
Israel y Emiratos Árabes Unidos firmaron un acuerdo de paz que renovó esperanzas para Medio Oriente y para todos los que trabajamos por un mundo con más coexistencia, más fraternidad y más diplomacia como forma de resolver los conflictos.
El acuerdo se anunció esta semana, pero desde hace un tiempo vemos señales que llegan desde el golfo árabe con buenas noticias.
El 4 de febrero de 2019, el papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar, Ahmed al-Tayeb, rubricaron en Abu Dhabi el histórico texto “Fraternidad humana por la paz y la convivencia”. El objetivo fue reafirmar y sellar la hermandad y la convivencia interreligiosa como vínculo universal del hombre, unir a comunidades muchas veces separadas por la religión, la política o el racismo y proteger a la persona en sí, independientemente de su confesión, sexo u origen.
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Entre las consecuencias concretas de esa declaración estuvo el reconocimiento de la comunidad judía para la ocasión. Esto se oficializó en el libro “Celebrando la tolerancia”, en el que se inscriben todas las religiones oficializadas en los Emiratos: bahá‘ís, armenios, budistas, coptos, iglesia evangélica y católicos, hindúes, judíos y otros. Así, los judíos de Dubai pudieron pasar de rezar en una casa a hacerlo en una sinagoga. Hoy se calcula que 2.000 judíos viven en el país del Golfo.
Aquí nos puede parecer lo más normal del mundo, pero la presencia judía en el Medio Oriente, exceptuando a Israel, no hace más que ir desapareciendo. El caso de Yemen, no muy lejos de Dubai, es una muestra: Se calcula que desde el siglo III existe una comunidad judía yemenita. A mitad del siglo XX contaba con unas 50.000 personas, pero hoy se estima que quedan alrededor de 100. Esta realidad es similar en todo Medio Oriente y Norte de África. La prosperidad y perspectivas optimistas de la naciente comunidad judía en Emiratos, sumada al acuerdo de paz de esta semana, es disruptiva y esperanzadora.
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Nadie se levanta un día y empieza a odiar, pero tampoco nadie se levanta un día y es capaz de romper viejos prejuicios que tanto daño han hecho. Son necesarios pasos pequeños, pero firmes.
Hace seis años organizamos un viaje interreligioso a Jerusalem y Ramallah, que terminó con un encuentro con el Papa en Roma. Viajamos 15 judíos, 15 cristianos y 15 musulmanes. En esa ocasión, tuvimos la oportunidad de visitar en su residencia al Presidente del Estado de Israel y Premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, quien nos dijo que “la paz la firman los gobernantes, pero la hacen los pueblos”.
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En una región como el Medio Oriente, donde las religiones tienen un lugar muy especial desde hace miles de años, los líderes deben tener un rol especial en hacer que la fraternidad sea un acto de vecindad, y desarrolle tanta fuerza que sea capaz de romper los prejuicios de las últimas décadas. Paso a paso, pero con una clara dirección, juntos caminando hacia la paz.
Por ello todos quienes trabajamos por el entendimiento entre las religiones y los pueblos no podemos menos que festejar. Soñamos con paz, predicamos paz y hoy vemos otro caso que hizo que sea posible.
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Ojala que este paso inspire y dé valor a otros allá en el Medio Oriente para sentarse en la mesa de negociaciones, y acá en nuestra región, para lograr poco a poco una sociedad con más pluralismo y diversidad, y que la convivencia sea cada día más profunda.
El jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, vicepresidente y primer ministro de Emiratos Árabes Unidos, dijo esta semana: “La historia la escriben los hombres y la paz la hacen los valientes”. Con este acuerdo entre Israel y su país, una vez más esta afirmación ha sido probada.
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El autor es director ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano y comisionado para el diálogo interreligioso del Congreso Judío Mundial
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