Los envíos de químicos desde China sostienen el programa iraní de misiles balísticos

Los analistas señalan que el régimen de Beijing proveyó insumos de doble uso como perclorato de sodio y amonio, con cargamentos que incluyeron más de 1.000 toneladas y otros de unas 2.000 tras bombardeos de 2025

ARCHIVO: Varias personas pasan junto a un mural que representa al difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, en una calle de Teherán (Reuters)
ARCHIVO: Varias personas pasan junto a un mural que representa al difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, en una calle de Teherán (Reuters)
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La capacidad letal de Irán no se explicaron, para Bradley Bowman y Cameron McMillan, solo por sus propios recursos, sino por el apoyo creciente de China y Rusia. En una columna publicada en The Washington Post, los autores sostuvieron que esa asistencia ayudó al régimen teocrático de Teherán a sostener su influencia, reforzar sus ataques y aumentar su margen de presión en medio de la guerra.

Bowman fue presentado como coautor del libro Axis of Aggressors: Countering the Cooperation of China, Russia, Iran & North Korea y como director senior del Center on Military and Political Power en la Foundation for Defense of Democracies. McMillan fue identificado como analista senior de investigación en esa misma institución.

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Los autores situaron su tesis en un escenario marcado por las exigencias iraníes para reabrir el estrecho de Ormuz y por lo que describieron como un enfoque frenético de Washington hacia el régimen de Teherán. A su juicio, una parte central de esa ecuación fue que China y Rusia reforzaron a Irán de un modo que elevó su poder de daño y su capacidad de negociación.

Si Washington ignoró ese respaldo, advirtieron, el régimen iraní seguiría fortaleciéndose y sería más peligroso. Ese proceso, agregaron, pondría más presión sobre las municiones de Estados Unidos, agravaría los problemas en el estrecho de Ormuz y podría causar más bajas estadounidenses en un conflicto futuro.

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Inteligencia y drones

Bowman y McMillan señalaron que ni China ni Rusia aparecieron cuando Israel y Estados Unidos atacaron en junio de 2025 instalaciones nucleares y militares iraníes, y dejaron a Irán defendiendo solo su territorio. Aun así, afirmaron que el apoyo ruso sí se intensificó cuando Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones militares contra Irán en febrero.

Según su relato, Moscú aumentó entonces su ayuda con apoyo de drones e inteligencia que fortaleció las capacidades ofensivas iraníes. Los autores añadieron que Rusia colaboró con la campaña iraní de ataques con vehículos aéreos no tripulados al compartir tácticas y tecnologías probadas en el campo de batalla de Ucrania.

Para Bowman y McMillan, el uso intensivo de drones por parte de la república islámica contra fuerzas de Estados Unidos y sus socios en Medio Oriente se convirtió en una de las herramientas más eficaces de Teherán durante la guerra. Como prueba, mencionaron que el 1 de marzo un dron iraní impactó un centro de operaciones estadounidense en Kuwait y mató a seis soldados norteamericanos.

También afirmaron que Rusia entregó imágenes satelitales y otras formas de inteligencia para facilitar ataques iraníes contra posiciones militares de Estados Unidos en la región. Esa asistencia, sostuvieron, probablemente mejoró la capacidad de Teherán para apuntar contra fuerzas estadounidenses y activos de alto valor, incluidos radares y centros de mando y control, con drones y misiles balísticos.

Los autores citaron otro episodio para ilustrar ese salto en la capacidad iraní: el 17 de julio, tres soldados estadounidenses murieron en Jordania por un ataque iraní con misil balístico.

China sostuvo el programa iraní de misiles balísticos

El respaldo de China, según Bowman y McMillan, no fue pasivo ni marginal. Los autores afirmaron que Beijing llevaba mucho tiempo suministrando a Teherán apoyo de doble uso, es decir, insumos y tecnologías que pueden tener aplicación civil y militar.

ARCHIVO: Un cartel con una imagen del presidente de EEUU, Donald Trump, junto a un sistema de misiles iraní en la plaza Azadi de Teherán, Irán, el 30 de julio de 2026 (Reuters)
ARCHIVO: Un cartel con una imagen del presidente de EEUU, Donald Trump, junto a un sistema de misiles iraní en la plaza Azadi de Teherán, Irán, el 30 de julio de 2026 (Reuters)

A su juicio, esa ayuda se vio con especial claridad en el programa iraní de misiles balísticos. Explicaron que China suministró a Irán productos químicos como el perclorato de sodio, que puede utilizarse para producir perclorato de amonio.

Ese segundo compuesto, remarcaron, está controlado por el Régimen de Control de Tecnología de Misiles, un acuerdo multinacional orientado a limitar la proliferación de misiles. También recordaron que el perclorato de amonio puede usarse en motores cohete de combustible sólido, que impulsan la mayoría de los misiles balísticos.

Los envíos chinos se mantuvieron constantes

Los autores describieron una secuencia continua de entregas. Indicaron que en enero de 2025 dos buques de carga iraníes partieron desde China con más de 1.000 toneladas de perclorato de sodio.

Añadieron que para junio de 2025 Teherán había realizado un nuevo pedido de perclorato de amonio a través de una sociedad de cartera con sede en Hong Kong. Esa continuidad, según los autores, mostró que la cadena de abastecimiento no fue un hecho aislado.

También recordaron que el 29 de abril de 2025 el Departamento del Tesoro sancionó a entidades iraníes y chinas por suministrar ingredientes de combustible para misiles al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Según la formulación citada por los autores, esa red “facilitó la adquisición de perclorato de sodio” desde China hacia Irán.

El apoyo chino siguió después de los ataques de junio

Para los autores, la asistencia no se interrumpió tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán en junio de 2025. Con base en fuentes de inteligencia europeas, afirmaron que China envió unas 2.000 toneladas de perclorato de sodio en varios cargamentos que empezaron a llegar el 29 de septiembre del año pasado, mientras Teherán intentaba reconstituir sus reservas de misiles balísticos.

Bowman y McMillan sostuvieron que incluso durante la guerra de este año los envíos químicos chinos parecieron continuar. Como respaldo, mencionaron datos de seguimiento marítimo según los cuales dos barcos sospechados de transportar perclorato de sodio llegaron a Irán en marzo.

Beijing también aportó vigilancia

Los autores ampliaron el alcance del apoyo chino más allá de la producción de misiles. Afirmaron que la ayuda de Beijing a la capacidad iraní para amenazar a la región también incluyó vigilancia.

Según Bowman y McMillan, en 2024 la Guardia Revolucionaria adquirió un satélite de vigilancia chino que había sido lanzado previamente por China. Añadieron que Teherán lo habría utilizado para apuntar contra fuerzas de Estados Unidos.

Bowman y McMillan advirtieron que una reacción débil de Washington invitaría a más ayuda para Irán mientras intenta reconstruir su arsenal y su base industrial de defensa. Entre las posibilidades, mencionaron la entrega de cientos de sistemas portátiles de defensa aérea QW-12 y FN-16 de fabricación china.

Su planteo fue que el objetivo debía ser castigar, bloquear y disuadir a China y Rusia de seguir apuntalando a Irán. Desde esa lógica, propusieron una serie de medidas concretas para Estados Unidos y sus aliados.

Pidieron aumentar el apoyo de inteligencia y municiones para ataques ofensivos ucranianos. También reclamaron imponer sanciones a Beijing si proporcionaba a Irán sistemas de armas o componentes militares de peso.

Los autores sumaron otra exigencia: que Estados Unidos y sus aliados intercepten los cargamentos químicos chinos que fortalecen el programa iraní de misiles balísticos. Finalmente, sostuvieron que el Congreso debería exigir un informe anual de la comunidad de inteligencia sobre el apoyo chino de doble uso a Irán y compartir esa información con los socios de Estados Unidos.

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