
Las autoridades iraníes han ofrecido a las familias de manifestantes encarcelados una alternativa inquietante: demostrar lealtad pública al régimen o poner en peligro la vida de sus seres queridos. Según la organización Bazdasht Shodegan, compuesta por antiguos prisioneros iraníes, los contactos provinieron del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y del Ministerio de Inteligencia. El mensaje fue concreto: asistir a las marchas convocadas para conmemorar el cuadragésimo séptimo aniversario de la Revolución Islámica, grabar videos que acrediten la participación y enviarlos a los servicios de seguridad. De acuerdo con Bazdasht Shodegan, la medida representa “un ciclo completo de tortura mental y física”.
Diversas agrupaciones de derechos humanos han documentado que más de 12.000 personas fueron detenidas durante las protestas anti-gubernamentales de enero. El patrón de presión sobre familiares no es nuevo en la historia del régimen iraní, donde se han empleado prácticas similares para disuadir la disidencia. Las recientes comunicaciones advierten que la liberación o reducción de sentencias —incluidas posibles condenas a muerte— dependerán de la participación activa y visible de los familiares en los actos organizados por el Estado.
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Además del requerimiento presencial, los familiares recibieron instrucciones explícitas para que los videos enviados a las autoridades evidenciaran “lealtad” al régimen. Estos materiales, junto a declaraciones públicas de figuras reconocidas retractándose de su apoyo a las protestas, son exhibidos como trofeos por el gobierno. Se trata, según los activistas, de una estrategia para humillar e intimidar a la sociedad, buscando desalentar futuros movimientos opositores.
Uno de los casos más visibles es el del empresario Mohamed Saedinia, propietario de una cadena de confiterías y cafés populares en Teherán. Saedinia había manifestado su respaldo a la protesta cerrando sus negocios y expresándolo en redes sociales. Tras su detención y la de su hijo, las autoridades advirtieron que se enfrentarían a la confiscación de bienes si eran condenados por apoyar a los manifestantes. Esta semana, la agencia semioficial Fars difundió una declaración atribuida a Saedinia en la que se disculpaba públicamente y anunciaba su participación en la marcha oficial, declarando: “Mostraremos nuestra obediencia a nuestro amado líder y nuestro rechazo a la criminal América”.
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La presión sobre los familiares y la exhibición de retractaciones públicas refuerzan el mensaje del régimen iraní: cualquier desafío será respondido con medidas que trascienden lo judicial y alcanzan la esfera personal y comunitaria.
EEUU activará una segunda fase “dura” para Irán si no hay acuerdo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este jueves que, de no concretarse un acuerdo nuclear con Irán, su gobierno activará una “segunda fase” que calificó como “muy dura” para Teherán. En una rueda de prensa celebrada tras su reunión en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, Trump aseguró que no discutió con el mandatario israelí la posible suspensión del diálogo con Irán sobre su programa nuclear.
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El mandatario estadounidense explicó que mantiene abierta la opción de diálogo con las autoridades iraníes y manifestó: “Hablaré con ellos todo lo que quiera, y veremos si podemos llegar a un acuerdo. Y si no podemos, tendremos que pasar a la fase dos. La fase dos será muy dura para ellos”. Trump subrayó que considera imprescindible alcanzar un pacto nuclear con Irán, señalando que la alternativa sería “muy traumática” para ese país. Según el presidente, la responsabilidad de evitar esa situación recae en Teherán, al que reprochó no haber aceptado antes un acuerdo y recordó la denominada “Operación Martillo de Medianoche”, mediante la cual Estados Unidos bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes.
Durante la comparecencia, Trump destacó que la decisión final sobre el futuro de las negociaciones depende de su criterio y afirmó que, aunque Netanyahu comprende la posición estadounidense, “en última instancia, depende de mí si el acuerdo es justo”.
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Las negociaciones para un nuevo acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán se reanudaron la semana pasada, en el primer encuentro tras la guerra de doce días registrada en junio del año anterior entre Irán e Israel, conflicto en el que Washington participó con bombardeos sobre instalaciones nucleares en territorio iraní. Israel mantiene su exigencia de que Irán limite no solo el enriquecimiento de uranio, sino también su programa de misiles balísticos y el apoyo a milicias en la región. Por su parte, Teherán rechaza tales condiciones y ha respondido que únicamente aceptará ciertas restricciones a su programa nuclear a cambio de un alivio de las sanciones internacionales.
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