
Todo estaba listo. Occidente unido en la lucha por la libertad y la democracia luego de la brutal invasión de Putin a Ucrania. Con pocas excepciones, las obvias se puede decir, las democracias liberales se unieron, como sucedió en la Segunda Guerra Mundial, con un mismo objetivo: defender unos principios que, bien o mal, rigieron una parte fundamental del mundo en los últimos 77 años.
Occidente se despertaba igualmente del riesgo geoestratégico que representa China después de dos décadas de favores arancelarios, de miles de millones de dólares en inversiones, de todo tipo de beneficios legales e ilegales en los distintos escenarios económicos y comerciales mundiales y del apalancamiento político que le dio la gigantesca compra de materias primas en países en desarrollo y su nuevo papel financiero en Asia, Africa y América Latina.
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La crisis de la pandemia cambió el mercado laboral mundial y muchas industrias y sectores de servicios hoy sufren por la falta de trabajadores. La automatización aún se demorará por lo menos una década. El envejecimiento de la población igualmente muestra las grandes debilidades en mano de obra que tendrán muchos de los países desarrollados en las próximas décadas.

La pandemia mostró las debilidades y la fragilidad de las redes de abastecimiento mundial centradas casi que exclusivamente en China. Esa dependencia, que tiene como una de las más importantes contraprestaciones el acceso a ese mercado, ostenta como su mayor costo el fortalecimiento de una economía que no es de mercado, que copia tecnología y luego compite en condiciones favorables en los mercados abiertos.
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El mundo de la posguerra llega a su fin y un nuevo mundo bipolar de democracias y dictaduras se abre paso en todos los escenarios económicos y políticos multilaterales y regionales.
La cumbre de las Américas se da en ese contexto. Mejor imposible. ¿Cómo defendemos los principios democráticos y las libertades en una región donde están amenazadas por ese eje autoritario? ¿Cómo complementamos mercados laborales con orden y con beneficio mutuo? Es decir, ¿cómo organizamos una migración ordenada, de largo plazo, con todos los países involucrados? ¿Cómo rehacemos las redes de abastecimiento con beneficios tributarios para evitar la repetición de lo sucedido? ¿Cómo luchamos contra el narcotráfico de manera regional y sensata con inversión masiva en el campo, lucha integral contra el lavado y fortalecimiento de instituciones policiales y judiciales?
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Estos podrían haber sido algunos de los planteos de los líderes que acuden a Los Angeles, pero no. La improvisación no pudo ser mayor. La capacidad de liderazgo de Estados Unidos quedó seriamente cuestionada y hoy el único tema de la Cumbre es quien asistió y quien no. Sí, se va a dar una gran cena. Y sí, se van a dar las fotos. Pero sustancia no va a haber. Resultados, menos. Y la actual administración de Joe Biden no tuvo foco, no tuvo ideas y no tuvo liderazgo, y desaprovechó semejante oportunidad para mandar un mensaje claro al mundo y a la región de su política exterior frente a los retos anteriormente mencionados.

Queda claro con esta fallida cumbre que los demócratas de la región no podemos contar con los Estados Unidos como baluarte en la defensa de estos principios. Le queda claro a la región que China es hoy el jugador primordial para buscar mercados, negocios y financiación. Queda claro que la lucha contra la criminalidad es una tarea de cada país y queda claro que la capacidad de actores extra continentales para generar disrupción en nuestros países no va a tener consecuencias que los lleven a no actuar.
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Si alguna lección nos deja la posguerra es que las políticas de contención, la doctrina Truman y el mismo Plan Marshall fueron exitosas. Se requirió liderazgo, visión, objetivos conjuntos, valores fundamentales y coraje para lograr el resultado que se dio: la victoria en la Guerra Fría.
Hoy, desafortunadamente, no podemos esperar algo así. Pensé que con la invasión de Ucrania se despertaría ese gigante natural que es Occidente, liderado por Estados Unidos. Y creí, qué ingenuo, que la Cumbre de las Americas iba a ser el inicio de una discusión que llevara a esa nueva política conjunta la región, donde los valores democráticos tienen beneficios comerciales, migratorios, financieros y las políticas autoritarias tienen castigos en esas mismas áreas.
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Pero no, todo lo contrario. Hablando con un amigo periodista estadounidense, gran conocedor de la región, al preguntarle que pasó con Estados Unidos en esta cumbre, lacónicamente, contestó: “Es un tigre de papel”.
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