
En una nueva escalada en el Golfo Pérsico, Irán abrió fuego este miércoles contra tres buques en el estrecho de Ormuz e incautó al menos dos de ellos, en un episodio que volvió a tensionar una de las rutas marítimas más sensibles del mundo.
Según informaron medios iraníes, la Guardia Revolucionaria —el cuerpo paramilitar de élite del régimen— interceptó y tomó control de los portacontenedores MSC Francesca, con bandera panameña, y Epaminondas, con bandera liberiana, mientras transitaban por el estrecho. Ambas embarcaciones habrían sido escoltadas hacia aguas iraníes tras el operativo.
Un tercer buque, identificado como Euphoria, también fue atacado y habría quedado “varado” cerca de la costa iraní, aunque las autoridades no ofrecieron mayores precisiones sobre su estado.
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El MSC Francesca es un buque portacontenedores identificado con el número IMO (Organización Marítima Internacional) 9401116 y el MMSI (Identidad de servicio móvil marítimo) 370993000. Navega bajo bandera de Panamá, porta un transpondedor AIS de clase A y está clasificado como un buque de carga con riesgo mayor (Hazard A), específicamente diseñado para el transporte de contenedores.
La eslora total del Francesca es de 363,57 metros y su manga es de 45,66 metros. Se trata de una embarcación dedicada al tráfico internacional de mercancías, que según la información de Marine Traffic cumple con los estándares de seguridad y operación exigidos para este tipo de navíos.
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El Epaminondas tiene número IMO 9153862 y MMSI 636020350. Navega bajo bandera de Liberia y está equipado con un transpondedor similar al del Francesca, y tiene las mismas funciones: es un buque de carga con riesgo Hazard A, clasificado como portacontenedores.
Tiene una eslora de 299,9 metros y una manga de 42,8 metros, según datos de Marine Traffic, con los requisitos de todos los buques de este tipo.
Cese del fuego
El incidente se produjo apenas un día después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara la extensión indefinida del alto el fuego, al tiempo que mantenía el bloqueo naval sobre los puertos iraníes. En ese marco, la ofensiva en el estrecho —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial en tiempos de paz— introduce nuevas dudas sobre la viabilidad de las negociaciones.
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La agencia semioficial Tasnim señaló que la Guardia Revolucionaria justificó la incautación al acusar a los buques de operar sin permisos y de manipular sus sistemas de navegación. Además, advirtió que cualquier alteración del orden en la vía marítima será considerada una “línea roja”.
Desde el Reino Unido, el centro de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO) confirmó los ataques y detalló que una lancha cañonera abrió fuego contra uno de los buques, provocando “graves daños” en el puente de mando. Horas después, otra embarcación fue atacada, aunque sin reportes de víctimas.

El Epaminondas, operado por una compañía griega, había reportado previamente impactos de disparos y granadas propulsadas por cohete a unas 15 millas náuticas al noroeste de Omán. Según fuentes marítimas, la nave cuenta con una tripulación de 21 personas, entre ucranianos y filipinos.
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El episodio se inscribe en una secuencia más amplia de ataques a la navegación comercial en Oriente Medio. Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán, se registraron más de 30 incidentes contra buques en la región. Antes de ese punto de inflexión, el estrecho de Ormuz permanecía abierto al tráfico internacional sin restricciones.
El impacto ya se siente más allá del plano militar. La interrupción parcial del tránsito marítimo elevó los precios de la energía y comenzó a trasladarse a otros sectores, encareciendo alimentos y bienes básicos. El comisario de Energía de la Unión Europea, Dan Jørgensen, advirtió que el costo de la crisis ronda los 500 millones de euros diarios para el bloque, y alertó sobre efectos duraderos para consumidores y empresas.
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En ese escenario, el estrecho de Ormuz vuelve a ocupar el centro de la disputa. La combinación entre el bloqueo impulsado por Washington y las acciones iraníes sobre buques comerciales configura un pulso directo sobre una arteria clave del comercio global, cuyo cierre prolongado podría amplificar el impacto económico a escala mundial.
Mientras las negociaciones siguen sin un horizonte claro, los movimientos en el mar —disparos, abordajes y rutas interrumpidas— marcan el ritmo de una crisis que ya desbordó el terreno diplomático.
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