
El primer ensayo de un arma nuclear tuvo lugar en julio de 1945 en Nuevo México, Estados Unidos, con un rendimiento de 20 kilotones (equivalente a 19 mil toneladas de TNT). La prueba Trinity, con fin experimental, utilizó como material fisionable plutonio, igual a las bombas lanzadas pocas semanas después en Hiroshima y Nagasaki. El director del laboratorio Alamo, Robert Oppenheimer, confesó haberse ”convertido en muerte, en destructor de mundos”, utilizando la expresión extraída del Bhagavad Gita. El germen de destrucción planetaria iniciado en Alamogordo lamentablemente continúa como una amenaza latente y con un grado de aceleración preocupante.
La etapa posterior de la aparición del arma nuclear estuvo caracterizada por una mutiplicidad de ensayos atmosféricos, bajo el agua y subterráneos. Desde entonces se han efectuado aproximadamente 2500 detonaciones nucleares por parte de Estados Unidos (1059), Unión Soviética (entre 715 y 969), Francia (210), Reino Unido (45), China (45), India (6), Pakistán (6) y Corea del Norte (6). Sudáfrica realizó un ensayo en 1973 y se acogió a un desarme unilateral. Israel sería el único caso que dispone de un arsenal nuclear sin haber realizado una prueba atómica conocida.
Diversos instrumentos multilaterales han intentado poner un freno a este desvarío devastador. El Tratado Antártico y el de Tlatelolco prohíben los ensayos nucleares en los ámbito geográficos de su aplicación. El Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares que prohíbe las pruebas nucleares en la atmósfera, el espacio ultraterrestre y debajo del agua, entró en vigor en 1963. El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT, en su sigla en inglés) se abrió a la firma en 1996 y hasta la fecha no entró en vigor en virtud que una cláusula del instrumento lo supedita a la ratificación de todos los poseedores de armas nucleares. Estados Unidos y China aún no lo han hecho.
A 75 años del ensayo Trinity, Estados Unidos amenaza con volver a realizar pruebas nucleares que había suspendido en 1992. Algunas versiones indicarían que Rusia estaría en una tesitura similar. Difícilmente China escape a la tentación. La reanudación de cualquier ensayo no solo pondría en jaque al Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, sino que aceleraría una ya activa carrera de armamentos nucleares que está dando síntomas de desborde. El argumento que estos ensayos son necesarios para asegurar el rendimiento de la próxima generación de armas nucleares es injustificable. Las polémicas pruebas subcriticas, autorizadas por el CTBT, deberían ser más que suficientes a cualquier modernización de los arsenales aunque estas detonaciones nucleares representan un grave peligro de contaminación, como lo puso en evidencia un incidente en la realizada, en cámara subterránea, por Estados Unidos en febrero del 2019.
Es de esperar que la razón y la diplomacia eviten la reanudación de los ensayos nucleares. También que Estados Unidos y China se incorporen al Tratado de Prohibición Completa a fin que pueda entrar en vigor. El cese absoluto de las pruebas nucleares es el mejor camino hacia un eventual desarme nuclear junto con la prohibición de la producción de material fisionable. El planeta tiene demasiados desafíos post pandemia como para agregar el descontrol de una carrera de ensayos nucleares. Ya el canciller de Rusia, Serguei Lavrov, advirtió recientemente que el mundo va hacia el riesgo de una confrontación nuclear. Es hora de que la comunidad internacional haga oír su voz y ponga freno definitivo a un dislate de consecuencias impredecibles.
El autor fue vicecanciller
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