
Aquellos que por complicidad o ingenuidad niegan que la dictadura de los Castro esté en disposición y capacidad de espiar, estarán sorprendidos por la reciente información de que descubrieron en España una red de espionaje al servicio de la dictadura insular.
Esto no es nuevo. En 2016, en España, sin remontarnos a un pasado más lejano, otro cubano fue denunciado por pasar informes de inteligencia a oficiales cubanos del ramo, radicados en el consulado de la Isla en Barcelona, lo que ratifica que los diplomáticos cubanos también espían.
El gobierno de La Habana espía todo y a todos. No importa si son amigos, enemigos o simples compañeros de viaje. Sus espías en Venezuela y Nicaragua tienen informado a sus jefes en la Isla de las cosas más insignificantes, incluyendo la vida privada de los funcionarios más encumbrados. El chantaje para los castristas, afirma el escritor José Antonio Albertini, es una herramienta que usan para controlar a toda persona de su interés.
La realidad es que en Cuba no es relevante si los Castro están o no al frente del gobierno. La esencia de ese régimen, el ADN de esa dictadura si tal cosa existiera, está signado por la injerencia en los asuntos de los otros y la agresividad como condición fundamental para la sobrevivencia. Ellos tienen la certeza que dar el primer golpe les asegura, al menos, la sobrevivencia.
El gobierno cubano ejerce el espionaje por varios motivos. Entre ellos, conocer las debilidades de amigos y enemigos, usar para su beneficio los espacios operacionales que le confieren las sociedades democráticas en las que operan, estar al corriente de las actividades de los exiliados y por supuesto, negociar la información que puedan obtener, con el fin de destruir a todos los que no se identifiquen como sus amigos incondicionales.
En la actualidad el exilio nicaragüense y venezolano -también lo fue el boliviano- es objeto de atención de los agentes de la inteligencia castrista, tal y como hacen con el cubano. El régimen insular busca la forma de saber todo lo concerniente a los exiliados y si le fuera conveniente montar una provocación que en alguna medida les beneficie. En este momento España es particularmente importante para Nicolás Maduro, en consecuencia, no es de dudar que el espionaje cubano esté trabajando a su favor, aunque no de gratis.
El régimen de La Habana ha acumulado mucha experiencia en estos menesteres. Aun antes del triunfo de la insurrección, enero de 1959, había creado una red de inteligencia que creció y especializó desde la llegada al poder. Simultáneamente constituyeron grupos de influencia en todo el mundo, particularmente en Estados Unidos, para ayudar al progreso de sus propósitos, incluidos los subversivos.
Cometen un grave error aquellos gobiernos o dirigentes públicos que por simpatías o compromisos ideológicos relajan sus controles de contrainteligencia con La Habana. Los agentes insulares siempre van a estar en función de su gobierno y no alteran sus objetivos.
Por otra parte como se ha repetido infinidad de veces el cuerpo diplomático cubano es parte esencial de los servicios de inteligencia de la isla. Recordemos que en un período de 15 años, 1983-1998, 15 miembros de la misión cubana ante Naciones Unidas fueron expulsados por actividades de espionaje, entre ellos tres que operaban en el marco de la tristemente famosa Red Avispa, capturada en 1998, responsable de la muerte de cuatro personas.
Otra información importante, beneficiosa para esos que no gustan mirar al pasado y dudan de las intenciones de la dictadura, es el caso de Manuel Hevia Cosculluela, quien publicó en Cuba en los 70 el libro Pasaporte 11333, donde confiesa haberse infiltrado en la CIA y haber operado junto al agente estadounidense Dan Mitrione en Uruguay, asesinado por los Tupamaros, un grupo terrorista uruguayo que contó con el pleno respaldo de los Castro.
Por último, aquel decir de Ernesto Guevara en la Asamblea General de Naciones Unidas en 1964, de que “Fusilamientos, sí. Hemos fusilado. Fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”, es válida para ilustrar el compromiso con el espionaje. “El castrismo seguirá espiando y desestabilizando. Su lucha es a muerte”.
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