
La respuesta de Jorge Rodríguez a la decisión del Congreso de España de reconocer a Edmundo González como presidente electo desbordó en violencia, altanería y desesperación. El régimen no había previsto esta reacción, y su plan malévolo comienza a descarrilarse.
Desde el 28 de julio, Nicolás Maduro no ha hecho más que hostigar a Edmundo González, recurriendo a una persecución implacable tras el indiscutible e histórico triunfo de Edmundo y María Corina. Al ser el candidato vencedor, la persecución contra Edmundo fue vil y despiadada: la justicia de la dictadura lo ha investigado, lo ha citado a declarar, le ha emitido una orden de arresto y, hace unos días, el propio fiscal de Maduro lo condenó públicamente. Fue un estado de asedio sin precedentes en América Latina.
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Maduro ideó un plan secreto junto con Jorge Rodríguez y su aliado internacional, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien asignó el papel de “policía bueno” en esta trama. Mientras Maduro asumía el rol del “policía malo” que hostigaba incansablemente a Edmundo, Zapatero entraba en escena ofreciendo un exilio en España con un salvoconducto otorgado por la dictadura, disfrazándose así de salvador. Con esto, Maduro lograba exiliar a Edmundo, Zapatero lavaba su imagen como mediador internacional en la crisis venezolana, y el gobierno de Sánchez sumaba un trofeo humanitario. Todo esto iba en detrimento de la esperanza de libertad del pueblo venezolano.
No es la primera vez que Zapatero se presta para obstruir la lucha por la libertad en Venezuela. Ya en 2018, durante las negociaciones en República Dominicana, donde yo fungía como jefe de la delegación opositora y Zapatero como mediador, el expresidente operó activamente para debilitar las exigencias de la oposición sobre elecciones democráticas en Venezuela, mientras se mostraba dócil y complaciente con las demandas de la dictadura de Maduro. Desde entonces supe que Zapatero era un empleado a sueldo de la dictadura y que su función no era mediar para resolver el conflicto político, sino contribuir a perpetuar el error.
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Los dos “policías”, Maduro y Zapatero, que son igualmente perversos, idearon esta maniobra para deshacerse de la presión interna e internacional sobre el fraude electoral y congelar las demandas de respeto a la voluntad popular. Sin embargo, lo que no esperaban era la reacción mundial, especialmente que el parlamento español reconociera a Edmundo González como presidente electo y emplazara al gobierno de Sánchez a hacer lo mismo.
Por eso soy optimista y creo que la salida de Edmundo debe servir para que él encabece una cruzada internacional que aumente la presión sobre todo el bloque de poder en Venezuela, para que finalmente se fracture la podrida dictadura de Maduro.
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María Corina Machado continuará conduciendo el proceso de manera extraordinaria. Ella es la líder indiscutible de la oposición, y lo ocurrido reivindica aún más su valentía, determinación y el misticismo de la lucha que encabeza. Ahora bien, lo que debe venir es una escalada de presión mundial contra Maduro. Hay que responderle con el mismo lenguaje que él emplea: llamarlo dictador y tratarlo como tal, un dictador aliado con los enemigos de Occidente: Rusia, China, Cuba e Irán. El mundo debe comprender el peligro que representa una Venezuela secuestrada por estas potencias para todo Occidente.
Es necesario intensificar la presión sobre la CPI. Esta semana, el gobierno de Uruguay se sumó al proceso, y 31 expresidentes enviaron una comunicación al fiscal. Ese es un proceso que debe culminar inevitablemente en órdenes de arresto contra Maduro y su círculo íntimo. Además, los países pueden aplicar la jurisdicción universal para procesar a corruptos y violadores de derechos humanos en Venezuela. También se deben aumentar las sanciones personales contra los familiares corruptos de la dictadura que hoy disfrutan, en diversas partes del mundo, del dinero robado.
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Venezuela es un peligro para Occidente. No se trata solo de una segunda Cuba, sino de un Estado fallido controlando el 20% de las reservas de petróleo y el 3% de las reservas de gas del planeta. Ahora más que nunca se deben prender todas las terminar de lograr el cambio político en el país y que comience una transición definitiva a partir del 10 de enero del 2025 con un nuevo presidente en Venezuela.
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