La prueba duró 47 minutos y 37 segundos, cubrió una distancia superior a 280 metros y convirtió al sudafricano en la primera persona que superó el arco suspendido de África (video gentileza @thomas_ocr)
Suspendido sobre el vacío, con el río Bloukrans a 216 metros bajo sus pies, el atleta sudafricano Thomas van Tonder se convirtió en la primera persona en cruzar el arco del puente más alto de África utilizando 600 barras de pasamanos. El campeón mundial de carreras de obstáculos (OCR, por sus siglas en inglés) completó la travesía en 47 minutos y 37 segundos, cubriendo más de 280 metros en la instalación de este tipo más extensa jamás construida.
El desafío, se desarrolló bajo el arco del puente Bloukrans, una estructura que conecta las provincias del Cabo Occidental y el Cabo Oriental en la ruta N2 de Sudáfrica, según informó Euronews. El deportista no optó por el camino sencillo —una línea recta sobre la parte superior—, sino que eligió seguir la curvatura natural del arco: una subida pronunciada, una sección plana en la corona y un descenso controlado. “Esto no es algo que sepa que puedo lograr, y por eso es el desafío correcto”, declaró antes de la prueba.
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La subida de 45 grados puso al límite la fuerza de agarre del atleta

La travesía comenzó a las 10:21 de la mañana -hora local- con el tramo más exigente del recorrido. El primer segmento presentaba una inclinación de 45 grados, tan empinada que el sudafricano no podía avanzar de frente: debía girar de espaldas, impulsarse hacia arriba y alcanzar la siguiente barra con cada movimiento. Su frecuencia cardíaca llegó a las 150 pulsaciones por minuto desde el arranque y, apenas cinco minutos después, sus palmas ya acusaban el castigo.
“Simulamos y entrenamos tanto como pudimos, pero nada se compara con el golpeo continuo que esa inclinación ejerce sobre el mismo grupo muscular”, explicó tras completar el recorrido. Cuando empezó a prepararse meses atrás, apenas logró cubrir seis metros en barras inclinadas. Pasó medio año con una estructura montada en la ladera de una montaña, lidiando con tendinitis y piel desgarrada en las palmas.
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El tramo central resultó el más difícil a nivel mental para Van Tonder

Al alcanzar la corona del arco, donde la estructura se aplana, el reto cambió de naturaleza. La fatiga acumulada durante el ascenso dejó al competidor más agotado de lo previsto, y mantener la cadencia se volvió una batalla interna. “Fue la parte mentalmente más dura. Mis manos simplemente no respondían como yo creía que lo harían. Solo mantenerlas cerradas era tremendamente difícil”, reconoció.
Mirar hacia el final del recorrido empeoraba la situación: la meta parecía inalcanzable y los barrotes restantes, interminables. Van Tonder adoptó entonces una estrategia de fragmentación: dividió el trayecto en pequeños objetivos e indicaba por radio a Richard Lievaart, director de seguridad de Vertical Safety Systems (VSS), hacia qué punto se dirigía en cada momento. “No lo hizo más fácil, pero sí más consumible mentalmente”, admitió.
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El descenso exigió frenar la gravedad barra por barra sin perder el control

En la fase final, la gravedad se convirtió en adversaria. El descenso replica en espejo la subida: arranca con pendiente suave y se empina hasta los 45 grados en los últimos metros. Cada barrote amenazaba con arrancarle los dedos si no frenaba a tiempo, y la cinta protectora que envolvía sus dedos se desgastó por completo.
“En los últimos 40 metros fue la primera vez que me permití pensar que realmente podía lograrlo. El resto fue una pelea”, relató el deportista. En los 20 metros finales, una sola idea ocupaba su cabeza: asegurarse de sujetar cada barra sin fallo. “Tenía tanto miedo de que una mano resbalara. Mi cuerpo estaba destrozado”, confesó.
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La proeza también demandó un despliegue técnico considerable. Nada podía atornillarse ni perforarse en la estructura del puente Bloukrans. Lievaart y su equipo instalaron el circuito temporal con cien secciones rectas de celosía curvadas para seguir el arco, 240 correas envueltas alrededor del concreto y barrotes de un metro, todo con dos puntos de seguridad independientes y sin dejar marcas permanentes.
Van Tonder, quien en 2020 estableció un récord Guinness por la escalada más rápida de una cuerda de 50 metros entre las torres de Soweto en Johannesburgo —completándola en tres minutos y 19,68 segundos—, describió la hazaña como la culminación de dos años de planificación. “Acabo de completar uno de mis mayores sueños y objetivos. Terminé lo que empecé”, afirmó al llegar al otro lado.
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