
El mundo todo ha entrado en una fase recesiva de la actividad económica, caracterizada por una fuerte caída en la producción de bienes y servicios como también en los niveles de empleo. Esta caída en el PBI es más significativa en las naciones industrializadas, como Estados Unidos y los países de Europa, pero también afecta a otros de Asia, como China, India y Japón. En América Latina ya se observa una importante caída en muchos sectores de la actividad económica. Esta merma en la producción y en el empleo es tan importante que ya se comienza a comparar con la Gran Depresión ocurrida entre 1929 y 1932. Son millones las personas que hoy están confinadas en sus hogares, muchas de ellas ya son desempleadas y por eso acuden al apoyo financiero de los gobiernos, proceso que es notorio no solo en nuestro país sino también en muchos otros países, como los Estados Unidos.
Esta recesión global, impulsada por la pandemia del COVID-19, que está azotando a casi todo el mundo, ya es tan importante que las emisiones contaminantes de carácter global y local están disminuyendo, debido a la importante caída en el consumo de petróleo, gas y carbón. Por esta razón, no debe sorprender que, por primera vez en las ultimas décadas, en nuestro planeta se está registrando una importante reducción en estas emisiones contaminantes..
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Esta pandemia comenzó en China, y por eso ya en los primeros meses de este año se registró en este país una reducción del 25 por ciento en las emisiones de CO2. Algo similar viene ocurriendo en Estados Unidos y muchos otros países. Desde ya que esta reducción en las emisiones es meramente coyuntural, ya que cuando se logre controlar esta pandemia, si no se encaran nuevas políticas energéticas y de defensa del medio ambiente, seguiremos acumulando un creciente stock de CO2 rodeando cada vez nuestra Tierra. Recordemos que esta acumulación de CO2 está causando una enorme cantidad de desastres ambientales que vienen afectando de una manera creciente nuestra Tierra (inundaciones, temporales, incendios, sequías).
Este año se caracterizará por su retroceso económico, y debido a esto ya se están preparando en muchos países programas orientados por el Estado para volver a los niveles previos de producción y empleo. Es una oportunidad para implementar también iniciativas de inversión que apunten no solo a superar la recesión sino también a un nuevo escenario energético y ambiental más amigable con nuestra vida en esta Tierra. La humanidad espera que los avances científicos permitan en un futuro no muy lejano implementar medidas precautorias que sean eficaces para controlar esta pandemia. En ese momento, la prioridad ambiental a escala global volverá ser cómo abatir las emisiones contaminantes. También se estimularán medidas macroeconómicas de carácter expansivo, como reducción tributaria y financiamiento preferencial. Será entonces la oportunidad para orientar estas medidas macroeconómicas expansivas, también para apoyar preferentemente aquel financiamiento que contribuya a reducir las emisiones contaminantes y a la disminución del consumo de combustibles fósiles, que deben ser reemplazados por las nuevas energías renovables y por la eficiencia y la conservación energética. Es hora de avanzar hacia una globalización que sirva para cuidar el planeta.
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El autor es miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente
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