejemplo de las megacárceles o de las políticas antimigratorias, donde la eficiencia de los resultados iniciales se ve completamente desvirtuada por la falta de garantías o del debido proceso, lo cual deteriora variables sociales y económicas. Aparte de la manifiesta y patética ineficiencia de tener que cancelar la presunción de inocencia de 120.000 personas y negarles el debido proceso, para resolver algo que con el arresto, respetando el debido proceso de 5.000 liderazgos, cabecillas y actores de peligrosidad especial, se solucionaba. El peor engaño es pensar que la situación anterior era tan mala que cualquier variable represiva u opresiva constituye una solución al respecto, una política represiva quizás resuelva un tema puntual, pero disfuncionaliza tantos otros que las soluciones macro que necesitan los países se ven atrofiadas. Para quienes son subdesarrollados, es una condena letal.
PUBLICIDAD
Los fracasos anteriores son una oportunidad para construir y no para destruir. La hostilidad manifiesta contra la realidad no es la forma de resolver los problemas que contiene la misma; esos problemas requieren de una comprensión profunda y desarrollo de capacidades en una interacción continua que permita el cambio y no el agotamiento o destrucción de lo existente.
Los procesos electorales han sufrido también, no solamente las variables de persecución, sino también inhabilitaciones, creación de expedientes, asesinatos, ataques o presiones varias e indebidas sobre las autoridades electorales, destituciones, violaciones varias de independencia funcional de autoridades electorales o de la justicia.
PUBLICIDAD
En esa frenética alternancia que ha habido entre derecha e izquierda en el hemisferio se podría haber comprendido que las derrotas reflejan la frustración de la gente con la incapacidad y los malos resultados y la corrupción y etc., etc., y que cuando se tiene la oportunidad de volver, o de acceder al poder no es necesario ni el resentimiento ni la hostilidad ni la agresividad hacia los adversarios políticos, sino solamente gobernar bien, de buena fe y con el más pleno respeto de los derechos de todos.
Las victorias electorales dan algo que es tan importante como lo es la oportunidad de servir a la gente, la gente no vota para hacer a nadie rico o más rico, no vota para elegir a nadie para que haga negocios o más negocios para sí mismo, no vota a nadie para que desaparezca gente, o se lleven preso al vecino por votar diferente, o para que se asesinen periodistas, o se discrimine a mujeres, población LGBTQI, afrodescendientes, ni a migrantes, ni para cometer actos de antisemitismo, ni de islamofobia. En realidad, se vota para tener más derechos y poder ejercer más derechos y por ello la gente ha votado derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha para ver si alguien se aviva y con honestidad, inteligencia, capacidad de trabajo construye país/patria para todos. Y eso quizás pueda inspirar a su sucesor en la lógica de alternancia para que refuerce los ciclos positivos y no el insalubre ejercicio de la venganza personal y política.
PUBLICIDAD
Luis Almagro/Director Observatorio de Democracia de CASLA
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Ganarle sentido a la vida
Festivales, plazas y bibliotecas suelen considerarse adornos del crecimiento económico; sin embargo, el modelo conocido como Capitalismo Social norteño sugiere que constituyen un componente esencial del progreso humano
Recuperar la moral social como elemento decisivo de la democracia
La moral de una sociedad en democracia no es la misma que la de una sociedad sometida por sistemas dictatoriales como el socialismo del siglo 21

Vivir y trabajar sin miedo es un derecho humano esencial
En una columna exclusiva para Infobae, la mandataria peruana plantea cómo adaptar soluciones que aplicaron gobiernos de otros países contra el crimen organizado

Trump 3.0
A dos días de las próximas elecciones, el resultado sigue abierto, aunque cada vez se ve más claro. Con o sin mayoría en el Congreso, el presidente buscará consolidar su legado y fortalecer el liderazgo de los Estados Unidos
Elecciones de medio término en EEUU: costo de vida, inmigración y cambio de paradigma
El martes la ciudadanía expresará su voluntad en las urnas, con la cabeza pensando en el bolsillo y la mirada puesta en la frontera




