
En el marco de la maratón de viajes que en los últimos meses ha llevado a cabo el presidente argentino, Alberto Fernández, el fin de semana pasado se concretó una visita a la más antigua dictadura de América Latina: Cuba. El nonagenario Raúl Castro, la encarnación viviente de las dificultades de los regímenes despóticos comunistas en hacer renovaciones generacionales, presidió algunas de las actividades ligadas a la Cumbre del G77+China. Para un país con reservas internacionales negativas, miles de millones de dólares en importaciones no pagas, una proyección de más 150% de inflación éste año y de más de 250 para 2024, con al menos el 42% de la población en la pobreza y más del 60% de los jóvenes en la misma condición, cabía esperar que uno de los temas prioritario fuera el pago de Cuba a nuestro país del crédito nunca saldado de 1973.
Algunos cálculos estiman que al día de hoy esos USD 1.300 millones superan los 5 a 6 mil millones. Pero como era esperable, no hubo reclamos en ese sentido. Para la izquierda latinoamericana y para esos sectores que pasaron a controlar al peronismo en los últimos 20 años, Cuba es parte fundamental del folklore anti Estados Unidos, anticapitalistas y anti democracias burguesas.
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Por más que la dirigencia política de nuestra región goce de las mieles del capitalismo en sus vidas personales, las palabras elogiosas y/o emocionadas a la revolución de 1959 es un placebo a esa contradicción. El cliché ya desgastado y color sepia de echarle la culpa al bloqueo de los EEUU de los extremadamente graves problemas económicos y sociales de la Isla es un latiguillo infaltable, por más que no sepan o no quieran diferenciar lo que es un bloqueo de un esquema de sanciones comerciales y financieras.
Por ignorancia o complacencia, algunos parecen alucinar a la flota de guerra americana apuntando sus cañones hacia los puertos de Cuba e impidiendo las salidas de barcos y aviones. Eso se desmorona cuando uno ve en los aeropuertos y puertos estadounidenses miles de turistas que viajan hacia la isla. Ni que decir de los millones de dólares en remesas que llegan desde los cubanos que viven en la superpotencia.
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Asimismo, en el supuesto caso que EEUU prohibiese todos esos vínculos como existen ahora, la Unión Europea, China, Rusia, América Latina, Sudáfrica, India, Japón y la casi totalidad del 80% de PBI mundial que no pertenecen al poder de Washington, comercia normalmente con Cuba. Los que dicen que EEUU es clave en todo lo malo que pasa en la isla son los mismos que claman que la primacía americana quedó en el pasado, que el mundo es multipolar y que la historia sopla a favor de los BRICS, G77, etc.
Más allá de todos los análisis de especialistas en temas internacionales, quizás la reflexión más clara y equilibrada para el gran público sobre la situación actual de la Isla vino de un cantautor de renombre internacional conocido por su visión progresista en lo político, como Fito Páez.
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El mundo de la cultura latinoamericana muchas veces tuvo un doble estándar al momento de mirar a las dictaduras de derecha y de izquierda. En este caso, el artista argentino fue directo al grano y reclamó libertades y derechos para el pueblo cubano y no seguir con los clichés que se vienen repitiendo hace más de 60 años.
Las rebeliones de los jóvenes cubanos de los últimos años muestran que los reclamos no cesan ni cesarán pese a las periódicas represiones. Todo indica que el próximo gobierno constitucional de la Argentina tendrá la oportunidad de sumarse activamente a la búsqueda de una Cuba inserta entre los países respetuosos de los derechos políticos y humanos de sus ciudadanos.
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Si la revolución ha sido tan exitosa y el pueblo la respalda, nada tiene que temer de elecciones libres y transparentes. Los partidos comunistas europeos iniciaron en los años ‘60 la transición del estalinismo a la socialdemocracia y muchos de ellos son actores fundamentales de la vida política y social de países como Italia, España, Portugal, Grecia y Alemania, entre otros. Sabiendo ganar y perder. Para tranquilidad de los comunistas, Karl Marx no se enojaría. Jamás pensó ni quiso que la revolución se diese en países como Cuba, Nicaragua o China. Él esperaba que ese fenómeno se diera en los EEUU, Alemania o el Reino Unido.
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