
Entre 1910 y 1945, Corea estuvo bajo el duro dominio del Japón imperialista. Cualquier oposición al gobierno japonés fue cruelmente reprimida. La lengua y la cultura coreanas fueron censuradas en las escuelas en un intento de borrar todo rastro de cultura de ese origen.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, como parte de los términos de la rendición de Japón, Corea fue dividida entre los soviéticos en el norte y los Estados Unidos en el sur. Con el tiempo, los dos países, a pesar de tener la misma geografía, recursos y base cultural, se convirtieron en dos naciones marcadamente diferentes.
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En Corea del Norte, las ideas marxistas de los soviéticos se impusieron y llevaron al poder a Kim Il-sung, conocido como el “gran líder”. Con la ayuda de la Unión Soviética, Kim Il-sung militarizó su país, lo aisló del mundo, eliminó el comercio internacional y tomó el control de todos los aspectos de la vida norcoreana. Tras la muerte de Kim Il-sung en 1994, Kim Jong-il, padre del actual dictador Kim Jong-un, asumió el control absoluto.
Hace unos años, se hizo viral un vídeo de Yeonmi Park, disidente y escritora norcoreana que acabamos de tener en el Liberty Freedom Forum Dinner de Atlas Network en Miami, evento que reúne a las voces de la libertad a lo largo del mundo. Yeonmi hizo unas declaraciones desgarradoras sobre la situación actual de Corea del Norte y su difícil huida de ella.
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En Corea del Norte sólo hay un canal de televisión. No hay Internet. Nadie es libre de cantar, decir, vestir o pensar lo que quiera. No hay redes sociales ni teléfonos móviles. No hay novelas, libros, canciones ni películas, salvo la propaganda estatal.
En su libro, Park cuenta que si los funcionarios sospechan de deslealtad al régimen dictatorial, puede que tres generaciones de la familia sean encarceladas o ejecutadas. Una de sus confesiones más impactantes fue que creía que el dictador norcoreano podía leer su mente.
El actual dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, tiene innumerables campos de prisioneros políticos y de cualquiera que piense diferente a la maquinaria comunista.
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Más de 20 millones de norcoreanos sufren bajo el comunismo de Kim Jong-un. El miedo, el culto al líder y la propaganda comunista marcan su vida cotidiana.
Pero, quizás te preguntes qué pasa con Corea del Sur, la otra cara de la moneda.
Pues, en la última clasificación de libertad económica de la Heritage Foundation, Corea del Sur ocupa el puesto 25 y Corea del Norte el 180, es decir, el último.
En el ranking de corrupción de Transparencia Internacional, Corea del Sur ocupa el puesto 125, lo que demuestra un alto nivel de transparencia política. Corea del Norte ocupa el número 3, lo que la convierte en uno de los países más corruptos del mundo. En Corea del Sur el salario promedio es de unos 2.700 dólares mensuales. En Corea del Norte es de unos 35 dólares al mes, lo que se califica de “pobreza extrema”.
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Los surcoreanos viven un promedio de 11 años más que los norcoreanos y son, en promedio, 13 centímetros más altos, debido a la desnutrición por la mala alimentación en Corea del Norte.
Las cifras lo dicen todo. Sin embargo, si quiere ver la diferencia entre el capitalismo y el comunismo, entre Corea del Sur y Corea del Norte, pruebe a buscar imágenes nocturnas de las dos Coreas vistas desde un satélite. Corea del Norte está casi completamente a oscuras mientras que Corea del Sur está completamente iluminada.
Una vez más, la libertad es la mejor amiga del progreso, la paz y la civilización.
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