
Sorprendieron las explosivas revelaciones de los archivos de Twitter que Elon Musk realizó sobre las elecciones presidenciales en Colombia en 2022. En efecto, como se había advertido en diciembre de 2020, desde Rusia se estaba ejerciendo un movimiento en las redes sociales para que la extrema izquierda conquistara el poder. En ese momento, los que nos atrevimos a denunciarlo fuimos blanco de ataques. Pero el propietario de la red social del pajarito azul le confirmó al país que lo que dijimos era cierto y que, en efecto, desde Rusia se crearon tendencias para influir en la narrativa local como ‘Petro presidente 2022′, ‘Pacto Histórico’ y ‘Petro presidente Colombia 2022′.
¿Por qué a Rusia le conviene apoyar el avance de los gobiernos de extrema izquierda en Latinoamérica?
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Cuba y Venezuela se consolidaron como las dictaduras más antiguas en los tiempos modernos de nuestra región. Son países en los que la democracia fue exterminada, la violación de los derechos humanos es una costumbre por parte del Estado y en donde el aparato productivo dejó de existir como una estrategia para que la población dependa de los gobiernos comunistas.
En Cuba, la gente se muere de hambre y prefiere naufragar en el mar antes de terminar su vida de esclavitud en el régimen de los hermanos Castro, que hoy cuenta con el dictador Díaz-Canel a la cabeza.
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De Venezuela huyeron 7,2 millones de ciudadanos para caminar la cordillera de los Andes y encontrar qué comer. Nicolás Maduro, además de ser un dictador, está vinculado al cartel del narcotráfico de los Soles y el Departamento de Justicia de Estados Unidos ofrece una recompensa de 15 millones de dólares por su captura.
Este par de dictadores violadores de los DDHH y que son apoyados por los rusos, fueron los primeros en condenar la toma que sufrieron las instituciones brasileñas como el Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo de Justicia por un numeroso grupo de opositores al recién elegido gobierno de extrema izquierda de Lula da Silva.
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Díaz-Canel y Maduro tuvieron la desfachatez de condenar el supuesto ataque de la extrema derecha a la democracia de Brasil, siendo ellos los más antiguos dictadores de la región que no han permitido que se hagan elecciones libres en sus países y que, además, tienen encarcelados a sus opositores políticos. Es que a la extrema izquierda le gusta avivar la protesta social si es para que ellos lleguen al poder, pero la que se les opone, es señalada de fascista y asesina.
En este punto, vale la pena aclarar con contundencia que ningún acto de violencia en contra de la democracia puede ser aceptado. Venga de donde venga. Porque ha sido la democracia de esta región la que permitió que, desde Hugo Chávez en adelante, los políticos de extrema izquierda hayan llegado a gobernar sus respectivos países. Incluyendo al delincuente de Daniel Ortega en Nicaragua, que ya completa 12 años de una dictadura corrupta y feroz en contra de su propio pueblo.
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Así que los hechos que acontecieron en Brasilia deben ser condenados por los verdaderos demócratas del hemisferio.

En ese sentido, el presidente colombiano no tiene autoridad moral para cuestionar a nadie. Lo puede hacer, ni más faltaba, pero en el paro nacional de 2021 (que le sirvió como telón de fondo para su campaña presidencial) fue incapaz de rechazar los actos violentos que hicieron los integrantes de la primera línea. Recordemos que en los bloqueos que promovió la extrema izquierda en Colombia en 2021, se generaron daños a la economía (que hoy sufre este Gobierno) murieron dos bebés, agentes de policía fueron asesinados, varias mujeres fueron violadas y un ciudadano fue degollado. ¿Esa violencia representa una lucha democrática? Pues no.
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Como tampoco lo fue el supuesto estallido social de Chile que llevó a Gabriel Boric a la presidencia y que tiene hoy a ese país en una senda peligrosa para la economía por cuenta de la incapacidad del mandatario y líder de la primera línea de allá y de sus ineptos ministros de Estado.
Los retro-progres latinoamericanos están llevando al atraso económico de la región por cuenta de su obsesión con el pasado de una Unión Soviética fracasada con sus políticas destructivas de la libertad económica. Mientras los retro-progres de la región condenaron lo sucedido en Brasil, al mismo tiempo aplauden las movilizaciones violentas del Perú a favor del expresidente Pedro Castillo, que, como cualquier dictadorzuelo, intentó dar un golpe de Estado. ¡Eso sí les parece democrático!
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La realidad es que el desempeño de las dictaduras apoyadas por Rusia en Latinoamérica es paupérrimo. Cuba y Venezuela mueren de hambre. Argentina está en la olla con la corrupción de Cristina Fernández de Kirchner y pronto será alcanzada tristemente por los chilenos.
Y mientras todo esto sucede, el resultado de Colombia en términos económicos en los primeros cinco meses del Gobierno retro-progre, que ahora sabemos fue impulsado por los rusos, es muy malo: la peor inflación en los últimos 30 años, la peor devaluación del peso en su historia y un equipo de ministros incapaces de contener la caída de la economía que ellos causaron por cuenta de su inexperiencia y fanatismo.
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Ojalá el presidente Petro no viaje al exterior esta semana para visitar a algún dictador de la región y se quede en el país, a ver si empieza a ponerle orden al caos de su gobierno.
*Esta columna fue publicada originalmente en Semana
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