
Desde la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre pasado se desarrolla en Bolivia el proceso de transición a la democracia en condiciones de extremo peligro y fragilidad porque “cayó el dictador pero no la dictadura”. La presidenta interina Jeanine Añez tiene el mandato de celebrar elecciones libres y limpias a la brevedad, pero se enfrenta a las fuerzas intactas de la dictadura, la oposición funcional no aclarada, el narcotráfico, la intervención externa y la violencia. Una situación crítica que urge analizar y corregir.
El escenario político post dictador muestra a Bolivia en tres grupos: 1.- el de la dictadura con el instrumento político de los cocaleros, el MAS Movimiento al Socialismo, los sindicatos cocaleros y grupos irregulares para generar violencia; 2.- el sistema tradicional de líderes y partidos políticos señalados como funcionales a los casi 14 años del régimen, con la opción aclarar su papel y realizar una defensa efectiva de la transición; 3.- el de los liderazgos cívicos triunfantes por las movilizaciones y resistencia civil que produjeron la renuncia del dictador.
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La composición del gobierno interino se hizo entre los partidos de oposición funcional y los cívicos como lo muestra el gabinete ministerial y las designaciones para gestión de política exterior. Lo que debió ser un “gobierno de unidad nacional para elecciones libres y limpias” se tornó en pocos días en un gobierno dominado por el Movimiento Demócrata Social de Rubén Costas, operado por Oscar Ortiz, con influencia de Jorge Quiroga. La inexperiencia de los líderes cívicos los hizo perder -hasta ahora- toda influencia en la transición, aunque mantienen cuatro ministros con irrelevancia política creciente.
El objeto del gobierno interino es solo elecciones libres y limpias. Para estas nuevas elecciones el gobierno interino escogió erróneamente el camino de revitalizar la Asamblea Legislativa controlada por 2/3 de votos por el MAS, el instrumento político del dictador renunciante, pudiendo haberlo hecho mediante disposiciones del Poder Ejecutivo con el precedente del gobierno interino de Eduardo Rodríguez y con eventual confirmación del Tribunal Constitucional (también bajo control dictatorial). Esto trajo consigo acuerdos del gobierno Añez con el MAS y con Evo Morales, que dan muestras de pactos de impunidad. En lugar de debilitar el sistema dictatorial se ha puesto la transición en sus manos y el poder actual lo operan dictadura/oposición funcional.
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La identificación de los adversarios de la libertad y la democracia en Bolivia siempre estuvo clara. Son la organización criminal instalada por Evo Morales bajo forma política con el partido MAS, la estructura dictatorial que controla todos los poderes del Estado, la intervención externa de Cuba y Venezuela que imponiendo el “castrochavismo” hizo de Bolivia uno de sus satélites, el narcotráfico en el que Evo Morales funda su poder de movilización política y económica que convirtió al país en un “narcoestado”, y la violencia que todos estos pueden desplegar para producir muerte y achacarla al gobierno de turno, usando su ardid de atribuir sus crímenes a sus victimas como lo hicieron en octubre de 2003, en las masacres del Hotel las Américas, el Porvenir y mas.
Las medidas imprescindibles del gobierno de la Presidenta Añez para llegar a elecciones libres y limpias son muy claras e inevitables: 1.- Dirigir sus alianzas políticas al eje de la oposición con los cívicos y no al de las oposición con la dictadura como se presenta ahora. 2.-Avanzar lo mas posible en el desmantelamiento de la dictadura, empezando por la acusación de los delitos cometidos por el dictador y sus cómplices en el proceso electoral y otros crímenes incluyendo el narcotráfico, con la extinción y perdida de la personería del MAS. 3.- Iniciar el desmontaje de la “republiqueta de la cocaína” que Evo Morales tiene intacta en el trópico de Cochabamba, con cooperación internacional que incluye el retorno inmediato de la DEA, reponiendo acuerdos internacionaes que el dictador rompió para construir su narcoestado. 4.- Proceder respecto a Cuba igual que con Venezuela, tratándola como estado agresor y retirando del país los falsos diplomáticos dirigidos por Rafael (el gallo) Zamora que funge como embajador. 5.- Ajustar su política exterior a la tarea específica de obtener reconocimientos a su gobierno en base a la prueba de los crímenes de Evo Morales.
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La aplicación simultánea y efectiva de estas medidas como mínimo, puede frenar la conspiración que con el crimen organizado transnacional ejecuta ahora mismo Evo Morales desde Argentina para recuperar su control sobre su narcoestado.
*El autor es abogado y politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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