
En un atroz movimiento político, nada sorprendente después de casi seis meses de expresar intensas y distorsionadas opiniones contra Israel, el presidente colombiano Gustavo Petro amenazó con romper unilateralmente los vínculos diplomáticos con el Estado de Israel, intentando echar por la borda más de 65 años de amables relaciones. Para rematar, Colombia también anunció que intervendrá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya en el caso de genocidio presentado por Sudáfrica contra Israel y, esencialmente, perpetuará la desvergonzada politización de la Convención sobre el Genocidio.
Más allá de la posición política, la medida es una afrenta al pueblo colombiano. Muchos se han beneficiado de años de sólidas relaciones bilaterales, incluido el Tratado de Libre Comercio firmado en 2020 entre los dos países, y de una verdadera amistad entre ambos pueblos. La decisión de Petro también ha herido a los colombianos que viven en Israel y a los judíos colombianos que tienen profundos lazos con su patria ancestral.
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El desprecio del presidente Petro por el derecho de Israel a defenderse fue evidente desde el comienzo de la guerra. Desde que Hamas atacó Israel, asesinando a más de 1.200 personas y secuestrando a más de 250, Petro ha producido más de 150 tuits. Sus declaraciones responsabilizan a Israel del atroz ataque de Hamás, comparan las acciones de Israel con las de los nazis y acusan falsamente a Israel de cometer genocidio, todo ello sin condenar claramente a Hamás como organización terrorista.
La decisión de Petro de ponerse del lado del mal es especialmente inquietante teniendo en cuenta que Antonio Macías Montaño e Ivonne Rubio, una joven pareja colombiana, fueron masacrados a sangre fría el 7 de octubre y que Elkana Bohbot, colombiana israelí, sigue secuestrada por Hamás. Los tres fueron víctimas de los terroristas por el “delito” de participar en el festival de música Nova.
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Petro también retiró al embajador colombiano en Israel pocas semanas después de la masacre de Hamás, poniendo en peligro décadas de relaciones diplomáticas y comerciales. Hamas, por su parte, elogió al presidente Petro por oponerse a Israel.
Aunque nada de las atrocidades de Hamas debería sorprender, el apoyo que recibe de los líderes de extrema izquierda de América Latina podría resultar más chocante para algunos.
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Hamás pudo fortalecerse y prepararse para esta horrenda masacre en parte gracias a la legitimidad y el apoyo financiero y militar que recibe de Irán. Su propaganda también ha sido adoptada por líderes radicales amigos de Irán en los países latinoamericanos —como Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia.
Desde el 7 de octubre, Petro se ha unido a estos dirigentes, muchos de los cuales han sido sancionados por Estados Unidos, en su obsesión por el “bipartidismo”, rehusándose a denunciar la brutalidad de Hamas de forma contundente e inequívoca.
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La postura de Petro no es sorprendente. Durante sus años como senador en la Asamblea Nacional, presentó sistemáticamente una perspectiva sesgada e inmoral sobre el conflicto palestino-israelí, llegando a calificar a los israelíes de terroristas y a Israel de Estado de apartheid.
En un intento por evitar ser tachado de antisemita, Petro también afirmó falsamente que el sionismo no forma parte del judaísmo, a pesar de que la mayoría de los judíos de todo el mundo tienen una conexión y afinidad con el Estado judío. Además, Petro ha promovido públicamente el cántico “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”, un eslogan antisemita que pide la destrucción del Estado judío.
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Seamos claros: aunque es legítimo criticar ciertas políticas del gobierno israelí, es inaceptable utilizar lemas antisemitas, establecer paralelos con el Holocausto y poner en peligro a la comunidad judía.
Afortunadamente, al principio del conflicto, doce exministros de Relaciones Exteriores colombianos denunciaron públicamente las declaraciones de Petro como desconectadas de la tradición colombiana de respeto por el derecho internacional, el multilateralismo y la diplomacia. Del mismo modo, varios políticos, líderes cívicos y la población en general expresaron su indignación ante las diatribas de Petro. Frente a la retórica incendiaria y las peligrosas falsas acusaciones del presidente Petro, es alentador ver a otros líderes colombianos rechazar este odio.
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Al igual que han hecho algunos, es imperativo que otros líderes distingan entre el bien y el mal. Este es un momento en el que todas las personas decentes con normas morales básicas, independientemente de sus opiniones políticas, deberían denunciar el salvaje terrorismo exhibido por Hamás —respaldado por Irán—, abogar por la liberación de los rehenes y apoyar el derecho de Israel a defenderse. La cobardía moral de Petro no beneficia al pueblo colombiano en este momento crucial.
*Marina Rosenberg es la Vicepresidenta Sénior de Asuntos Internacionales de la Liga Antidifamación (ADL). @_MarinaRos
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