
Asi como no podemos vencer a los asesinos del Tren de Aragua utilizando armas de juguete o pistolas con balas de salva, tampoco derrotaremos al chavismo conviviendo con un régimen corrupto y genocida que se encuentra en el poder hace 25 años y pretende continuar 5 años más.
La diplomacia no es, o no debe ser, sinónimo de silencio o complacencia cuando están en juego principios y valores universales vinculados a la libertad, la democracia y los derechos humanos.
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En ese contexto, Felipe González, prestigiado ex presidente del Gobierno de España sostuvo, con razón, que detrás de la inhabilitación a la candidata socialdemócrata María Corina Machado (MCM) “existe inmensa cobardía, pánico, de que Maduro pierda las elecciones”.
Pánico, también – agregamos – porque perdiendo el poder Maduro deberá responder por crímenes de lesa humanidad – asesinatos, secuestros, torturas y encarcelamientos ilegales –, delitos imputados a su administración por fiscales de la Corte Penal Internacional, por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Comunidad Europea.
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Además, el dictador - y su cúpula militar y política – son autores del mayor saqueo de fondos públicos de la historia americana, estimado en 300 mil millones de dólares; un gigantesco robo que empobreció al pueblo venezolano provocando, según cifras de la ONU, que 8 millones de personas emigren en busca de comida, medicinas, seguridad y puestos de trabajo; o, mejor dicho, que huyan del infierno del llamado socialismo del siglo XXI.
En ese dramático escenario, las encuestas proyectan que la candidata opositora ganaría holgadamente los comicios.
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La empresa Meganálisis revela que MCM cuenta con una intención de voto del 70.6% y Maduro sólo 8.2%; una diferencia de 9 a 1, distancia que sería muchísimo mayor considerando los sufragantes del exterior, donde MCM alcanza 98.3% y Maduro 1.7 %, según revelan otros reportes.
Ante el desastre que se avecina, la respuesta del régimen ha sido sacar la cachiporra o el verduguillo político, arrestando a los jefes de campaña de MCM bajo la acusación – sin pruebas – de que están conspirando para asesinarlo.
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Pero también insultan y calumnian a los líderes políticos del hemisferio que repudian la farsa electoral, amenazándolos inclusive con suspender los vuelos de repatriación de sus connacionales.
El primero en protestar enérgicamente ha sido el presidente del Ecuador, Daniel Novoa, advirtiendo que no reconocerá los resultados electorales del 2024.
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Los gobernantes de Guatemala, Costa Rica, Argentina, Uruguay, Paraguay, Estados Unidos y República Dominicana también han repudiado el veto y el Perú lo ha hecho con inexplicable timidez, mientras la OEA sostuvo que esa medida “liquida la posibilidad de elecciones libres, justas y transparentes en Venezuela, decisión que corresponde a claros objetivos de persecución política”.
¿Qué hacer, entonces, para impedir que se consume una patraña electoral?
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Más allá de las protestas, que poco o nada importan a un régimen de lodazal, deben implementarse algunas medidas, entre otras aplicar sanciones económicas, suspender los programas de cooperación internacional y el otorgamiento de préstamos de organismos multilaterales de crédito.
Asimismo, harían bien los gobiernos democráticos en retirar a sus embajadores de Caracas o en reducir sus relaciones a nivel de encargados de negocios o de asuntos consulares; y sería oportuno, igualmente, la convocatoria a una reunión del Consejo Permanente de la OEA para escuchar a la candidata María Corina Machado que, sin duda, desnudará las perversidades de un sistema opresivo que pretende excluirla de la justa electoral.
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Coexistir con una satrapía legitima a los victimarios y constituye un acto de cinismo diplomático interactuar con un régimen que no ha vacilado en ofrecer su territorio para que entrenen las fuerzas armadas de Rusia; que compra armas al régimen iraní, que protege al grupo fundamentalista Hezbollah y tienen como socios políticos a Cuba y Nicaragua, del mismo vientre autoritario.
Ni un paso atrás debe ser la consigna para liberar al pueblo llanero de la opresión y la miseria.
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